Y LO TOCÓ, DICIENDO: «QUIERO: QUEDA LIMPIO»

 

Movido por Palabra que nos presenta el caso de la lepra y su sanación, investigue los síntomas de la enfermedad. Decía: aparecen lesiones en la piel que van deformando, la bacteria afecta los nervios produciendo daño neurológico, ocasiona pérdida de la sensibilidad en la piel y debilidad muscular. Al perder la capacidad de percibir el dolor, el frío o el calor, los enfermos pueden herirse o quemarse pues están realmente insensibles. Los rasgos se transforman y a causa de las úlceras en la piel, el desagradable aspecto físico y el olor producto de las llagas, se da un aislamiento y el rechazo social. Revisando nuestra vida quizás encontramos síntomas, no en lo físico, pero si en lo espiritual, en lo afectivo, en lo moral. Vamos por la vida, con lesiones, con heridas que van deformando nuestros criterios de actuación. Hay realidades vividas, permisividades y relativismos, que nos van haciendo insensibles ante nosotros mismos y ante los demás, llegando a hacernos daño, a dejar dañarnos y a dañar a otros por insensibilidad. Hay situaciones que nos aíslan, que nos encierran, que nos acorazan y que hacen también que nos rechacen, juzguen, nos dejen de lado. En definitiva en mayor o menos medida tenemos lepra.

Orando en un retiro me sentía leproso, enfermo, indigno, con una historia herida, viviendo en la insensibilidad, aislado, corrompido, incompleto. Y leyendo el evangelio de hoy le dije: “Señor si quieres puedes limpiarme, y Jesús extendió su mano me toco y dijo: quiero queda limpio”. Señor por mi y por el resto de tus hijos te pido que me limpies, y cuando levanté la mirada me quedé viendo un Cristo Crucificado de barro, color ocre, no pulido y encontré que Cristo en su entrega me había tocado y que se había contagiado para liberarme y me decía: te quiero, estás limpio.  Ese momento me transformó, sentir la fuerza de la Palabra, la voz de Dios, el abrazo de Cristo, eso marcó mi historia. No sabía qué hacer, temía contar lo que había vivido pero necesitaba hacerlo y entonces conté todo a quien acompañaba el retiro, le mostré la lepra de mi corazón y ella me dijo: “Dios es capaz de curarte,  pues lo más profundo de ti, que es tu ser Hijo de Dios, eso no lo ha alcanzado ninguna lepra, eso está intacto, Él puede sanarte”, y me dijo lo de Jesús: “ve preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés”. Yo entendí que necesitaba la absolución sacramental y me confesé, encontré tanto amor y me sentí nuevo. Comprendí  que Dios no solo busca perdonar sino transformar, Toda historia la hace nueva. Y cumple el salmo: “Feliz el que es absuelto de su culpa. Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa» y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. Alégrense y gocen con el Señor; aclámenlo los de corazón nuevo.

 

REFLEXIÓN: ¿Reconoces síntomas que reflejan la necesidad de sanación por parte de Dios en tu vida?, ¿Desde cuándo no te acercas a la confesión para recibir el perdón y quedar sano?

 

SUMARIO: Y suplicándole de rodillas le dijo: «Señor si quieres, puedes limpiarme»