ESTABAN ENCERRADOS POR MIEDO Y DIJO: LA PAZ

 

Hay actitudes que caracterizan la comunidad de Jesús después de la resurrección. La Paz que Él les da, la fe en Él y la caridad y perdón con todos. Jesús se aparece en medio de ellos y más que un saludo por costumbre o cultura, les dice La Paz con ustedes, conoce que su corazón aún está en guerra, que hay una tormenta de miedos y pensamientos que perturban su tranquilidad. Sabe muy bien que Él ha resucitado pero que ellos siguen viviendo bajo el peligro y la amenaza de los judíos que no le creyeron. Efectivamente están encerrados en una casa por miedo, así lo narra el evangelio, cerrados en sí mismos, por miedo a la muerte, la persecución, miedo a revivir tanto dolor y drama de las últimas horas. Los últimos días fueron duros, y ellos no quieren revivirlos, de tanta frustración y fracaso se han metido en su caparazón. “Jesús se acercó se puso en medio y les dijo: «Paz a ustedes.» Y, les enseñó las manos y el costado. Ellos se llenaron de alegría al verlo. Jesús repitió: Paz a ustedes”. Si Él que fue el afectado directo viene lleno de paz, y muestra sus heridas sanadas y resucitadas, no hay nada que temer. Hay que dejarse llenar de paz y alegría, porque no hay heridas que el amor no pueda curar. Jesús tenía motivos para regresar en guerra, pero vuelve en paz, para odiar, matar y destruir, pero viene hablando de perdón. Las circunstancias no le hacen perder el objetivo, el dolor no le hace perder el horizonte y el para que de su vida. Ha sido enviado por el Padre para amar y Él es fiel a esa misión y les recuerda que ellos tienen la misma. “Como el Padre me ha enviado, así los envío yo. Y exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos.». No es un Dios de venganza sino de perdón, de caridad. Dice San Juan, todo el que ama ha nacido de Dios. Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él. La resurrección se manifiesta en un nuevo nacimiento de la fe y la caridad en los creyentes, así lo expresa el libro de los hechos. “En el grupo de los creyentes tenían un solo sentir: lo tenían todo en común y nadie llamaba propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían traían y distribuían según lo que necesitaba cada uno”. Es hora de hacer vida nuestra estas actitudes, la paz, la fe, la caridad y el perdón. Dejar hacer presente a Jesús en nuestro encierro para que nos mueva a vivir eso que tanto nos cuesta en las dificultades que pasamos, seguir creyendo, estar en paz, amar, compartir, y perdonar a quienes nos hacen daño. Solo Él puede hacerlo en nosotros.

 

SUMARIO: Es el Señor quien lo ha hecho,  ha sido un milagro patente.

 

REFLEXIÓN:

¿En qué encierro te sientes aún después de vivir la resurrección de Jesús?, ¿Qué miedos, guerra, egoísmos, odios aun sientes en tu corazón?, ¿Qué heridas tienes por sanar?