Mensaje del santo padre francisco para la 52 jornada mundial de las comunicaciones sociales

Mensaje del santo padre francisco para la 52 jornada mundial de las comunicaciones sociales

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 52 JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

 

«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32).
Fake news y periodismo de paz

 

Queridos hermanos y hermanas:

En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el bien, la belleza. Es capaz de contar su propia experiencia y describir el mundo, y de construir así la memoria y la comprensión de los acontecimientos.

Pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar, como muestran desde el principio los episodios bíblicos de Caín y Abel, y de la Torre de Babel (cf. Gn 4,1-16; 11,1-9). La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien.

Hoy, en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmersos dentro de un sistema digital, asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas «fake news». Dicho fenómeno nos llama a la reflexión; por eso he dedicado este mensaje al tema de la verdad, como ya hicieron en diversas ocasiones mis predecesores a partir de Pablo VI (cf. Mensaje de 1972: «Los instrumentos de comunicación social al servicio de la verdad»). Quisiera ofrecer de este modo una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la comunicación de la verdad.

  1. ¿Qué hay de falso en las «noticias  falsas»?

«Fake news» es un término discutido y también objeto de debate. Generalmente alude a la desinformación difundida online o en los medios de comunicación tradicionales. Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.

La eficacia de las fake news se debe, en primer lugar, a su naturaleza mimética, es decir, a su capacidad de aparecer como plausibles. En segundo lugar, estas noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración. Su difusión puede contar con el uso manipulador de las redes sociales y de las lógicas que garantizan su funcionamiento. De este modo, los contenidos, a pesar de carecer de fundamento, obtienen una visibilidad tal que incluso los desmentidos oficiales difícilmente consiguen contener los daños que producen.

La dificultad para desenmascarar y erradicar las fake news se debe asimismo al hecho de que las personas a menudo interactúan dentro de ambientes digitales homogéneos e impermeables a perspectivas y opiniones divergentes. El resultado de esta lógica de la desinformación es que, en lugar de realizar una sana comparación con otras fuentes de información, lo que podría poner en discusión positivamente los prejuicios y abrir un diálogo constructivo, se corre el riesgo de convertirse en actores involuntarios de la difusión de opiniones sectarias e infundadas. El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en último análisis, la falsedad.

  1. ¿Cómo podemos reconocerlas?

Ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades. No es tarea fácil, porque la desinformación se basa frecuentemente en discursos heterogéneos, intencionadamente evasivos y sutilmente engañosos, y se sirve a veces de mecanismos refinados. Por eso son loables las iniciativas educativas que permiten aprender a leer y valorar el contexto comunicativo, y enseñan a no ser divulgadores inconscientes de la desinformación, sino activos en su desvelamiento. Son asimismo encomiables las iniciativas institucionales y jurídicas encaminadas a concretar normas que se opongan a este fenómeno, así como las que han puesto en marcha las compañías tecnológicas y de medios de comunicación, dirigidas a definir nuevos criterios para la verificación de las identidades personales que se esconden detrás de  millones de perfiles digitales.

Pero la prevención y la identificación de los mecanismos de la desinformación requieren también un discernimiento atento y profundo. En efecto, se ha de desenmascarar la que se podría definir como la «lógica de la serpiente», capaz de camuflarse en todas partes y morder. Se trata de la estrategia utilizada por la «serpiente astuta» de la que habla el Libro del Génesis, la cual, en los albores de la humanidad, fue la artífice de la primera fake news (cf. Gn 3,1-15), que llevó a las trágicas consecuencias del pecado, y que se concretizaron luego en el primer fratricidio (cf. Gn 4) y en otras innumerables formas de mal contra Dios, el prójimo, la sociedad y la creación.

La estrategia de este hábil «padre de la mentira» (Jn 8,44) es la mímesis, una insidiosa y peligrosa seducción que se abre camino en el corazón del hombre con argumentaciones falsas y atrayentes. En la narración del pecado original, el tentador, efectivamente, se acerca a la mujer fingiendo ser su amigo e interesarse por su bien, y comienza su discurso con una afirmación verdadera, pero sólo en parte:«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,1). En realidad, lo que Dios había dicho a Adán no era que no comieran de ningún árbol, sino tan solo de un árbol: «Del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás» (Gn 2,17). La mujer, respondiendo, se lo explica a la serpiente, pero se deja atraer por su provocación:«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”» (Gn 3,2). Esta respuesta tiene un sabor legalista y pesimista: habiendo dado credibilidad al falsario y dejándose seducir por su versión de los hechos, la mujer se deja engañar. Por eso, enseguida presta atención cuando le asegura: «No, no moriréis» (v. 4). Luego, la deconstrucción del tentador asume una apariencia creíble: «Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (v. 5). Finalmente, se llega a desacreditar la recomendación paternal de Dios, que estaba dirigida al bien, para seguir la seductora incitación del enemigo: «La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable» (v. 6).  Este episodio bíblico revela por tanto un hecho esencial para nuestro razonamiento: ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos.

De lo que se trata, de hecho, es de nuestra codicia. Las fake news se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano.

Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón. He aquí porqué educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien «cayendo» en cada tentación.

  1. «La verdad os hará libres» (Jn8,32)

La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona. Dostoyevski escribió algo interesante en este  sentido: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno a sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás. Luego, como ya no estima a nadie, deja también de amar, y para distraer el tedio que produce la falta de cariño y ocuparse en algo, se entrega a las pasiones y a los placeres más bajos; y por culpa de sus vicios, se hace como una bestia. Y todo esto deriva del continuo mentir a los demás y a sí mismo» (Los hermanos Karamazov, II,2).

Entonces, ¿cómo defendernos? El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas. La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad», como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa, aletheia (de a-lethès, «no escondido»). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza, como da a entender la raíz ‘aman, de la cual procede también el Amén litúrgico. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32).

Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.

  1. 4. La paz es la verdadera noticia

El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias. Este, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.

