María conduce a su pueblo a la santidad

María conduce a su pueblo a la santidad

Visita 163 de la Divina Pastora a Barquisimeto

María conduce a su pueblo a la santidad

 

(Arquidiócesis de Barquisimeto)

14 de enero, un cielo radiante, el día más esperado por el pueblo barquisimetano y devoto de la Divina Pastora.

Muchas almas ahí junto a ella, venidas desde diversas zonas del estado Lara y Venezuela entera; otra inmensa cantidad en la distancia, con gran añoranza por su tierra y también colmadas de alegría por llevar en su corazón a María, con un amor que supera fronteras.

La procesión con la sagrada imagen de la Divina Pastora en su Visita 163 a Barquisimeto es, kilómetro a kilómetro, un recorrido de devoción, penitencia y oración, así como un signo de esperanza de un pueblo que se acoge confiado a su bondadosa y misericordiosa intercesión.

En palabras de Monseñor Víctor Hugo Basabe, Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Barquisimeto, una única y multitudinaria manifestación de fe en nuestro Señor Jesucristo y de profundo amor y devoción a su madre amantísima.

Este año con el llamado especial a recorrer junto a María, Madre de la Iglesia, la Ruta de la Santidad, fue una ocasión para interiorizar la vida, descubrir la obra de Dios en lo cotidiano, tener un profundo deseo por la santidad y el compromiso de poner todo de nuestra parte para vivir los valores del Evangelio.

Así se vivió la procesión con la sagrada imagen de la Divina Pastora desde Santa Rosa hasta la Catedral de Barquisimeto:

Salida de la sagrada imagen desde su santuario en Santa Rosa y eucaristía de inicio de la peregrinación

“La sagrada imagen de la Divina Pastora, engalanada por el amor de la devota feligresía tocuyana que en ella se hizo traje de fiesta; llevando entre sus manos la tierna imagen del Redentor del Mundo; bordado en su vestido el mapa de esta tierra venezolana hoy herida y maltratada pero no menos llena de esperanza y de confianza en el Señor de la historia y, enmarcada entre columnas de hermosas flores tejidas por las laboriosas manos de nuestros hermanos del Movimiento Flores de Misericordia venidos desde la Basílica de Chiquinquirá de Maracaibo a hacer esta ofrenda de amor, está ya preparada para en hombros de su pueblo amante iniciar su peregrinación N° 163 a la ciudad de Barquisimeto”. Mons. Víctor Hugo Basabe

 

 

 

 

Mons. Víctor Hugo Basabe presidió la eucaristía de inicio, que contó con la presencia de Mons. Mariano Parra Sandoval, Arzobispo de Co ro; Mons. Polito Rodríguez Méndez, Obispo de San Carlos y Mons. Manuel Felipe Díaz, Arzobispo de Calabozo.

 

Homilía con ocasión de la eucaristía de inicio de la 163 peregrinación de la Divina Pastora a la ciudad de Barquisimeto

La Divina Pastora se despide temporalmente de su querido pueblo de Santa Rosa, hasta su regreso el sábado 13 de abril

La Pastora de Almas otorga a su paso abundantes gracias para su amado rebaño…

…y lo acompaña en su caminar durante la Ruta de la Santidad: 12 estaciones dispuestas para profundizar en la vida cristiana y contemplar a la Bienaventurada Virgen María como Madre de la Iglesia, discípula y misionera, educadora en la fe, modelo de servicio y formadora de cristianos santos

¡Bienvenida, Madre!

Acto de recibimiento de la venerada imagen de la Divina Pastora y homenaje de la Orquesta Mavare en la Plaza Macario Yépez

 “Confiados en la certeza de tu intercesión, nuestros antepasados trajeron a Barquisimeto sobre sus hombros tu sagrada imagen, a fin que el pueblo, sintiéndote más cercana, a ti acudiera. Se inicia así la peregrinación de tu imagen cada 14 de enero a Barquisimeto. Hoy, 163 años después de aquella, tu primera visita, te recibimos con alegría en el mismo lugar en el que el pueblo de entonces, junto a la imagen del Nazareno te recibió. Gracias, piadosa y amante Pastora de las Almas, por esa tu cercanía y amor hacia este pueblo que lleno de fervor vuelve a cantar tu himno. Bendice con tu presencia a esta ciudad y a cada uno de aquellos que la habitan. Madre amorosa, intercede por toda Venezuela como lo hiciste hace 163 años, tus hijos te lo imploramos. Acompáñanos en nuestro peregrinar por la vida y consíguenos la gracia de querer ser santos como santo es tu Hijo amado”. Mons. Víctor Hugo Basabe

