¡SI NO ME ESCUCHAS A MI, ESCUCHA A MIS PROFETAS!

 

Conozco gente que cada día reza en el Padre nuestro “Hágase tu voluntad”, sin embargo, cuando Dios les dice o muestra su voluntad actúan como Israel diciendo: “No quiero volver a escuchar la voz de Dios”. Es contradictorio porque con la boca decimos quiero y con la vida nos negamos a escucharla y cuando la escuchamos nos negamos a realizarla. La primera lectura enseña que para hacer la voluntad de Dios es necesario escucharle a Él o dejarnos acompañar por “un profeta” de Dios. Nos dice: Suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande. Es en definitiva el ministerio del acompañante espiritual, que antes se llamaba director espiritual y que renovando el término, pues no es sano “dirigir” suplantando la capacidad de discernir, elegir y decidir de la persona, sino se trata de acompañar. Ir al lado, siendo testigo del proceso, advirtiendo, animando, sosteniendo, caminando junto al hermano. ¡Cuánta necesidad hay de profetas que acompañen al pueblo en el discernimiento de la voluntad de Dios!. ¡Cuánta de personas dispuestas a buscar la voluntad de Dios y de dejarse acompañar por un hermano idóneo para eso!. Acompañar que es similar a la labor de una partera. Que está cerca a la mujer en un momento de vulnerabilidad, hay una relación de confianza, de respeto mutuo, la partera ayuda a que se conozca, la partera ve claramente aquello que la parturienta no alcanza todavía ver, se encarga de esperar y trabajar desde fuera. Observa y desde su experiencia ve y actúa, pero nunca parirá en lugar de la mujer que tiene en frente.  Es esa la labor del profeta del que hablamos hoy y que se nos propone a nosotros ser. Ayudar a descubrir la verdad y a que la persona afronte con honradez y valentía su realidad y así superar temores y obstáculos para seguir mejor a Jesús de Nazaret. También iluminar y ayudar a discernir, para descubrir el deseo profundo de cada uno, el  de Dios y lograr esa comunión de voluntades.

También dice el Señor que “El profeta que tenga la arrogancia de decir en su nombre lo que él no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá”.». ¡Qué delicada esta labor!, ¡Qué delicado buscar la ayuda en la persona idónea y preparada!, ¡Qué importante no adueñarnos del don de “consejeros” pues podemos hacer mucho mal al otro y a nosotros mismos!. Recurramos al “profeta  acompañante” para comprender y discernir la propia vocación y estado de vida como lo dice la segunda lectura: El estado del soltero y del casado y la manera de servir a Dios y a los hermanos. Lo mismo que para actuar, como Jesús lo hacía, al encontrarse con poseídos por espíritus inmundos y así liberar a quien está oprimido por el mal desde la autoridad que da ser oídos y voz de Dios para los hermanos.

 

REFLEXIÓN: ¿Buscas escuchar a Dios en su Palabra y conocer su voluntad?, ¿Vives la voluntad de Dios cuando la conoces?, ¿Escuchas a Dios en la persona del “profeta acompañante espiritual?

 

SUMARIO:  Enseña con autoridad y a hasta los espíritus inmundos manda y le obedecen