Por lo tanto, deseo dirigir un llamamiento a promover un periodismo de paz, sin entender con esta expresión un periodismo «buenista» que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos. Me refiero, por el contrario, a un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escalada del clamor y de la violencia verbal.

Por eso, inspirándonos en una oración franciscana, podríamos dirigirnos a la Verdad en persona de la siguiente manera:

Señor, haznos instrumentos de tu paz.
Haznos reconocer el mal que se insinúa en una comunicación que no crea comunión.
Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios.
Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas.
Tú eres fiel y digno de confianza; haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:
donde hay ruido, haz que practiquemos la escucha;
donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;
donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;
donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;
donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;
donde hay superficialidad, haz que planteemos interrogantes verdaderos;
donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;
donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;
donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.

Amén.

 

Francisco

 

Estamos ubicados en:

Avenida Libertador Centro Pastoral "Mons. Críspulo Benítez"

Barquisimeto - Estado Lara - Teléfonos:  0251-251.67.24 - 0251-267.89.75

 

 

Comunicado sobre situación de pacientes crónicos

Comunicado sobre situación de pacientes crónicos

COMUNICADO A LA OPINIÓN PÚBLICA
SOBRE SITUACIÓN DE PACIENTES CRÓNICOS
(TRASPLANTADOS, DIALIZADOS Y OTROS) Y LA INDIFERENCIA DE LAS AUTORIDADES

Si alguno de vosotros, hermanos míos, se desvía de la verdad y otro le convierte, sepa que el que convierte a un pecador de su camino desviado, salvará su alma de la muerte y cubrirá multitud de pecados.” (Santiago, 5,19s)

Ante la dramática situación de nuestro país, que agrava la desnutrición la situación de pacientes en situaciones crónicas y especiales, nuestra conciencia se siente interpelada por la Palabra de Dios, que nos advierte a no ser vigías ciegos o perros mudos (cf. Is 56,10) y menos a adular el poder por obtener beneficios (cf. Mi 3,5-7).

Debido a la situación de pacientes que se dializan, los trasplantados, con cáncer, HIV y tantos otros, que no consiguen los medicamentos que SOLO el gobierno puede hacerles llegar, por su responsabilidad constitucional y por ser de altos costos, es necesario advertir, una vez más, la crisis que estamos enfrentando. Cáritas ha avisado del riesgo de vida de unos 280 mil niños que pueden morir por desnutrición, a lo que se suma el riesgo de unos 16 mil pacientes de diálisis que podrían morir en las próximas semanas, quizás en las próximas dos semanas. Además de los trasplantados de riñón, por ejemplo, con riesgo de volver a caer en diálisis. Se podría añadir 5 pacientes psiquiátricos que han muerto por desnutrición en días recientes, en el hospital psiquiátrico público.

El Pampero. Y se pudiera añadir otros números, si no fuera por la opacidad de los datos, puesto que, en contra de lo estipulado por la Ley y los convenios internacionales, los organismos del Estado no publican las estadísticas epidemiológicas ni de morbosidad desde hace varios años.

Si la propaganda habla de las bondades de la salud en Venezuela y los esfuerzos del gobierno bolivariano, quien está en contacto con el dolor de pacientes y enfermos sabe que tal cosa no es verdad. Pudo haber habido mejoras verificables en la salud durante el primer lustro del tercer milenio, pero no es eso lo que se percibe ni lo que reportan los usuarios en la actualidad, así que cualquier mejora no ha sido sostenible en el tiempo. En estos momentos la carencia de medicamentos para atender dichas afecciones es realmente alarmante.

A esto se suma que se ha hecho imposible la vida al gremio médico y personal de enfermería tanto en entes privados y como en los organismos públicos, por lo que, lejos de reconocer su valía y permitirles llevar una vida digna y segura, han debido buscar nuevos horizontes en otros países. Y esto afecta todavía más la situación de estos pacientes.

Y la inercia del gobierno para ofrecer soluciones hace que cualquier persona se pregunte hasta dónde llega la incapacidad de los funcionarios y hasta cuando ha habido problemas de corrupción no investigados, por no decir encubiertos, que han hecho de los medicamentos formas oscuras de enriquecimiento de personas cercanas al poder.

La situación que enfrenta el país hace que las preguntas no se puedan suavizar. Lamentamos que el llamado a la vida, que se hace con una voz desgarrada por el impulso del amor, se confunda con el odio, tan lejano del corazón de Jesús.

Pero la amenaza de muerte masiva no permite otra forma de llamar a la conciencia. Porque nos negamos a creer que estamos ante una política de profilaxis social, donde los pacientes graves, las personas especiales y los pobres son una carga de la que hay que salir de ella que, por supuesto, dejarían de protestar en poco tiempo, pues es poco el que les quedaría de vida. Tal situación equivaldría a estar siendo testigos de un genocidio, con consecuencias por ser crímenes de lesa humanidad.

Así que dejamos constancia, tanto para la historia como para la comunidad internacional, que, si no se hacen las correcciones que eviten esta mortandad, la responsabilidad, por advertencia, cae sobre todos aquellos funcionarios tanto del poder ejecutivo como fiscalía y defensoría del pueblo que han sido negligentes, y que deberán asumir la consecuencia y omisión de sus actos.

A todos aquellos funcionarios y personal de salud y afines, que pertenecen a cuadros medios de organismos públicos, les recordamos el imperioso deber de ser fiel a la propia conciencia, más cuando se toca aspectos tan graves que atañen la salvación eterna, el cumplimiento de la Constitución y las Leyes, la fidelidad al propio juramento y la responsabilidad en relación al Derecho a la Salud y el riesgo de ser cómplices de su violación. Dicha complicidad está también tipificada dentro de las violaciones de Derechos Humanos, por lo que lo más sensato es no arriesgarse a la posibilidad ser señalados por la historia y los tribunales humanos. Su responsabilidad es personal,civil, penal y administrativa. Junto con la responsabilidad patrimonial del Estado, sea por acción y omisión, las violaciones a los derechos humanos como la salud y la vida son imprescriptibles y perseguibles en cualquier rincón del mundo. Vivimos en un mundo interconectado y, triste recordarlo, muchas de las personas responsables quieren poder recorrerlo y disfrutarlo.