Durante la procesión, la voz suplicante del pueblo de Dios clama a la Santísima Virgen María su intercesión por la libertad y la paz de Venezuela

Llegada de la sagrada imagen a la Santa Iglesia Catedral y eucaristía de recibimiento

 

 

Mons. José Luis Azuaje, Arzobispo de Maracaibo y presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), presidió la eucaristía de recibimiento, que contó con la presencia de Mons. Luis Armando Tineo, Obispo de Carora; Mons. Mariano Parra Sandoval, Arzobispo de Co ro; Mons. Polito Rodríguez Méndez, Obispo de San Carlos y Mons. Manuel Felipe Díaz, Arzobispo de Calabozo

“Con la Santa Misa que estamos celebrando estamos cerrando esta bella procesión que ha sido un gesto hermoso de devoción a la Santísima Virgen, consuelo en la aflicción, bajo la advocación de la Divina Pastora. Una procesión que ha tenido su motivación este año: orar por Venezuela. No es coincidencia que esta oración por Venezuela la hagamos en esta avenida Venezuela y que el vestido que hoy luce la Divina Pastora lleve el mapa de nuestro país, porque a ella le pedimos que actúe con su autoridad de madre como lo hizo hace 163 años para que se acabe esta tragedia nacional de miseria, injusticia y corrupción. Ella como madre nos oye, nos consuela, sana nuestras heridas y produce en nosotros una gran esperanza. Hermanos y hermanas, la Divina Pastora nos ama, nos cuida y como Madre de Dios tiene una fuerza transformadora. No perdamos pues la esperanza, sino confiemos en que esa fuerza de amor nos librará de todo mal y nos guiará hacia una patria digna y virtuosa”. Mons. José Luis Azuaje

Entre Lazos de Fe

La procesión con la imagen de la Divina Pastora es una experiencia de devoción y entrega.

Una vez más, la peregrinación contó con la participación del Equipo de Acompañamiento de la Divina Pastora, conformado por voluntarios para  acompañar y abrir paso a la sagrada imagen durante su recorrido desde Santa Rosa hasta la Catedral de Barquisimeto.

Junto a la Cofradía de Celadores de la Divina Pastora y Cofradía de Acompañamiento de la sagrada imagen, prestan un servicio con alegría, fraternidad y espíritu de oración.

Testimonios de fe en la Ruta de la Santidad, con María Divina Pastora

“Venir a la procesión de la Divina Pastora es una tradición familiar, me traían desde chiquita y actualmente tengo 21 años. Presto servicio en la iglesia Santa Rosa de Lima y para mí la Divina Pastora es una madre, con quien puedo contar en cualquier momento y sé que va a interceder por mí ante su hijo”.

 

“Es una tradición que como católicos siempre hemos seguido. Esta procesión que estamos viviendo es muy bella”.

 

“Vengo todos los años porque soy devota. Hoy le pido a la Virgen salud para todos y por el regreso de todos los hijos que se nos han ido, para que sigamos unidos”.

 

“Para nosotros los barquisimetanos y para mí especialmente la Divina Pastora es primeramente la Madre de Cristo; sé que este año por intercesión de la Virgen los venezolanos vamos a tener muchas bendiciones y vamos a salir adelante, con el favor de Dios”.

 

 

Mensaje del santo padre francisco para la 52 jornada mundial de las comunicaciones sociales

Mensaje del santo padre francisco para la 52 jornada mundial de las comunicaciones sociales

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 52 JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

 

«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32).
Fake news y periodismo de paz

 

Queridos hermanos y hermanas:

En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el bien, la belleza. Es capaz de contar su propia experiencia y describir el mundo, y de construir así la memoria y la comprensión de los acontecimientos.

Pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar, como muestran desde el principio los episodios bíblicos de Caín y Abel, y de la Torre de Babel (cf. Gn 4,1-16; 11,1-9). La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien.

