Homilía con ocasión de la Primera Peregrinación Virtual al Santuario de la Divina

por | Ene 15, 2021 | Homilias, Nota Pastoral | 0 Comentarios

HOMILIA CON OCASIÓN DE LA PEREGRINACION VIRTUAL
AL SANTUARIO DE LA DIVINA PASTORA
BARQUISIMETO 14 DE ENERO DE 2021

Queridos hermanos; la misericordia y el amor de Dios que en Cristo se hizo visible llegue a todos los hogares que en cada rincón de Barquisimeto, el Estado Lara, Venezuela y el mundo, están unidos a nosotros en esta celebración eucarística en honor de nuestra Madre la Divina Pastora de las almas a través de los distintos medios de comunicación y redes sociales.
En un día atípico, en un momento atípico para la humanidad de nuestro tiempo, estamos esta mañana unidos en una sola alma, en un solo corazón y en una única fe en el Dios del amor, a los pies de esta venerada y amada imagen que nos recuerda el perenne cuidado con el que la Madre del Señor nos arropa y a quien hoy recurrimos e invocamos como Madre de la Misericordia, de la Esperanza y el Consuelo.

Ninguno de nosotros imaginaba hace un año, cuando los alrededores de este templo y toda la ciudad de Barquisimeto eran un pulular de millones de personas, que en una fecha tan significativa para el pueblo larense como es esta, nos tocaría ver estos espacios casi completamente vacíos. Hace un año, para nosotros el Covid 19 era algo lejano que incluso se anunciaba como un virus que no tenía posibilidad de sobrevivencia en un país como el nuestro mayormente de elevadas temperaturas durante todo el año. Cuan equivocados estábamos. Exactamente dos meses después de aquel 14 de enero de 2020, Venezuela entraba en un período de cuarentena radical al haberse detectado los primeros contagios del letal virus en medio de nosotros. Casi un año ha transcurrido desde entonces y, además de haberse visto trastocada nuestra vida y normal accionar, hoy el Covid19 va dejando en medio de nosotros una estela de muerte y tristeza en muchos hogares de nuestra patria. Desde ya, les aseguro el abrazo fraterno y la oración de la Iglesia a todos ustedes, hermanos que hoy lloran la perdida de sus seres queridos a causa de un virus que ni siquiera les ha permitido estar cerca de ellos en los momentos más difíciles y en los últimos instantes de sus vidas.

La presencia de este virus en medio de nosotros, en una decisión difícil, pero no menos responsable por todos los riesgos que significaba para la salud de nuestro pueblo, nos llevó a posponer la peregrinación 165 de la Imagen de la
Divina Pastora a la ciudad de Barquisimeto hasta que mejores condiciones sanitarias nos permitan realizarla. Desde ya, les pido a todos y muy especialmente en este día, seguir unidos en oración por el fin de esta pandemia, a fin que podamos cumplir esta promesa en el transcurso de este mismo año.

Sin embargo, el hecho de no realizar en esta fecha la ya acostumbrada peregrinación, no ha significado ni debe significar nunca, una merma en nuestra fe en el Señor y en nuestra confianza en el papel de mediadora de todas las gracias que nuestra Madre ejerce ante su Hijo Jesucristo y la Trinidad entera. Es por eso que este año, partiendo de las letanías que el santo padre ha introducido en meses pasados a las ya conocidas e invocadas por nosotros al rezar el Santo Rosario, hemos querido saludar y orar a nuestra Madre, asumiéndola como Madre de la Misericordia, la Esperanza y el Consuelo, todo ello, desde nuestros hogares y en la que esperamos sea la única peregrinación virtual al Santuario de la Divina Pastora en Santa Rosa.

Siguiendo la idea inspiradora de la peregrinación virtual, hemos escogido para la Misa de hoy las lecturas del Misal Mariano correspondientes a la Misa a Santa María, Reina y Madre de Misericordia. En ellas, encontramos en primer lugar a la Reina Ester, figura vetero testamentaria de María, orando por su pueblo que se ve amenazado por un enemigo que ha decidido exterminarle. En la oración de Ester, en este momento tan particular que vive la humanidad, debemos encontrar la voz de la Madre del Divino Pastor que implora ahora por nosotros su pueblo a fin que nos veamos libres por la mano poderosa de Dios de este enemigo, de este virus, que amenaza nuestra salud y nuestra vida. Hace 165 años, este pueblo barquisimetano, como lo hizo en su momento el pueblo de Israel unido a Ester en su angustia, se confió a la mediación de la Madre del Señor bajo esta hermosa advocación pidiéndole la ciudad se viera libre de la peste del cólera que le azotaba. Hoy nosotros, renovamos esta plegaria a la Madre del Divino Pastor a fin que nos auxilie e interceda por nosotros ante su Hijo amado. Estoy plenamente seguro que esta Madre que a diario muestra su cercanía y cuidado para con este pueblo que la ama y en ella pone su confianza será portadora de nuestras suplicas.