Así como nosotros, pastores, nos sentimos interpelados por el Señor y la situación, y estamos conscientes que hacer caso omiso nos colocaría en riesgo de perdición ante la justa Misericordia divina, así igual le recordamos a todos los creyentes, sobre todo los que tienen cargos de poder, que sopesen bien sus acciones en esta hora aciaga que pasa nuestro país.

Que quienes pretendan escudarse tras la no creencia cristiana, les recordamos que todas las religiones advierten sobre el riesgo de no obedecer la propia conciencia o hacer lo contrario a los dictámenes de la misma. La situación delante del tribunal de Dios del no creyente que haga el bien que su conciencia le indica, será distinta de quien de forma deliberada la contradiga. No hablamos de una ideología religiosa, sino de una verdad contenida en la Revelación.

A pocos días del inicio de la Cuaresma, conviene recordar las palabras del Bautista: “Dad, pues, frutos dignos de conversión, y no andéis diciendo en vuestro interior: “Tenemos por padre a Abraham”; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.” ( Lc 3,8).

Es la hora de atender lo que realmente es importante: la vida. Y si esto no es una emergencia humanitaria, contiene todos los elementos para ser llamada así o buscarle un sinónimo que nos ponga en movimiento.

Que el Espíritu del Resucitado nos movilice para evitar la crucifixión de tantos hermanos nuestros. Barquisimeto, a los siete días del mes de febrero del 2018.

 

Pronunciamiento Arquidiócesis de Barquisimeto

Pronunciamiento Arquidiócesis de Barquisimeto

ARQUIDIOCESIS DE BARQUISIMETO
GOBIERNO SUPERIOR ECLESIÁSTICO
CARTA DE ADHESIÓN Y SOLIDARIDAD CON NUESTROS OBISPOS
MONSEÑOR ANTONIO LÓPEZ CASTILLO Y MONSEÑOR VÍCTOR HUGO BASABE

Consolar, anunciar y denunciar son acciones propias de la misión de la Iglesia. Esa Misión Profética que, como pueblo de Dios, pastores y rebaño, debemos ejercer en todo tiempo. Los cristianos estamos llamados a ser testigos de Jesucristo, implicando esto situarse en la realidad e interpretar lo que Dios habla en cada momento histórico.

Es por esto que, como el profeta, el cristiano tiene la gran misión de situarse en esas realidades sociales donde impera la injusticia, la pobreza, el sufrimiento, con el fin de combatirlo con el mensaje evangélico hecho acción.

Así también la Iglesia tiene la gran tarea de leer los signos de los tiempos (cf. GS 4, 11).

“La verdad padece, pero no perece”, dice Santa Teresa de Jesús. Por eso, Cuando alguien que amamos está muy enfermo, decirle que no tiene nada, que todo está bien, que es solo un pequeño dolor, que ya va a pasar, es un acto irresponsable. Por el contrario, decir la verdad es el primer paso para resolver cualquier situación.

Nuestra amada Venezuela está enferma y requiere urgente sanación material, moral y espiritual, esto es lo que han dicho los obispos. Negar la realidad, como negar la enfermedad, es síntoma de poca cordura, mucho más si lo hacen quienes tienen medios para ayudar a resolverla. Venezuela está enferma, y como sacerdotes nos duele y nos preocupa, porque a las puertas de nuestras parroquias, diariamente acude el pueblo con hambre, angustia, dolor, lágrimas, por la perdida y la partida de seres queridos. Y no le podemos mentir ni al pueblo ni a Dios fingiendo que no pasa nada.

Es por esto que reunido el Consejo Presbiteral de la Arquidiócesis de Barquisimeto, en representación de todo el Clero que hace vida en nuestra Arquidiócesis, los Religiosos y Religiosas, los movimientos de apostolado, y la vida Pastoral de esta Iglesia Particular, a través de esta misiva expresa su adhesión total y su solidaridad con el Excmo.

Monseñor Antonio López Castillo, Arzobispo de nuestra Arquidiócesis, lo mismo que con el Excmo. Monseñor Víctor Hugo Basabe, Obispo de la Diócesis de San Felipe. Por tanto, nos adherimos a lo expresado por nuestros Obispos durante la Visita de la Divina Pastora y hacemos un llamado a los que gobiernan para que depongan la soberbia, la maledicencia, y con humildad pidan la asistencia del Espíritu Santo, para servir de verdad al pueblo que sufre.

En esta disposición nos encontrarán siempre dispuestos a acompañar, iluminar y servir. Estamos y estaremos en el mismo lugar: junto al pueblo, junto a Cristo y en comunión con nuestros obispos, pues, “La verdad nos hará libres” (Juan 8,32) y es preciso “Obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5,29). Siguiendo el clamor de la conciencia y la luz del evangelio.

Pues quien se obstina voluntariamente en la mentira, la ofensa y el mal, camina hacia su condenación eterna, mas quien persevera en el bien y en la verdad se salvará.

Nos encomendamos a la Divina Pastora para que como maestra de vida nos enseñe a vivir anclados en la esperanza que brota del evangelio en las Bienaventuranzas, que podamos creer para vivir la felicidad, y que aun en medio de la persecución sepamos apostar todo al Reino de Dios y esperar la recompensa que viene del cielo.

En Barquisimeto, a los dieciocho días del mes de enero del año dos mil dieciocho.