Hoy, en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmersos dentro de un sistema digital, asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas «fake news». Dicho fenómeno nos llama a la reflexión; por eso he dedicado este mensaje al tema de la verdad, como ya hicieron en diversas ocasiones mis predecesores a partir de Pablo VI (cf. Mensaje de 1972: «Los instrumentos de comunicación social al servicio de la verdad»). Quisiera ofrecer de este modo una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la comunicación de la verdad.

  1. ¿Qué hay de falso en las «noticias  falsas»?

«Fake news» es un término discutido y también objeto de debate. Generalmente alude a la desinformación difundida online o en los medios de comunicación tradicionales. Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.

La eficacia de las fake news se debe, en primer lugar, a su naturaleza mimética, es decir, a su capacidad de aparecer como plausibles. En segundo lugar, estas noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración. Su difusión puede contar con el uso manipulador de las redes sociales y de las lógicas que garantizan su funcionamiento. De este modo, los contenidos, a pesar de carecer de fundamento, obtienen una visibilidad tal que incluso los desmentidos oficiales difícilmente consiguen contener los daños que producen.

La dificultad para desenmascarar y erradicar las fake news se debe asimismo al hecho de que las personas a menudo interactúan dentro de ambientes digitales homogéneos e impermeables a perspectivas y opiniones divergentes. El resultado de esta lógica de la desinformación es que, en lugar de realizar una sana comparación con otras fuentes de información, lo que podría poner en discusión positivamente los prejuicios y abrir un diálogo constructivo, se corre el riesgo de convertirse en actores involuntarios de la difusión de opiniones sectarias e infundadas. El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en último análisis, la falsedad.

  1. ¿Cómo podemos reconocerlas?

Ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades. No es tarea fácil, porque la desinformación se basa frecuentemente en discursos heterogéneos, intencionadamente evasivos y sutilmente engañosos, y se sirve a veces de mecanismos refinados. Por eso son loables las iniciativas educativas que permiten aprender a leer y valorar el contexto comunicativo, y enseñan a no ser divulgadores inconscientes de la desinformación, sino activos en su desvelamiento. Son asimismo encomiables las iniciativas institucionales y jurídicas encaminadas a concretar normas que se opongan a este fenómeno, así como las que han puesto en marcha las compañías tecnológicas y de medios de comunicación, dirigidas a definir nuevos criterios para la verificación de las identidades personales que se esconden detrás de  millones de perfiles digitales.

Pero la prevención y la identificación de los mecanismos de la desinformación requieren también un discernimiento atento y profundo. En efecto, se ha de desenmascarar la que se podría definir como la «lógica de la serpiente», capaz de camuflarse en todas partes y morder. Se trata de la estrategia utilizada por la «serpiente astuta» de la que habla el Libro del Génesis, la cual, en los albores de la humanidad, fue la artífice de la primera fake news (cf. Gn 3,1-15), que llevó a las trágicas consecuencias del pecado, y que se concretizaron luego en el primer fratricidio (cf. Gn 4) y en otras innumerables formas de mal contra Dios, el prójimo, la sociedad y la creación.

La estrategia de este hábil «padre de la mentira» (Jn 8,44) es la mímesis, una insidiosa y peligrosa seducción que se abre camino en el corazón del hombre con argumentaciones falsas y atrayentes. En la narración del pecado original, el tentador, efectivamente, se acerca a la mujer fingiendo ser su amigo e interesarse por su bien, y comienza su discurso con una afirmación verdadera, pero sólo en parte:«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,1). En realidad, lo que Dios había dicho a Adán no era que no comieran de ningún árbol, sino tan solo de un árbol: «Del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás» (Gn 2,17). La mujer, respondiendo, se lo explica a la serpiente, pero se deja atraer por su provocación:«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”» (Gn 3,2). Esta respuesta tiene un sabor legalista y pesimista: habiendo dado credibilidad al falsario y dejándose seducir por su versión de los hechos, la mujer se deja engañar. Por eso, enseguida presta atención cuando le asegura: «No, no moriréis» (v. 4). Luego, la deconstrucción del tentador asume una apariencia creíble: «Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (v. 5). Finalmente, se llega a desacreditar la recomendación paternal de Dios, que estaba dirigida al bien, para seguir la seductora incitación del enemigo: «La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable» (v. 6).  Este episodio bíblico revela por tanto un hecho esencial para nuestro razonamiento: ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos.

