ÉL CURÓ A MUCHOS ENFERMOS Y EXPULSÓ LOS DEMONIOS

 

Hay situaciones en las que el corazón y la vida grita lo del libro de Job. “Mi herencia son meses vacios, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas en mi cama. Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza”, eso en todos los tiempos. El evangelio está minado de momentos de restauración, de levantar a la persona, de sanarla, Galilea se ha convertido en la ciudad de la sanación, del milagro, del perdón y la liberación. Jesús ha escuchado del Padre: Quiero que sanes a tus hermanos, quiero que cures la raíz del mal, que seas el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Quiero que lo hagas con tu vida, tu palabra, tus manos, tus gestos, todo tu ser.

Jesús a su paso tiene una misión, que ha de llegar a todos: transformar vidas, reconstruir historias, sanar las heridas, sanar física, espiritual y psicológicamente. Jesús No es un milagrero, no es un curandero, es un reconstructor de  vidas desde dentro y si para ello es necesario curar la enfermedad física lo hace, pero sobretodo busca sanar el corazón, sanar la conciencia. Es por esto que une el perdón y la sanación, su misericordia es sanación y salvación. Hay heridas que no sangran, hay dolores más fuertes que los físicos, hay sufrimientos que matan, hay situaciones en el transcurso de la vida que dejan huellas que no las cura la ciencia, o mejor dicho solo la ciencia. Normalmente las heridas son por falta de amor del que hiere y del herido. Jesús descubre en el camino que necesita sanar los cuerpos pero también el afecto de los que se acercan, que necesita liberarles y no ser un peso que ahoga y oprime.  Jesús con la Suegra de Pedro y con todos los que se acercaban es el buen samaritano con el hombre caído, golpeado, herido, abandonado, con el se compromete. Jesús cuando explica esta parábola estaba hablando de su vida.  Cuántos caídos, heridos, sordos, ciegos, endemoniados, paralíticos, tullidos, presos interiormente, esclavos, viciosos y Jesús no pasa de largo, y los sana y los salva, y los perdona, y los ama. No lo curo con ungüento ni con hierbas sino con la Palabra de Dios que todo lo cura, con su amor, con su perdón.

Jesús comprende y vive el encargo de mirar con los ojos del Padre y amar con su corazón lleno de amor incondicional y desde ahí sanar, sin instalarse en un solo lugar sino yendo a todos los pueblos.  Está convencido que no hay manera de curarse ni de curar si no es desde esa mirada y ese corazón de Dios volcado sobre la miseria humana. Ese mismo encargo se nos da hoy, dejarnos sanar y sanar, dejarnos levantar y levantar. Pablo lo expresa con una urgencia apremiante: ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!. Comprende que muchas felicidades dependen de que él asuma o no esa misión encomendada.

 

REFLEXION ¿En qué sirve para ti esta misión sanadora de Jesús? ¿Qué sientes que Dios quiere sanar en tu vida?.  ¿De qué manera puedes vivir tú esta misión de Misericordia y sanación?

 

SUMARIO El Señor reconstruye. Sana los corazones destrozados, venda sus heridas.