CONSEJO PRESBITERAL DE LA ARQUIDIOCESIS DE BARQUISIMETO

 

Comunicados de las Diócesis de Venezuela en apoyo a nuestros de nuestros Obispos Monseñor Antonio José López Castillo, Arzobispo de Barquisimeto y Monseñor Víctor Hugo Basabe, Obispo de San Felipe

Comunicados de las Diócesis de Venezuela en apoyo a nuestros de nuestros Obispos Monseñor Antonio José López Castillo, Arzobispo de Barquisimeto y Monseñor Víctor Hugo Basabe, Obispo de San Felipe

 

Comunicado de la CONVER en respaldo a Mons. Victor Hugo Basabe y Mons. Antonio López Castillo

Caracas, 16 de enero de 2018

Bienaventurados sean cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de mí. Regocíjense y alégrense, porque su recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes (Mt. 5, 11-12)

Muy apreciados Sres. Obispos:

Mons. Antonio López Castillo

Mons. Víctor Hugo Basabe

Deseándoles fortaleza en el Señor, les hacemos sentir nuestros saludos fraternos llenos de bendiciones.

Ante los anuncios hechos recientemente desde la Presidencia de la República, queremos expresarles desde CONVER el apoyo y respaldo de la Junta Directiva y de los Religiosos y Religiosas que integramos esta Conferencia. Deploramos la agresión de la que están siendo objeto en los actuales momentos por sus valientes y acertadas palabras pronunciadas en favor de nuestro pueblo. Salir al encuentro de la vida, ir a las periferias, acercarse a los más débiles y denunciar las injusticias que atraviesan de extremo a extremo nuestro país, acabando con lo poco que queda, es lo que han pretendido con sus palabras.

Entendemos que a los señores que detentan el poder esto no les agrada y por ello arremeten con violencia contra quienes tratan de ayudar a nuestro pueblo a tomar conciencia y a reaccionar en pro de su propia liberación.
Gracias por seguir estimulándonos a asumir la posición que nos corresponde de defensa de la verdad, la libertad, la justicia y la paz.

Prometemos nuestra oración y nos acogemos a la de ustedes.

Junta Directiva
CONVER

 

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DIÓCESIS DE SAN CRISTÓBAL ENVÍA CARTA DE SOLIDARIDAD A LOS OBISPOS DE SAN FELIPE Y BARQUISIMETO

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S.E.R. VICTOR HUGO BASABE,
OBISPO DE SAN FELIPE.

QUERIDO HERMANO:

Queremos hacerte llegar nuestra expresión de fraterna comunión y solidaridad ante las amenazas que has recibido del Presidente de la República. Todo debido a la valiente y sentida homilía que dirigiste con ocasión dela fiesta de la Divina Pastora, en Barquisimeto. Consideramos que su contenido se corresponde con la realidad y en la perspectiva profética de la Iglesia. Compartimos tus reflexiones.

Se te acusa de promover el odio y la violencia. Es lógico que quienes lo hacen no han entendido la densidad del mensaje que brota del Evangelio. Sin embargo, los riesgos del profeta deben ser asumidos con la fe y la decisión de saber que se actúa en el nombre del Señor.

Queremos ratificarte nuestra comunión fraterna y que no estás solo. Tú y tu Iglesia de San Felipe están presentes en nuestra oración y en nuestro compromiso de anunciar el evangelio de Jesús liberador. Puedes contar con todos nosotros. Es hora de mostrar que no somos una simple red de hermanos y de acción social: somos todos hermanos convocados por el Espíritu para dar razón de nuestra fe. Desde San Cristóbal, San Felipe, su Obispo, presbiterio y fieles, sienta, que somos uno en el Señor Jesús.

Responsabilizamos a las autoridades del país sobre lo que pueda acontecer con Ustedes.

Al saludarte te reiteramos la oración que nos une y el encuentro en la Eucaristía. Dios te siga bendiciendo a ti y a tu Iglesia diocesana.

En Cristo Jesús

+Mario Moronta R.,
Obispo de San Cristóbal y el Colegio de Consultores de la Diócesis

José Borelli Arellano, Angel Delgado, Reinaldo Balza, David Ramírez,

Nepomuceno Hernández, Wilfredo González sj, Javier Yonekura, David Pabón, Manuel Da Rocha, José Lucio León, Joel Escalante, Félix Caicedo.

S.E.R. ANTONIO LOPEZ CASTILLO,

ARZOBISPO DE BARQUISIMETO.

QUERIDO HERMANO:

Queremos hacerte llegar nuestra expresión de fraterna comunión y solidaridad ante las amenazas que has recibido del Presidente de la República, por lo predicado durante la celebración de la fiesta de la DIVINA PASTORA.

Se te acusa de promover el odio y la violencia. Pero lo que has hecho es anunciar el evangelio de Jesús y reafirmar tu compromiso como pastor con los más necesitados

Queremos ratificarte nuestra comunión fraterna y que no estás solo. Tú y tu Iglesia de Barqusimeto están presentes en nuestra oración y en nuestro compromiso de anunciar el evangelio de Jesús liberador. Puedes contar con todos nosotros. Es hora de mostrar que no somos una simple red de hermanos y de acción social: somos todos hermanos convocados por el Espíritu para dar razón de nuestra fe. Desde San Cristóbal, Barquisimeto, su Obispo, presbiterio y fieles, sienta, que somos uno en el Señor Jesús. Responsabilizamos a las autoridades del país sobre lo que pueda acontecer con Ustedes.

Al saludarte te reiteramos la oración que nos une y el encuentro en la Eucaristía. Dios te siga bendiciendo a ti y a tu Iglesia arquidiocesana.