De la mano de María madre del Divino pastor, confiémonos pues en las manos del Dios rico en Misericordia que como dice San Pablo en la segunda lectura tomada de su carta a los Efesios, por el gran amor con que nos amó nos ha hecho vivir con Cristo cuando estábamos muertos por el pecado y en Cristo ha hecho de nosotros nuevas criaturas para que nos dediquemos a las buenas obras que nos asignó para que las practicásemos.

Esa es también la misericordia que canta María en la oración que de su boca surge llena de la plenitud de la gracia divina que en ella está presente y que hoy para nosotros se ha traducido en salmo responsorial. La misericordia que llega a los fieles de generación en generación en las proezas realizadas por el brazo de Dios en favor de los hombres.

Esa es la misericordia que se hace visible y obra en Jesucristo en el contexto de las bodas de Caná en Galilea cuando aquellos novios se ven atribulados por la carencia del vino para dispensar a sus invitados y en favor de los cuales la Madre del Divino maestro interviene pidiendo les socorra con la abundancia por todos conocida.

Esa es la misericordia que debe hacerse visible en nosotros en este momento para con nuestros hermanos, haciendo lo que Jesús nos dice, como nos recuerda la Santísima Virgen en el Evangelio proclamado y siendo misericordiosos como él es misericordioso. Una misericordia que debe traducirse en gestos de amor concretos hacia nuestros hermanos y seres queridos, en el cuidado de unos por otros, en el orar unos por otros y en el asumir las debidas actitudes prácticas que la gravedad de este momento nos demanda en función de preservar la vida de nuestros semejantes; que pasa por ayudar a quienes padecen la presencia y sufren las secuelas de ese virus en sus vidas y carecen de lo mínimo necesario para poder afrontarlo; por atender debidamente las recomendaciones preventivas que los hombres y mujeres de ciencia nos están haciendo para poder frenar el avance de esta pandemia. En la situación actual, usar bien un tapabocas es tener un gesto de misericordia para con nuestros hermanos que además nos puede salvar la vida; una actitud de misericordia de parte nuestra en estos momentos, es pensar y mirar con amor a los agentes sanitarios, a nuestros médicos, enfermeras, enfermeros y hasta el más humilde trabajador de la salud que exponen sus vidas atendiendo a quienes son portadores del virus y muchos de los cuales ya la han ofrendado en la lucha en primera línea contra esta pandemia, para con ellos tenemos la responsabilidad de cuidarnos, pues al hacerlo, les cuidamos a ellos y con ellos somos misericordiosos.

Muchas personas nos han criticado a mí y a quienes conformamos la Comisión central que cada año organiza todo lo referente a la peregrinación de la Imagen de la Divina Pastora a Barquisimeto por haber decidido no realizarla en esta fecha y posponerla a la espera de mejores condiciones sanitarias, quiero que sepan, que si algún sentimiento nos movió a tomar tan difícil decisión, no fue otro que el mirar con misericordia a este pueblo y evitarle una tragedia mayúscula sabiendo que se trata de un virus que se contrae por el contacto personal y ante el cual se deben evitar multitudinarias aglomeraciones.

En todos pues, como discípulos de Jesús, debe prevalecer en estos momentos el sentido de la misericordia y la responsabilidad personal. También invito a las autoridades sanitarias del país a entender que es un acto de misericordia hablar con la verdad. La opacidad y la mentira con la que se está manejando esta pandemia en Venezuela, a lo único que contribuirá es a que esta más se propague y más tristeza cause en medio de nosotros. Por misericordia de Dios, les pido en nombre de este pueblo, digan la verdad, por muy dolorosa que pudiera ser. Sepan que la mentira no tiene fuerza, que la que tiene fuerza propia es la verdad y que tarde o temprano, la fuerza de la verdad se mostrará por sí sola. Todos sabemos que están muriendo muchos hermanos, eminentes médicos que están realizando su trabajo en las peores condiciones de
bioseguridad y que al morir ni siquiera cuentan para las estadísticas que se presentan a diario. No se puede seguir pues, poniendo en riesgo la vida de las personas ocultando la verdad o solo mostrándola a medias.

