Evangelio

Marcos  1:40-45. Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme.» Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.» Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.» Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.

Santo Padre

Un hombre o una mujer con el corazón débil son personas acabadas, señala el Papa

 

El Papa Francisco habló de nuevo sobre los corruptos y aseguró que “un hombre o una mujer con el corazón débil, o debilitado son personas acabadas”.

…el rey David es santo a pesar de que fue un pecador, sin embargo, Salomón fue rechazado por Dios porque era un corrupto.

El Papa habló del debilitamiento del corazón y dijo que este “es un camino lento, que va poco a poco, poco a poco… Y Salomón, ‘dormido’ en su gloria, en su fama, comenzó a recorrer este camino y terminó corrupto”.

“Es mejor la claridad de un pecado que el debilitamiento de corazón”, manifestó.

El Pontífice criticó que algunos cristianos piensan que no tienen grandes pecados. “No, yo no tengo pecados grandes”. “Pero, ¿cómo está tu corazón?, ¿está fuerte? ¿es fiel al Señor o vas cayendo lentamente?”.

Por tanto, “vigilancia. Cómo es mi corazón, la relación con el Señor. “Y vivir la belleza y la alegría de la fidelidad”.

 

Notas Pastorales – Sexto Domingo del tiempo Ordinario /B

 

 La Lepra del Corazón

 

“Se le acerco a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: Si tu quieres puedes curarme…Jesús le dijo: si quiero, queda curado, inmediatamente se le quito la lepra y quedó limpio” (Marcos 1,40-42).

 

Aquel hombre víctima de una enfermedad terrible, se siente despreciado por todos, por cuanto debía apartarse  de su ambiente familiar, del ambiente social, tiene que retirarse a lugares inhóspitos y solitarios; se sentía como olvidado y castigado por Dios. Se veía impotente ante aquella prueba, ya que nada le había podido curar.

 

No obstante, su fe en Dios se mantiene en medio del dolor, y cuando ve acercarse  a Jesús de Nazaret, el cree que es el Mesías, el Salvador, capaz de sanarlo. Pero se aproxima con mucha humildad, en la forma más sincera y decidida, hasta ponerse de rodillas, y le suplica, le dirige una oración confiada, como su última esperanza, al Hijo de Dios. Por  eso, le ruega, consciente de estar ante el Redentor, “si Tú quieres”. Todo va a depender de que esa sea la voluntad de Jesús, porque si Él cree que debe hacerlo, tiene todo el poder para curarlo. Jesús percibiendo la gran fe, confianza total, y sencillez de aquél ser humano, le responde “sí quiero curarte”, quiero ayudarte, siento tu angustia y sufrimiento, yo soy tú Salvador y deseo manifestarte mi amor misericordioso;  y efectivamente, el poder de Cristo, se infunde sobre aquél hombre, y quedó curado en un instante, sin lepra, sin desprecio, sin marginalidad social. Aquel hecho prodigioso lo reintegra a su amada familia, lo incorpora a la sociedad, ya puede vivir en su casa, ya puede trabajar y producir como tantos otros ciudadanos

 

¡Qué inmensa alegría sintió aquél hijo de Dios!; no salía de su asombro, lo había logrado, estaba sano, su corazón parecía salírsele del pecho.

 

Aquel hombre curado además de su fe y humildad, era un hombre sumamente agradecido. De tal manera que comenzó a divulgar aquel prodigio, con tanto entusiasmo y agradecimiento a los cuatro vientos, que Jesús no podía entrar abiertamente a la ciudad, sino que debía quedarse en lugares solitarios para que la gente no se agrupara a su alrededor

 

Queridos hermanos, también nosotros podemos sufrir de una gran lepra espiritual, lepra moral, lepra del corazón que nos puede impedir ser felices, nos hace sentir mal, aislados de Dios y del prójimo; indignos de la familia, de la comunidad, no tenemos paz interior, nos remuerde la conciencia; es que el pecado, la maldad, no nos deja vivir tranquilos por más que conversemos con el psicólogo, por más que algunos nos digan que eso es oscurantismo; es que estamos hechos para Dios, y solo en Él descansa y encuentra reposo, nuestro ser, como afirmarse San Agustín.

Sólo nos queda acercarnos con humildad y confianza a Jesús, y decirle: “Quiero arrepentirme, perdóname”; y Jesús nos dirá, desde el sacerdote confesor, tus pecados te son perdonados, y entonces, desde ese instante nos sentiremos limpios, curados y sanos.

Procuremos ser agradecidos con Dios, es que Él nos hace tantos prodigios cada día; especialmente nos devuelve la paz del corazón. Ojala y le hablemos a tantos, acerca del poder de la misericordia de Cristo, para que también queden curados y vivan llenos de gozo y gratitud en sus vidas; ya que Jesús sigue diciendo: “si quiero”, puedo curarte. Que así sea.

Mons. Antonio José López Castillo

Arzobispo de Barquisimeto

Itinerario. Visita N° 162 de la imagen de la Divina Pastora a la ciudad de Barquisimeto

 

11 al 12

Sagrada Familia De Nazaret  /

El Tostao Sector 1 Con Calle Venezuela

12 al 13

María Madre De Cristo

/ Barrio Bolívar Carrera 11 Entre Calles 3 Y 4

13 al 14

San Juan Bosco  /

Barrio Jacinto Lara Carrera 4

14 al 15

La Resurrección Del Señor / Barrio El Coriano 2 Sector Norte Calle Principal

15 al 16

Padre Pio de Pietrelcina

/ Prasdos de Occidente. Av Florencio Jimenez

16 al 17

Nuestra Señora De La Candelaria

/Calle 01 Del Barrio Cerritos Blanco

17 al 18

Nuestra Señora De Las Américas

/ Calle 23 Sector Piedras Blancas

18 al 19

Santísima Trinidad /

Calle 10 Entre Carreras 04 Y 05 Pueblo Nuevo