En Cristo Jesús

+Mario Moronta R., Obispo de San Cristóbal

y el Colegio de Consultores de la Diócesis

José Borelli Arellano, Ángel Delgado, Reinaldo Balza, David Ramírez,

Nepomuceno Hernández, Wilfredo González sj, Javier Yonekura, David Pabón, Manuel Da Rocha, José Lucio León, Joel Escalante, Félix Caicedo

 

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Arquidiócesis de Mérida envía palabras de Solidaridad a Mons. Antonio López Castillo, Arzobispo de Barquisimeto y Mons. Víctor Hugo Basabe, Obispo de San Felipe,

A nuestros queridos Mons. Antonio López Castillo, Arzobispo de Barquisimeto y Mons. Víctor Hugo Basabe, Obispo de San Felipe, el Clero de la Arquidiócesis de Mérida*

*LO QUE EL SEÑOR ABORRECE*

“Hay seis cosas, y hasta siete, que el Señor aborrece por completo: los ojos altaneros, la lengua mentirosa, las manos que asesinan a gente inocente, la mente que elabora planes perversos, los pies que corren ansiosos hacia el mal, el testigo falso y mentiroso, y el que provoca peleas entre hermanos”.(Proverbios 6, 16-19).

En reunión de clero merideño, realizada hoy martes, en nuestra casa de formación sacerdotal el Seminario Arquidiocesano San Buenaventura de Mérida. Los sacerdotes decidimos pronunciarnos ante las amenazas y ataques desmedidos contra dos insignes y muy respetados pastores nuestros, como son: el Excmo. Mons. Antonio López Castillo Arzobispo de Barquisimeto, y el Excmo. Mons. Víctor Hugo Basabe, Obispo de San Felipe; quienes con voz profética y como apóstoles de la verdad denunciaron en sus homilías con motivo de la solemne Festividad en honor a la Santa Patrona del Estado Lara: la Divina Pastora, sobre la situación crítica y lamentable que hoy y desde hace ya varios años padecemos todos los venezolanos.

Reiteramos todo nuestro apoyo a estos dos sucesores de los Apóstoles que movidos por la fe han salido al frente en defensa de los derechos humanos fundamentales del pueblo venezolano.

Nosotros los sacerdotes nos sentimos heridos como ovejas cuando hieren a su pastor y a la vez nos preocupa el hecho de ver el límite que ocupa este caso cuando se ataca de esta manera a los pastores de nuestra Iglesia, a la institución y a la investidura que cada uno de ellos representa: ¿Qué quedará para el resto de la población?, desasistida de quienes deben ser sus custodios y garantes.

Queridos pastores, seguimos unidos en la oración y en cada una de las Eucaristías que continuaremos celebrando desde nuestras parroquias por el rescate de la justicia la paz y la libertad de nuestra querida y amada patria Venezuela consagrada al Santísimo Sacramento.

Que la Divina Pastora cubra con su manto maternal a esta tierra llena de gracias bendiciones y fe.

Con un abrazo fraterno en Cristo Jesús, les pedimos nos bendigan.

*Mérida 16 de enero de 2018*

*El Clero Merideño en unión de sus pastores el
Emmo. Sr. Cardenal Baltazar Porras Cardozo,
Mons. Luis Enrique Rojas Ruiz
Mons. Alfonso Márquez Molina

 

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Arquidiócesis de Ciudad Bolívar envía carta de Solidaridad a Mons. Antonio López Castillo, Arzobispo de Barquisimeto y Mons. Víctor Hugo Basabe, Obispo de San Felipe

ARQUIDIÓCESIS DE CIUDAD BOLÍVAR
CARTA DE ADHESIÓN Y SOLIDARIDAD A NUESTROS PASTORES MONS. ANTONIO LÓPEZ CASTILLO, ARZOBISPO DE BARQUISIMETO Y MONS. VICTOR HUGO BASABE, OBISPO DE SAN FELIPE.

El Señor Yahvé me ha concedido el poder hablar como su discípulo. Y ha puesto en mi boca las palabras para fortalecer al que está abatido. (Is 50, 4).

El Sr. Arzobispo de Ciudad Bolívar, Mons. Ulises Antonio Gutiérrez Reyes en unión al presbiterio arquidiocesano, manifestamos nuestra adhesión y solidaridad a nuestros pastores Mons. Antonio López Castillo, Arzobispo de Barquisimeto y Mons. Víctor Hugo Basabe, Obispo de San Felipe ante las graves e infundadas acusaciones proferidas con un lenguaje soez y ofensivo por el Sr. Presidente de la República Nicolás Maduro.

Durante la homilía de las celebraciones con motivo de la fiesta de la Divina Pastora en la Ciudad de Barquisimeto el pasado 14 de enero, a la luz de la palabra de Dios, nuestros obispos denunciaron la deplorable e inaguantable situación que hoy vivimos el pueblo venezolano.

Como Iglesia particular que peregrina en Ciudad Bolívar, hacemos presente nuestra cercanía, oración y solidaridad con ellos por lo expresado, haciendo nuestra cada una de las denuncias emitidas.

Es inaceptable que la ley contra el odio y la intolerancia, argumentada por el Sr. Presidente, sea usada para criminalizar la denuncia y al mismo tiempo provocar miedo y autocensura.

Les animamos para que sigan cumpliendo su misión profética, siendo voz de los sin voz, y hacer vida la frase tan memorable en estos momentos de San Juan Pablo II, en su visita a nuestro país: NO TENGAN MIEDO.

Responsabilizamos al Sr. Presidente de la República y a los organismos del Estado por cualquier daño o violencia que pueda acaecer en contra de los pastores de la Iglesia.

Pedimos a la Santísima Virgen María Pastora de nuestras almas, que interceda por la paz, bienestar y reconciliación de nuestro sufrido pueblo venezolano.

Ciudad Bolívar, 17 de Enero de 2018

 

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Diócesis de El Vigía-San Carlos del Zulia envía comunicado de solidaridad para manifestar su apoyo a Mons. Antonio López Castillo Arzobispo de Barquisimeto y . Mons. Víctor Hugo Basabe, Obispo de San Felipe

DIÓCESIS DE EL VIGÍA – SAN CARLOS DEL ZULIA

“Bienaventurados serán cuando los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo.” (Mt. 5, 11-12).