Pido también misericordia para con este pueblo venezolano que en medio de esta pandemia, ve día a día aumentar sus sufrimientos como consecuencia de una crisis política, económica y social a la que nos han conducido más de 20 años de decisiones erradas que a lo único que han contribuido es a llevar al país a la ruina. Les pido, por misericordia de Dios, a quienes han asumido el ejercicio de la política, entiendan de una vez, que es urgente un acuerdo nacional que ponga fin a tanto sufrimiento. Que es urgente un cambio en la conducción del país y sus instituciones y eso puede lograrse, con buena voluntad y sin que el país tenga que desangrarse, solo con una mirada y un gesto de misericordia hacia este pueblo tanto de parte de quienes ostentan el gobierno como de quienes le adversan.

Nuestro Señor Jesucristo, misericordia infinita de Dios, mire pues con ojos de bondad a este mundo tan lleno de sufrimientos. La Divina Pastora de las almas, Reina y Madre de misericordia, presente ante su Hijo amado nuestras suplicas por un mundo libre de esta pandemia y de tantos males que le agobian como consecuencia también del pecado social de los hombres. Ella nos consiga de parte de su Hijo un espíritu dispuesto a la conversión que nos permita reorientar este mundo que se empeña en hacer que el pecado se extienda, ahora también mediante la aprobación de leyes contrarias al querer de Dios e irrespetuosas de derechos tan fundamentales como el derecho a nacer y que recorra las sendas que Jesús nos indique para que el vino bueno de la alegría abunde entre nosotros como abundó en medio de los invitados a aquella boda en Caná de Galilea. Ella interceda por Venezuela, y nos ayude a recuperar nuestro país para el progreso, la concordia, la unidad, la democracia, la justicia, la libertad y la paz.

Que ella interceda y sea fuente de salud y consuelo para quienes están ahora en los centros de salud públicos y privados o en sus casas sufriendo a causa del contagio del Covid19. Que ella con su amor de madre proteja nuestros hogares y a nuestras familias. Que como llevó en su regazo al Niño Jesús, lleve también a nuestros niños y los proteja de todo mal. Que como guio al joven Jesús con sus consejos y enseñanzas, guie también a nuestros jóvenes para que siempre sepan escoger el camino del bien. Que sea coraza y protección para todos los que desde el ejercicio de las ciencias de la salud arriesgan su vida para salvar las de otros hermanos. Que acompañe con su amor a quienes están recluidos en las cárceles e interceda por ellos para que sus derechos sean respetados y como seres humanos sean tratados a pesar de haber fallado en sus vidas. Que ella acompañe como pastora solícita a todos nuestros hermanos venezolanos que han emigrado en busca del futuro que en Venezuela se les niega y que hoy también desde la virtualidad la celebran en los lugares donde se encuentran.

Que guie y proteja en su caminar a todos los que en esta hora, huyen de Venezuela desesperados por la terrible situación que vivimos a pesar de los riesgos que significa emigrar en este tiempo de pandemia. Que proteja a todos los directivos y voluntarios de organizaciones de caridad y humanitarias que en este momento son caricia de Dios y mano alargada para tantos hermanos que sufren por la carencia y la miseria a las que nos han conducido. Que en Venezuela se respete la labor que realizan y que cesen las persecuciones de los organismos del Estado en contra de quienes solo quieren ayudar en un momento de tanta precariedad.

Que la Madre del Señor pues, bajo esta querida advocación, ilumine la mente y los corazones de los hombres de ciencia que buscan afanosamente un remedio a este virus que desconcierta a la humanidad, pero por sobre todas las cosas, que como lo hizo hace 165 años, nos consiga de su Hijo Jesucristo la definitiva liberación de esta pandemia.

Divina Pastora de las almas, a tu misericordia y amor infinito nos confiamos. En tus manos ponemos el futuro de Venezuela y el mundo. Ampáranos Madre de la Misericordia, de la Esperanza y el Consuelo y sé propicia a las suplicas que hoy tus hijos confiados te dirigimos. Míranos con la ternura y el amor con los que contemplaste a tu Hijo y acompáñanos en nuestro sufrir como lo acompañaste a él al pie de la Cruz.

Alabado y glorificado sea Jesucristo el Señor de nuestras vidas y que ¡Viva la
Divina Pastora de las almas!

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