¡RESUCITÓ DE VERAS MI AMOR Y MI ESPERANZA!

 

Dice la secuencia de Pascua: Lucharon vida y muerte en singular batalla, y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta. Eso es lo que celebramos, que con la luz de Cristo y el solemne pregón, se rompió el silencio en la vigilia pascual, e inició un tiempo de gozo, que nos hace estallar de alegría, aún en medio de las evidencias que gritan lo contrario: pues Cristo vive, y “Resucitó de veras mi Amor y mi Esperanza”. En el horizonte de la resurrección brota la alegría de Dios que no quiere que ninguna esclavitud tenga poder sobre nosotros. La fe en la Resurrección brota de la experiencia de verle vivo, presente, cercano. El mundo en que vivimos parece con frecuencia muy lejos de lo que la fe nos asegura; las experiencias del mal y del sufrimiento, de las injusticias y de la muerte parecen contradecir la Buena Nueva, y pueden estremecer la fe”, sin embargo, Él ha vencido. Escribía el sacerdote J.L. Martín Descalzo: “¿Cómo podemos pensar en Cristo sin que el corazón nos estalle?. La fe tiene que ser un terremoto, no una siesta; un volcán, no una rutina; una herida, no una costra; una pasión, no un puro asentimiento”. Hemos de pedir que podamos experimentar ese gozo, incluso en medio de las persecuciones, y dificultades, del hambre, del peligro, de los poderes sobrenaturales de las tinieblas, como decía S. Pablo, y tener la certeza de que Él está pasando haciendo el bien y que aunque en el mundo tenemos tribulación, Él nos dice: ¡ánimo! yo he vencido al mundo”.

Solo Él puede hacer posible que vivamos en medio de las dificultades, con la paz que da la fe en su Palabra. ¡Cuántas veces creemos más en las dificultades y en los que las provocan que en Jesús y en su fuerza! Y él no se cansa de salir al encuentro como a los primeros discípulos dándonos muchos signos de que vive.

Hoy se hace presente sobre todo en esos momentos de adversidad en los que en lugar de dejarnos vencer por la impotencia, hemos de apoyarnos en la fuerza de su amor y como oraba Don H. Cámara: “Si un día Señor, Tú mismo permites que el odio me salpique, y me prepare trampas, y falsee mis intenciones, y las desfigure; que la mirada de tu Hijo vaya repartiendo serenidad y amor a través de mis ojos… por mucho que mi paso vacile, haz que mi mirada, tranquila e iluminada, sea un testimonio viviente de que te llevo conmigo, de que estoy en paz… que mi mirada les recuerde a todos que no hay nadie que cuente con la fuerza suficiente para arrancarme de Ti”.

Señor, has vencido todo mal y toda muerte; tu vida y amor son más fuertes que toda realidad por evidentes y fuertes que parezcan, que podamos creer que tu vences también el sin sentido para vivir, el mal, las cargas, las muertes. Auméntanos la  fe para seamos testigos de que con tu Resurrección has vencido y sigues venciendo aunque no parezca.

 

SUMARIO:

El pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal.

 

PARA LA REFLEXIÓN:

¿Sientes que en tus dificultades, muertes, pecados y debilidades,  El Señor vence y Resucita y con Él la esperanza, o vives como quien se da por vencido y ya nada espera?