El Obispo de la Diócesis de El Vigía – San Carlos del Zulia en unión con su presbiterio, acordamos en la reunión del Clero celebrada el 16 de enero de 2018 en la parroquia San Isidro Labrador de Arapuey Estado Mérida, manifestar nuestro apoyo irrestricto al Excmo. Mons. Antonio López Castillo Arzobispo de Barquisimeto y al Excmo. Mons. Víctor Hugo Basabe, Obispo de San Felipe; quienes el día 15 de enero fueron objeto de insultos, ofensas y amenazas reprobables desde todo punto de vista, por el ejercicio de su misión profética en las homilías pronunciadas el día 14 de enero con motivo de la Festividad de la Divina Pastora, donde dichos pastores expresaron palabras de ánimo y esperanza a todos los venezolanos que sufrimos los estragos de la crisis actual. Por tal motivo, sentimos como propios dichos ataques y en consecuencia los rechazamos de manera absoluta.

Como Iglesia local estamos en comunión con todos los Obispos, nuestros pastores, y queremos expresar no sólo sentimientos de solidaridad, sino que asumimos en su totalidad la Exhortación emanada de la CIX Asamblea Ordinaria Plenaria de la Conferencia Episcopal Venezolana y los mensajes proféticos pronunciados en la Festividad de la Divina Pastora, ya que como sacerdotes compartimos la misión profética de Cristo y experimentamos los dolores y sufrimientos de nuestro pueblo venezolano.

Los que ofenden e insultan a los profetas por cumplir con su misión atacan a la Iglesia. Se les olvida o quizás ignoran que el profeta es una persona comprometida con su tiempo y con su pueblo, y su vivencia espiritual no lo separa de sus contemporáneos. El profeta es hijo de la cultura y de la época en que vive y su compromiso con el pueblo lo lleva a luchar por cambiar todo aquello que denuncia, aquello que es incoherente con el mensaje de Dios. El profeta es portavoz de Dios. Esto lo liga a una misión que va mucho más allá de sí mismo, y que lo empuja hacia una transformación del mundo en que vive según los designios de aquella voz que lo llama y envía.

Que la Santísima Virgen María bajo la advocación de la Divina Pastora, les otorgue su maternal protección en sus afanes pastorales e interceda ante Dios a fin de que Venezuela muy pronto transite por caminos de paz, justicia y progreso.

+ Juan De Dios Peña Rojas
Obispo de El Vigía – San Carlos del Zulia

Presbiterio de la Diócesis de El Vigía-San Carlos del Zulia
Arapuey, 16 de Enero de 2018

 

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Comunicado de la Pastoral Juvenil de Venezuela en apoyo a nuestros de nuestros Obispos Monseñor Antonio José López Castillo, Arzobispo de Barquisimeto y Monseñor Víctor Hugo Basabe, Obispo de San Felipe.

El Departamento de Pastoral Juvenil del Secretariado Permanente del Episcopado Venezolano (SPEV) en comunión con la Comisión Episcopal de Adolescencia y Juventud y la Coordinación Nacional de Pastoral Juvenil de Venezuela, muestra su cercanía y apoyo a Monseñor Antonio José López Castillo, Arzobispo de Barquisimeto y Monseñor Víctor Hugo Basabe, Obispo de San Felipe, antes los injustos ataques sufridos con motivo de las homilías pronunciadas en las recientes celebraciones de la 162 visita de la Divina Pastora a Barquisimeto este 14 de enero de 2018.

Como Iglesia Joven de Venezuela, queremos identificarnos plenamente con los pronunciamientos de nuestros Obispos, quienes inspirados por el Espíritu Santo, nos muestran que es posible asumir el compromiso de construir una sociedad más justa, mas fraterna, más solidaria aquí y ahora, siendo jóvenes valientes que de la mano de Nuestra Señora de Coromoto, viven el camino de las Bienaventuranzas, renovando con “valentía y esperanza” la opción preferencial por los pobres y excluidos.

Gracias queridos Obispos por ser la voz de nuestro pueblo en momentos tan particulares, gracias por mostrarnos una vez más que ser profetas de la esperanza es un deber que nos corresponde como cristianos, como hijos de Dios, como jóvenes católicos.

Dejándonos fascinar por la experiencia de ser “hijos de la misericordia” para aportar de manera concreta a la construcción de un mejor país, asumimos con responsabilidad nuestro compromiso de ser protagonistas auténticos de la caridad, discípulos misioneros convencidos de que nuestro Padre Dios no nos abandona.

Nuestro hermano Jesucristo camina con nosotros y el Espíritu Santo nos infunde nuevas fuerzas para convertirnos en constructores de una Venezuela que sea Buena Noticia para los Jóvenes.

¡Esta juventud tiene que inventar un país!

¡Gracias a nuestros pastores por acompañar nuestro caminar!

¡Oramos siempre por ustedes!

Departamento de Adolescencia y Juventud
Conferencia Episcopal Venezolana
17 de Enero de 2018

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Homilía de Mons. Víctor Hugo Basabe en la celebración Eucaristica de la visita 162 de la Divina Pastora en Barquisimeto

HOMILIA CON OCASIÓN DE LA EUCARISTIA POR LA
162ª VISITA DE LA DIVINA PASTORA A BARQUISIMETO
BARQUISIMETO 14 DE ENERO 2018

Queridos hermanos Obispos, sacerdotes, religiosas (os) seminaristas, agentes de pastoral y laicos de los distintos movimientos de apostolado seglar que, desde distintos rincones de Barquisimeto y de Venezuela han venido hoy a sumarse a la alegría y devoción del pueblo larense en ocasión de la 162 peregrinación de la Divina Pastora a Barquisimeto. Autoridades civiles, policiales y militares.

Queridos hermanos todos.
Permítanme expresar en primer lugar mi más sentido agradecimiento a mi hermano Mons. Antonio López Castillo, Arzobispo de esta Iglesia de Barquisimeto y al Comité organizador de esta gran fiesta de la devoción mariana por su deferencia al permitirme presidir esta Eucaristía.

