Y EL ESPÍRITU EMPUJÓ A JESÚS AL DESIERTO

 

Algo que nos identifica hoy con Jesús es la experiencia de vivir en medio de un desierto, o sentirnos en medio de un desierto y atacados por tentaciones que ofrecen resolvernos lo básico, que en definitiva es lo que vamos necesitando con urgencia en nuestro día a día, sentimos hambre, quisiéramos tener y poseer, y nos gustaría controlar y tener poder. El mal espíritu como le llama San Ignacio de Loyola, conoce nuestra flaqueza y necesidad y como es el padre de la mentira intenta confundirnos, haciéndonos creer que algo es aquello que no es realmente, o nos muestra caminos fáciles para alcanzarlos, hacer ver como bueno aquello que no lo es o que nos aparta de lo mejor, se aprovecha de nuestros momentos de crisis, sequedad y aridez espiritual, afectiva, moral, física, y nos ataca para hacernos caer y perder lo poco o mucho que hemos recorrido. Jesús va al desierto y allí saborea la tentación propia de cada ser humano, de cada persona. Jesús se expone, se arriesga y se permite vivir la tensión del tentador aprovechándose de la fragilidad humana. Como ya decía se aprovecha del hambre, la soledad, el no poseer, el ser ignorado, es el  terreno propicio para el demonio  proponer Riquezas, honores y placeres y como persona, como  hombre, como humano, Jesús  supo definirse y defenderse. Jesús en el desierto se solidariza en verdad con la lucha diaria que sostenemos quienes creemos y queremos hacer las cosas bien, y también con aquellos que viven doblegados al tentador. Haciendo entonces del desierto una escuela para fortalecer la voluntad, crecer en confianza y en discernimiento de qué es lo que me conviene y a qué he de renunciar. La humanización de Jesús no es un disfraz, ni una apariencia, en su piel, en su carne humana siente y experimenta el acoso del tentador de manera que puede ser para el pueblo un Dios compasivo y misericordioso porque ha sido tentado, como lo dice la carta a los Hebreos hablando de Cristo como sumo sacerdote. Jesús probado en todo, conoce la debilidad humana, sufrimientos pesares y necesidades, pero también conoce que hay maneras de vencer y salir victorioso frente al maligno. Esa manera la encontramos en el salmo responsorial: Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. La intención de Jesús es hacer del desierto escuela de vida, no una escuela para luchar sino una escuela para vencer, por eso nos ofrece esencialmente su ternura y su misericordia que son eternas. Quiere enseñarnos el camino a los pecadores; y hacernos caminar en humildad y rectitud.

Que podamos aprender de cada situación de crisis y de desierto, y que salgamos vencedores y fortalecidos para seguir asumiendo la sequedad de la vida desde Dios y su verdad y no desde el mal y la mentira.

 

SUMARIO: Y SE QUEDÓ EN EL DESIERTO CUARENTA DÍAS, DEJÁNDOSE TENTAR POR SATANÁS

 

REFLEXION: ¿Qué situaciones identificas como un desierto en tu realidad actual?, ¿Qué tentaciones se dan en medio de esa realidad que vives como desierto?, ¿Cómo luchas para vencer?