De lo que se trata, de hecho, es de nuestra codicia. Las fake news se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano.

Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón. He aquí porqué educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien «cayendo» en cada tentación.

  1. «La verdad os hará libres» (Jn8,32)

La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona. Dostoyevski escribió algo interesante en este  sentido: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno a sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás. Luego, como ya no estima a nadie, deja también de amar, y para distraer el tedio que produce la falta de cariño y ocuparse en algo, se entrega a las pasiones y a los placeres más bajos; y por culpa de sus vicios, se hace como una bestia. Y todo esto deriva del continuo mentir a los demás y a sí mismo» (Los hermanos Karamazov, II,2).

Entonces, ¿cómo defendernos? El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas. La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad», como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa, aletheia (de a-lethès, «no escondido»). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza, como da a entender la raíz ‘aman, de la cual procede también el Amén litúrgico. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32).

Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.

  1. 4. La paz es la verdadera noticia

El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias. Este, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.

Por lo tanto, deseo dirigir un llamamiento a promover un periodismo de paz, sin entender con esta expresión un periodismo «buenista» que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos. Me refiero, por el contrario, a un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escalada del clamor y de la violencia verbal.

Por eso, inspirándonos en una oración franciscana, podríamos dirigirnos a la Verdad en persona de la siguiente manera:

Señor, haznos instrumentos de tu paz.
Haznos reconocer el mal que se insinúa en una comunicación que no crea comunión.
Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios.
Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas.
Tú eres fiel y digno de confianza; haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:
donde hay ruido, haz que practiquemos la escucha;
donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;
donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;
donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;
donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;
donde hay superficialidad, haz que planteemos interrogantes verdaderos;
donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;
donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;
donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.

Amén.

 

Francisco

 

Estamos ubicados en:

Avenida Libertador Centro Pastoral "Mons. Críspulo Benítez"

Barquisimeto - Estado Lara - Teléfonos:  0251-251.67.24 - 0251-267.89.75

 

 

Comunicado sobre situación de pacientes crónicos

Comunicado sobre situación de pacientes crónicos

COMUNICADO A LA OPINIÓN PÚBLICA
SOBRE SITUACIÓN DE PACIENTES CRÓNICOS
(TRASPLANTADOS, DIALIZADOS Y OTROS) Y LA INDIFERENCIA DE LAS AUTORIDADES

Si alguno de vosotros, hermanos míos, se desvía de la verdad y otro le convierte, sepa que el que convierte a un pecador de su camino desviado, salvará su alma de la muerte y cubrirá multitud de pecados.” (Santiago, 5,19s)

Ante la dramática situación de nuestro país, que agrava la desnutrición la situación de pacientes en situaciones crónicas y especiales, nuestra conciencia se siente interpelada por la Palabra de Dios, que nos advierte a no ser vigías ciegos o perros mudos (cf. Is 56,10) y menos a adular el poder por obtener beneficios (cf. Mi 3,5-7).

Debido a la situación de pacientes que se dializan, los trasplantados, con cáncer, HIV y tantos otros, que no consiguen los medicamentos que SOLO el gobierno puede hacerles llegar, por su responsabilidad constitucional y por ser de altos costos, es necesario advertir, una vez más, la crisis que estamos enfrentando. Cáritas ha avisado del riesgo de vida de unos 280 mil niños que pueden morir por desnutrición, a lo que se suma el riesgo de unos 16 mil pacientes de diálisis que podrían morir en las próximas semanas, quizás en las próximas dos semanas. Además de los trasplantados de riñón, por ejemplo, con riesgo de volver a caer en diálisis. Se podría añadir 5 pacientes psiquiátricos que han muerto por desnutrición en días recientes, en el hospital psiquiátrico público.

El Pampero. Y se pudiera añadir otros números, si no fuera por la opacidad de los datos, puesto que, en contra de lo estipulado por la Ley y los convenios internacionales, los organismos del Estado no publican las estadísticas epidemiológicas ni de morbosidad desde hace varios años.