Esta fiesta del amor de un pueblo por la Madre amorosa de Jesús y madre nuestra, se realiza en un marco muy particular.
A nivel litúrgico, estamos en el ocaso del II Domingo del Tiempo Ordinario. Un domingo en el que las lecturas propias de la Misa nos han invitado a vivir atentos en la escucha del Señor a imitación del pequeño Samuel y a seguir a Jesús a fin de que el encuentro con él transforme nuestras vidas y le dé sentido pleno a nuestra existencia, como ocurrió con aquellos dos discípulos que al escuchar el testimonio de Juan sobre el Maestro y luego de pasar la tarde con él vieron transformadas sus vidas para siempre.

En medio del contexto de este segundo domingo del tiempo ordinario. Pero desde las lecturas escogidas para esta solemnidad. Esta jornada mariana tan especial para el pueblo de Venezuela y, en particular para el pueblo larense, nos invita a recordar el amor de Dios por nuestra tierra, de manera especial, en momentos de dificultad como los que ahora vivimos, y a renovar nuestro amor y confianza filial para con María a quien Cristo nos donó como madre al pie la Cruz y quien ha querido hacer de Venezuela tierra privilegiada de su presencia al dársenos en la Coromoto de los llanos, en mi amada Chinita de Maracaibo, en Nuestra Señora del Valle de Margarita y todo el oriente, en la Consolación de Táriba de las montañas andinas, en la Divina Pastora de Lara y de toda Venezuela, y de tantas advocaciones bajo las cuales la venera este noble pueblo.
Ese amor de Dios por Venezuela lo debemos descubrir también, en el oráculo profético de Zacarías que escuchamos en la primera lectura. En él, debemos encontrar la voz reconfortante de Dios que nos anima a los venezolanos a no dejarnos ganar por la desesperanza y a pensar que se ha olvidado de nosotros.

Hoy es Venezuela, ese pueblo asediado por tantos males como el Israel del tiempo del profeta, a cuyo encuentro viene el Señor para recordarle que ha puesto su morada en medio de él para siempre. Hoy somos nosotros ese pueblo que en medio de tantas dificultades debe alegrarse por la certeza de que su Dios viene en su ayuda. Hoy somos nosotros los llamados a entender que nuestro destino como nación, no está en manos de un hombre, de un gobierno o de un imperio, que nuestro destino está en las manos de Dios y que por ende en buenas manos está.

Por eso, como el profeta, yo te digo hoy Venezuela, desde esta tierra de la Madre del Divino Pastor, aún en medio de tantas dificultades y angustias, ¡Alégrate y salta de gozo! Porqué el Señor tu Dios está en medio de ti!

También hoy, la voz agradecida de María que resuena en su cantico de alabanza en el salmo responsorial, debe ser la voz agradecida del pueblo venezolano reconociendo las tantas maravillas y las obras grandes que a lo largo de nuestra historia Dios ha realizado y tenemos certeza, continuará realizando en nuestro favor.

Hoy, a la luz del Evangelio proclamado, viendo el ejemplo de caridad y servicio de María que va a ponerse a disposición de su prima Isabel sabiendo que necesita de su ayuda y compañía, debemos disponernos a imitarlo y salir presurosos al encuentro de tantos hermanos que hoy en nuestra tierra están sumidos en la desesperación y angustia a la espera de que vayamos a su encuentro con una palabra de aliento, con un gesto de caridad y sobre todo, como mensajeros del amor y la esperanza divinas.
Contemplando el ejemplo y la disponibilidad de María, me vienen a la mente las palabras del p. Luis Ugalde SJ, en la sesión inaugural de la recientemente concluida CIX Asamblea Plenaria Ordinaria del episcopado venezolano. Ante la verdad del hambre y desolación en la que cientos de miles de nuestros hermanos están sumidos en la hora actual, a quienes creemos en Cristo en esta tierra, la realidad nos desafía a optar por el camino de la bendición o la maldición eternas de las que nos habla Jesús en el capítulo 25 del evangelista Mateo. Es la hora no sólo para decir que muchos venezolanos están con hambre, sedientos, enfermos, desnudos, presos y forasteros. Es más bien la hora del dar de comer, es la hora del dar de beber, es la hora del vestir la desnudes, es la hora de visitar y confortar al enfermo y al preso, es la hora de acoger a quien pasa por nuestras ciudades y pueblos buscando un mejor destino. Es la hora de elegir la senda de la bendición descubriendo el rostro de Cristo en el rostro sufriente de nuestro hermano. Que se multipliquen en nuestra tierra los gestos de caridad cristiana, que los discípulos de Jesús no nos excusemos en esta hora de la caridad que nos urge. Que como los discípulos ante la verdad de la multitud hambrienta que escuchaba a Jesús, cuando él les dijo “denles ustedes de comer”, no nos excusemos en el decir que no tenemos recursos suficientes, sino que, como aquel joven del cual nos habla el Evangelio, también nosotros nos dispongamos a poner en las manos de Jesús, hoy presente en las manos de nuestros agentes de pastoral social, nuestros cinco panes y nuestros dos pescados, con la certeza de que el milagro de nuevo se realizará.

No escojamos el camino de la maldición en el que se han empeñado quienes niegan que en Venezuela hay hambre y desnutrición. Quienes le cierran las puertas a quienes en el mundo quieren venir a nuestra ayuda negándose a la posibilidad de apertura de un corredor humanitario que permita hacer llegar a Venezuela alimentos y medicamentos. Quienes niegan –aunque lo ven con sus propios ojos- que miles de Venezolanos buscan que comer entre la basura. Quienes se empeñan en decir que en Venezuela todo está bien y que tenemos comida para alimentar a múltiples naciones, cuando la gran verdad es que en Venezuela cada vez más falta de todo y sobre todo alimentos. Quienes están empeñados en no entender que la causa fundamental de los males de Venezuela está en la persistencia en un modelo político económico y social, negador de Dios y por ende de la dignidad humana.

Delante de nosotros pues, una vez más está el camino de la bendición y la maldición. Hermanos creyentes en Cristo, escojamos la senda de la bendición para que un día sobre nosotros sean pronunciadas las palabras del Maestro que nos dice: “Vengan benditos de mi Padre, pasen al banquete preparado para ustedes desde la eternidad, porque tuve hambre y me dieron de comer, porque tuve sed y me dieron de beber, porque estuve desnudo y me vistieron, porque estuve enfermo y me visitaron, porque estuve preso y fueron a verme, porque cada vez que algo de esto hicieron con uno de mis hermanos más necesitados, conmigo lo hicieron.

Por otro lado, también en este domingo, de la mano del Santo Padre Francisco, la Iglesia universal celebra hoy la Jornada Mundial del migrante y del refugiado. Ella nos invita, a sensibilizarnos ante la realidad de millones de personas que en el mundo buscan refugio en otras tierras huyendo de la guerra, los desastres naturales, la pobreza, la persecución política o simplemente en búsqueda de mejores condiciones de vida que en su tierra no encuentran o les son expresamente negadas. En este último caso, no puedo dejar de sentir dolor y hacer mía la tristeza de tantas de nuestras familias venezolanas que hoy se ven tocadas por la migración de sus miembros a tierras desconocidas. Son ya millones de hermanos venezolanos, sobre todo jóvenes, los que se han marchado de nuestro país en búsqueda de nuevos horizontes y mejores condiciones de vida para ellos y para los seres queridos que dejan en su patria.

Hasta hace algunos años, Venezuela fue un país que acogió, protegió, promovió e integró a tantos hermanos que desde distintos lugares del mundo vinieron a esta tierra en búsqueda de un mejor futuro. Jamás pensábamos entonces, que llegarían estos días aciagos que hoy vivimos, en los que los venezolanos serían los que tendrían que marcharse de su país buscando ser acogidos, protegidos, promovidos e integrados en sociedades muchas veces hostiles a su presencia.

Encomendemos a la protección amorosa de la Madre del Divino Pastor, a tantos hermanos nuestros que hoy no están en este suelo que los vio nacer y del que quizás nunca pensaron tendrían que marcharse. Que ella guíe y custodie sus pasos y, en medio de las situaciones que les toque vivir, les mantenga en la certeza de que su Hijo Jesús está con ellos y les acompaña y bendice a donde quiera que vayan.

A ustedes queridos hermanos que hoy están fuera, les invito a mantenerse unidos a Cristo y a buscar la protección de su Santísima Madre. También, a tener presente que ésta tierra les espera con los brazos abiertos. Aquí nunca serán extranjeros, aquí están sus seres queridos y, sobre todo, aquí estará Venezuela esperándoles para que juntos emprendamos la tarea de reconstrucción de nuestro país cuando esta “peste” que hoy nos azota sea parte del pasado.

Ante la verdad de la migración, insisto también en llamar la atención a los jóvenes que están pensando en la posibilidad de marcharse del país. A ustedes les repito las palabras que tantas veces en mis encuentros con los jóvenes de Yaracuy he pronunciado y que en muchas ocasiones han sido molestas para quienes en el fondo se sienten tocados en su conciencia por la responsabilidad que saben les corresponde en este hecho. No son ustedes muchachos los que tienen que irse.

Si alguien tiene que irse de Venezuela, es quien es responsable de este desastre al que nos han conducido. Si alguien tiene que irse es quien es responsable de que miles de niños hayan ya atravesado la frontera de la desnutrición severa. Si alguien tiene que irse, es quien es responsable de que haya miles de venezolanos hurgando en la basura buscando un desperdicio para saciar el hambre. Si alguien tiene que irse, es quien es responsable de la corrupción que condena a los enfermos a morir de mengua por falta de atención en los hospitales insumos médicos y medicamentos. Si alguien tiene que irse de Venezuela, es quien está empeñado en pisotear la dignidad de los venezolanos al pretender convertirnos en mendigos y pordioseros dependientes sólo de las dádivas que ocasionalmente y clientelarmente nos ofrezcan.
Madre del Divino Pastor, Divina pastora de las almas a ti nos encomendamos.

En tus manos ponemos a toda Venezuela y su futuro. Consíguenos de tu hijo Jesucristo un corazón como el tuyo, dispuesto a la escucha, al servicio y al amor. También la sabiduría que necesitamos en esta hora para poder encontrar caminos de solución a tantos problemas que nos aquejan. Hoy, como en 1855, es todo el pueblo venezolano el que hace suyo el clamor del P. Macario Yépez, y te pide nos libres de tantas pestes que nos afligen. De la peste de la indiferencia para con tu Hijo Jesucristo que nos hunde en la desviación ética y moral y no nos permite reconocernos como hermanos hijos de un mismo Dios y hermanos en Jesucristo. De la peste de la indiferencia que nos postra en la comodidad y no nos permite entender que hay gente que necesita urgentemente de nuestro auxilio. De la peste de la indiferencia que no nos permite entender que el futuro de Venezuela no lo construyen unos pocos sino que será el fruto del esfuerzo de todos. De la peste de tanta corrupción política que ha conducido a Venezuela a la ruina moral, económica y social y que es causa de tanta muerte y destrucción en medio de nosotros.

Seguros estamos, que tú intercederás por nosotros. Desde ya te pedimos, oh Madre, que el próximo año, tu venida a Barquisimeto, se realice en el contexto de una fiesta de la libertad, que vengas sobre los hombros de un pueblo que unido a tu hijo Jesucristo y a ti como a su madre amorosa haya decidido asumir su destino y se haya decidido a re enrumbar a Venezuela por los auténticos caminos del progreso, la justicia, la solidaridad y la paz.

Viva La Divina Pastora
Viva el pueblo de Venezuela
Viva el pueblo de Lara
Sea alabado y bendecido por siempre Jesucristo.

Mons. Victor Hugo Basabe
Obispo de San Felipe

Prensa CEV
16 de enero de 2018

 

 

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