Evangelio

Juan (3,14-21): En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna…., el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.» Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor.

 

Santo Padre

¿Quieres que Dios perdone tus pecados?

El Papa Francisco recordó, que Dios siempre perdona los pecados cuando se acude al sacramento de la penitencia, sin embargo, señaló esta condición para que ese perdón sea efectivo: “Para ser perdonado debes perdonar a los demás”.

…“Acusarse a sí mismos es parte de la sabiduría cristiana; no acusar a los demás, no… A uno mismo. Yo he pecado. Y cuando nosotros nos acercamos al sacramento de la penitencia debemos tener esto en mente: Dios es grande y nos ha dado muchas cosas, pero lamentablemente he pecado, he ofendido al Señor y pido la salvación”.

…Confesar los pecados “agrada al Señor, porque el Señor recibe el corazón contrito, …‘no hay confusión para los que en ti confían’, el corazón contrito que dice la verdad al Señor: ‘He hecho esto, Señor. He pecado contra ti’. El Señor les tapa la boca, como el padre al hijo pródigo, no lo deja hablar. Su amor lo cubre. Lo perdona todo”.

“Esto no es fácil –subrayó–, porque el rencor anida en nuestro corazón, y siempre queda esa amargura. En muchas ocasiones llevamos en nosotros un elenco de cosas que me han hecho: ‘Y este me ha hecho aquello, me ha hecho aquello y me ha hecho esto…’”.

Por ello, en conclusión, advirtió contra la esclavitud del odio: “Estas son las dos cosas que nos ayudarán a comprender el camino del perdón: ‘Tú eres grande Señor, pero por desgracia, he pecado’, y ‘sí, te perdono setenta veces siete, a condición de que tú perdones a los demás’”.

 

Notas Pastorales – Cuarto Domingo de Cuaresma /B

 

La verdad hace vivir

El que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.  Jn. 3, 14-21

En el Antiguo Testamento. En el lenguaje griego, la verdad, dice similitud con la realidad.

La noción bíblica de verdad se fundamenta en una experiencia de encuentro con Dios.

Por ello dice relación a lo estable, permanente, seguro, en lo que el ser humano, se pueda apoyar con certeza.

En el plano religioso la garantía de la verdad es la felicidad en la verdad, de Dios. A ese nivel entonces, verdad es sinónimo de felicidad.

En efecto Yahvé, siempre ha intervenido a favor de su pueblo, porque Él es un Dios fiel,  que guarda su alianza a su amor hasta mil generaciones, para aquellos que lo aman (Deuteronomio 7,8).

Por eso David, dice a Yahvé: “Tus palabras son verdad” (2Samuel 7, 28), pues las promesas de Dios son seguras.

La verdad es una vez más, la Palabra de Dios. Por ello caminar en la verdad, consiste en observar fielmente la Ley del Señor.

También la verdad se convierte en sinónimo de sabiduría: “Hazte con la verdad, y no la vendas” (Proverbios 23,23).

En el Nuevo Testamento. San Pablo utiliza el término verdad, como sinónimo de sinceridad (2Corintios 7,14).

También usa esta palabra como “la fidelidad de Dios a sus promesas” (Romanos 3, 7, 8,15).

Pablo además, difunde el término verdad en sentido moral, como equivalente a rectitud o justicia, “porque el fruto de la luz, consiste en la bondad, en la justicia, y en la verdad” (Efesios 5,9).

Así pues, el juicio de Dios, estará señalado por la justicia o sea la verdad (Romanos 2,2).

San Pablo nos habla de “la verdad del Evangelio”, en Gálatas 2, 5; cuando dice: “Para que la verdad del Evangelio persevere entre ustedes”.

De esta suerte los seres humanos, deben convertirse, arrepentirse de su maldad, para llegar al conocimiento y posesión de la verdad (2 Tesalonicense 2, 13).

Los creyentes son los que aceptan esa verdad, los que aceptan a Cristo, la gran verdad.

Luego que se ha aceptado esa verdad, hay que afianzarse día tras día en ella. Así se construye el hombre nuevo.

La verdad es la buena doctrina, opuesta a la mentira y a la falsedad (1 Timoteo 1, 4) “y no presten atención a las fábulas”.

Existen doctores de la mentira, que han vuelto la espalda a la verdad (Tito 1, 14). Cuando los pueblos pretenden ser manipulados, hacia tendencias sectarias, eso es mentira.

Cuando la educación y la salud, son usadas para clientelismo politiquero, eso es enseñar a ser falsos. Cuando se busca el interés de los partidos y no el bien del pueblo, eso es construir mentira política.

Cuando lo que interesa es el hacer sin importar el bien común se solidifica la falsedad. La verdad debe estar en el mundo de la política, de los partidos, de la empresa, de las finanzas, de los sindicatos, de la educación, de los medios de comunicación, y así se reconstruyen los pueblos.

El objeto de esa verdad, para nosotros, es Jesucristo, y la Iglesia debe continuar esa senda.

Jesús es la verdad

Mientras Satanás, es el padre de la mentira, Jesucristo es la verdad misma (Juan 8, 44-45).

Jesucristo es la verdad, porque siendo el Verbo Encarnado nos revela al Padre (Juan 1, 18), y nos enseña a vivir desde los valores.

Por ello, el Espíritu, tendrá como misión, conducir a los discípulos “a la verdad plena” (1 Juan 16, 13). Es decir, Él se encargará de traerles a la memoria, todo lo que Cristo había dicho, haciéndoles captar su verdadero sentido (1 Juan 14, 26).

De ahí que el cristianismo debe “ser de la verdad”.

La mentira, la falsedad, la hipocresía, la calumnia nos mata y aniquila por dentro y por  fuera.

La verdad por el contrario siempre, nos hará libres.

Mons. Antonio José López Castillo

Arzobispo de Barquisimeto