Si la propaganda habla de las bondades de la salud en Venezuela y los esfuerzos del gobierno bolivariano, quien está en contacto con el dolor de pacientes y enfermos sabe que tal cosa no es verdad. Pudo haber habido mejoras verificables en la salud durante el primer lustro del tercer milenio, pero no es eso lo que se percibe ni lo que reportan los usuarios en la actualidad, así que cualquier mejora no ha sido sostenible en el tiempo. En estos momentos la carencia de medicamentos para atender dichas afecciones es realmente alarmante.

A esto se suma que se ha hecho imposible la vida al gremio médico y personal de enfermería tanto en entes privados y como en los organismos públicos, por lo que, lejos de reconocer su valía y permitirles llevar una vida digna y segura, han debido buscar nuevos horizontes en otros países. Y esto afecta todavía más la situación de estos pacientes.

Y la inercia del gobierno para ofrecer soluciones hace que cualquier persona se pregunte hasta dónde llega la incapacidad de los funcionarios y hasta cuando ha habido problemas de corrupción no investigados, por no decir encubiertos, que han hecho de los medicamentos formas oscuras de enriquecimiento de personas cercanas al poder.

La situación que enfrenta el país hace que las preguntas no se puedan suavizar. Lamentamos que el llamado a la vida, que se hace con una voz desgarrada por el impulso del amor, se confunda con el odio, tan lejano del corazón de Jesús.

Pero la amenaza de muerte masiva no permite otra forma de llamar a la conciencia. Porque nos negamos a creer que estamos ante una política de profilaxis social, donde los pacientes graves, las personas especiales y los pobres son una carga de la que hay que salir de ella que, por supuesto, dejarían de protestar en poco tiempo, pues es poco el que les quedaría de vida. Tal situación equivaldría a estar siendo testigos de un genocidio, con consecuencias por ser crímenes de lesa humanidad.

Así que dejamos constancia, tanto para la historia como para la comunidad internacional, que, si no se hacen las correcciones que eviten esta mortandad, la responsabilidad, por advertencia, cae sobre todos aquellos funcionarios tanto del poder ejecutivo como fiscalía y defensoría del pueblo que han sido negligentes, y que deberán asumir la consecuencia y omisión de sus actos.

A todos aquellos funcionarios y personal de salud y afines, que pertenecen a cuadros medios de organismos públicos, les recordamos el imperioso deber de ser fiel a la propia conciencia, más cuando se toca aspectos tan graves que atañen la salvación eterna, el cumplimiento de la Constitución y las Leyes, la fidelidad al propio juramento y la responsabilidad en relación al Derecho a la Salud y el riesgo de ser cómplices de su violación. Dicha complicidad está también tipificada dentro de las violaciones de Derechos Humanos, por lo que lo más sensato es no arriesgarse a la posibilidad ser señalados por la historia y los tribunales humanos. Su responsabilidad es personal,civil, penal y administrativa. Junto con la responsabilidad patrimonial del Estado, sea por acción y omisión, las violaciones a los derechos humanos como la salud y la vida son imprescriptibles y perseguibles en cualquier rincón del mundo. Vivimos en un mundo interconectado y, triste recordarlo, muchas de las personas responsables quieren poder recorrerlo y disfrutarlo.

Así como nosotros, pastores, nos sentimos interpelados por el Señor y la situación, y estamos conscientes que hacer caso omiso nos colocaría en riesgo de perdición ante la justa Misericordia divina, así igual le recordamos a todos los creyentes, sobre todo los que tienen cargos de poder, que sopesen bien sus acciones en esta hora aciaga que pasa nuestro país.

Que quienes pretendan escudarse tras la no creencia cristiana, les recordamos que todas las religiones advierten sobre el riesgo de no obedecer la propia conciencia o hacer lo contrario a los dictámenes de la misma. La situación delante del tribunal de Dios del no creyente que haga el bien que su conciencia le indica, será distinta de quien de forma deliberada la contradiga. No hablamos de una ideología religiosa, sino de una verdad contenida en la Revelación.

A pocos días del inicio de la Cuaresma, conviene recordar las palabras del Bautista: “Dad, pues, frutos dignos de conversión, y no andéis diciendo en vuestro interior: “Tenemos por padre a Abraham”; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.” ( Lc 3,8).

Es la hora de atender lo que realmente es importante: la vida. Y si esto no es una emergencia humanitaria, contiene todos los elementos para ser llamada así o buscarle un sinónimo que nos ponga en movimiento.

Que el Espíritu del Resucitado nos movilice para evitar la crucifixión de tantos hermanos nuestros. Barquisimeto, a los siete días del mes de febrero del 2018.

 

Pronunciamiento Arquidiócesis de Barquisimeto

Pronunciamiento Arquidiócesis de Barquisimeto

ARQUIDIOCESIS DE BARQUISIMETO
GOBIERNO SUPERIOR ECLESIÁSTICO
CARTA DE ADHESIÓN Y SOLIDARIDAD CON NUESTROS OBISPOS
MONSEÑOR ANTONIO LÓPEZ CASTILLO Y MONSEÑOR VÍCTOR HUGO BASABE

Consolar, anunciar y denunciar son acciones propias de la misión de la Iglesia. Esa Misión Profética que, como pueblo de Dios, pastores y rebaño, debemos ejercer en todo tiempo. Los cristianos estamos llamados a ser testigos de Jesucristo, implicando esto situarse en la realidad e interpretar lo que Dios habla en cada momento histórico.

Es por esto que, como el profeta, el cristiano tiene la gran misión de situarse en esas realidades sociales donde impera la injusticia, la pobreza, el sufrimiento, con el fin de combatirlo con el mensaje evangélico hecho acción.

Así también la Iglesia tiene la gran tarea de leer los signos de los tiempos (cf. GS 4, 11).

“La verdad padece, pero no perece”, dice Santa Teresa de Jesús. Por eso, Cuando alguien que amamos está muy enfermo, decirle que no tiene nada, que todo está bien, que es solo un pequeño dolor, que ya va a pasar, es un acto irresponsable. Por el contrario, decir la verdad es el primer paso para resolver cualquier situación.

Nuestra amada Venezuela está enferma y requiere urgente sanación material, moral y espiritual, esto es lo que han dicho los obispos. Negar la realidad, como negar la enfermedad, es síntoma de poca cordura, mucho más si lo hacen quienes tienen medios para ayudar a resolverla. Venezuela está enferma, y como sacerdotes nos duele y nos preocupa, porque a las puertas de nuestras parroquias, diariamente acude el pueblo con hambre, angustia, dolor, lágrimas, por la perdida y la partida de seres queridos. Y no le podemos mentir ni al pueblo ni a Dios fingiendo que no pasa nada.

Es por esto que reunido el Consejo Presbiteral de la Arquidiócesis de Barquisimeto, en representación de todo el Clero que hace vida en nuestra Arquidiócesis, los Religiosos y Religiosas, los movimientos de apostolado, y la vida Pastoral de esta Iglesia Particular, a través de esta misiva expresa su adhesión total y su solidaridad con el Excmo.

Monseñor Antonio López Castillo, Arzobispo de nuestra Arquidiócesis, lo mismo que con el Excmo. Monseñor Víctor Hugo Basabe, Obispo de la Diócesis de San Felipe. Por tanto, nos adherimos a lo expresado por nuestros Obispos durante la Visita de la Divina Pastora y hacemos un llamado a los que gobiernan para que depongan la soberbia, la maledicencia, y con humildad pidan la asistencia del Espíritu Santo, para servir de verdad al pueblo que sufre.

En esta disposición nos encontrarán siempre dispuestos a acompañar, iluminar y servir. Estamos y estaremos en el mismo lugar: junto al pueblo, junto a Cristo y en comunión con nuestros obispos, pues, “La verdad nos hará libres” (Juan 8,32) y es preciso “Obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5,29). Siguiendo el clamor de la conciencia y la luz del evangelio.

Pues quien se obstina voluntariamente en la mentira, la ofensa y el mal, camina hacia su condenación eterna, mas quien persevera en el bien y en la verdad se salvará.

Nos encomendamos a la Divina Pastora para que como maestra de vida nos enseñe a vivir anclados en la esperanza que brota del evangelio en las Bienaventuranzas, que podamos creer para vivir la felicidad, y que aun en medio de la persecución sepamos apostar todo al Reino de Dios y esperar la recompensa que viene del cielo.

En Barquisimeto, a los dieciocho días del mes de enero del año dos mil dieciocho.

CONSEJO PRESBITERAL DE LA ARQUIDIOCESIS DE BARQUISIMETO