PASO HACIENDO EL BIEN Y CURANDO LOS OPRIMIDOS

 

Nos encontramos con el fin y el inicio de una etapa de la vida de Jesús. Todos hablan de Juan que predica la conversión y bautiza en el Jordán. Él anuncia que el Mesías está cerca, que el Reino se acerca y Jesús se acerca a esto que está siendo predicado y que está movilizando al pueblo.

Jesús se dirige a las aguas del Jordán, al inicio de su vida pública, se dirige a contestar tantas preguntas suyas y de tantos que ya no esperan, de tantos que ya no se preguntan. Baja al Jordán y en el Jordán observa el motivo de su humanización de cerca: La humanidad herida. La enorme fila de pecadores da confirmación a Jesús de su misión con más claridad. Allí ladrones, prostitutas, impuros, leprosos, infieles, asesinos, endemoniados, todos en la fila para confesar su pecado y recibir el agua que perdonaba y preparaba para recibir al que venía. Entraban al agua y en público decían su pecado, su sufrimiento. A un lado del Jordán estaban los fariseos haciendo Juicios, criticas y anclados en el pesado pasado. En el centro del rio Juan y cada pecador, acercándose al perdón y renovando la esperanza. Al otro lado la enorme fila de personas y entre ellos Jesús. El seguramente desde aquella colina que divisaba el Jordán, sintió compasión porque estaban como ovejas sin pastor. Jesús escuchó, vio, sintió aquel día el dolor de su pueblo de manera directa. Y seguramente recordó la lectura del Éxodo: “He visto la aflicción de mi pueblo, he visto como los oprimen, he escuchado su clamor. Por eso ve yo te envío”. Jesús entra en las aguas del Jordán y las purifica, se deja mojar con la misma agua que a los rechazados, excluidos y abandonados. Él ve que conviene por amor pasar por pecador, para acercarse por amor a ellos.  Y recibe allí con mucha más fuerza de parte del Padre una mirada compasiva, un corazón misericordioso. Juan anuncia un Bautismo de conversión, Jesús convierte, Juan predicaba que ya estaba cerca el Reino, Jesús es el Reino, Juan Bautiza, Jesús reconoce su misión: Cambiar vidas.  Ha llegado el momento de hacer resonar con fuerza la voz del Padre que dice: “Este es mi hijo amado”, también quiere decirlo de cada uno de nosotros y por nosotros quiere hacer llegar ese amor a todos.

Pedro en su carta hace referencia a aquello que “comenzó en Galilea, después del bautismo que predicó Juan”. Y dice: “Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él”. Esto es lo mismo que ha de decirse de todos los bautizados, todos ungidos con la fuerza del Espíritu. Es lo que se nos pide y confía, “Pasar haciendo el bien” en medio del mundo, curar, liberar, y hacer presente a nuestro Dios en todas las realidades de la vida, y anunciar que él, está con nosotros.

 

REFLEXION:

¿Vives de manera plena tu bautismo?, ¿Conoces tu misión de bautizado?, ¿Cómo Hijo de Dios, pasas haciendo el bien y haciendo presente a Dios en medio de tus realidades cotidianas?

 

SUMARIO: La voz del Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente.