Resumen Homilía Domingo 18 de Febrero

Y EL ESPÍRITU EMPUJÓ A JESÚS AL DESIERTO

 

Algo que nos identifica hoy con Jesús es la experiencia de vivir en medio de un desierto, o sentirnos en medio de un desierto y atacados por tentaciones que ofrecen resolvernos lo básico, que en definitiva es lo que vamos necesitando con urgencia en nuestro día a día, sentimos hambre, quisiéramos tener y poseer, y nos gustaría controlar y tener poder. El mal espíritu como le llama San Ignacio de Loyola, conoce nuestra flaqueza y necesidad y como es el padre de la mentira intenta confundirnos, haciéndonos creer que algo es aquello que no es realmente, o nos muestra caminos fáciles para alcanzarlos, hacer ver como bueno aquello que no lo es o que nos aparta de lo mejor, se aprovecha de nuestros momentos de crisis, sequedad y aridez espiritual, afectiva, moral, física, y nos ataca para hacernos caer y perder lo poco o mucho que hemos recorrido. Jesús va al desierto y allí saborea la tentación propia de cada ser humano, de cada persona. Jesús se expone, se arriesga y se permite vivir la tensión del tentador aprovechándose de la fragilidad humana. Como ya decía se aprovecha del hambre, la soledad, el no poseer, el ser ignorado, es el  terreno propicio para el demonio  proponer Riquezas, honores y placeres y como persona, como  hombre, como humano, Jesús  supo definirse y defenderse. Jesús en el desierto se solidariza en verdad con la lucha diaria que sostenemos quienes creemos y queremos hacer las cosas bien, y también con aquellos que viven doblegados al tentador. Haciendo entonces del desierto una escuela para fortalecer la voluntad, crecer en confianza y en discernimiento de qué es lo que me conviene y a qué he de renunciar. La humanización de Jesús no es un disfraz, ni una apariencia, en su piel, en su carne humana siente y experimenta el acoso del tentador de manera que puede ser para el pueblo un Dios compasivo y misericordioso porque ha sido tentado, como lo dice la carta a los Hebreos hablando de Cristo como sumo sacerdote. Jesús probado en todo, conoce la debilidad humana, sufrimientos pesares y necesidades, pero también conoce que hay maneras de vencer y salir victorioso frente al maligno. Esa manera la encontramos en el salmo responsorial: Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. La intención de Jesús es hacer del desierto escuela de vida, no una escuela para luchar sino una escuela para vencer, por eso nos ofrece esencialmente su ternura y su misericordia que son eternas. Quiere enseñarnos el camino a los pecadores; y hacernos caminar en humildad y rectitud.

Que podamos aprender de cada situación de crisis y de desierto, y que salgamos vencedores y fortalecidos para seguir asumiendo la sequedad de la vida desde Dios y su verdad y no desde el mal y la mentira.

 

SUMARIO: Y SE QUEDÓ EN EL DESIERTO CUARENTA DÍAS, DEJÁNDOSE TENTAR POR SATANÁS

 

REFLEXION: ¿Qué situaciones identificas como un desierto en tu realidad actual?, ¿Qué tentaciones se dan en medio de esa realidad que vives como desierto?, ¿Cómo luchas para vencer?

Resumen Homilía Domingo 11 de Febrero

Y LO TOCÓ, DICIENDO: «QUIERO: QUEDA LIMPIO»

 

Movido por Palabra que nos presenta el caso de la lepra y su sanación, investigue los síntomas de la enfermedad. Decía: aparecen lesiones en la piel que van deformando, la bacteria afecta los nervios produciendo daño neurológico, ocasiona pérdida de la sensibilidad en la piel y debilidad muscular. Al perder la capacidad de percibir el dolor, el frío o el calor, los enfermos pueden herirse o quemarse pues están realmente insensibles. Los rasgos se transforman y a causa de las úlceras en la piel, el desagradable aspecto físico y el olor producto de las llagas, se da un aislamiento y el rechazo social. Revisando nuestra vida quizás encontramos síntomas, no en lo físico, pero si en lo espiritual, en lo afectivo, en lo moral. Vamos por la vida, con lesiones, con heridas que van deformando nuestros criterios de actuación. Hay realidades vividas, permisividades y relativismos, que nos van haciendo insensibles ante nosotros mismos y ante los demás, llegando a hacernos daño, a dejar dañarnos y a dañar a otros por insensibilidad. Hay situaciones que nos aíslan, que nos encierran, que nos acorazan y que hacen también que nos rechacen, juzguen, nos dejen de lado. En definitiva en mayor o menos medida tenemos lepra.

Orando en un retiro me sentía leproso, enfermo, indigno, con una historia herida, viviendo en la insensibilidad, aislado, corrompido, incompleto. Y leyendo el evangelio de hoy le dije: “Señor si quieres puedes limpiarme, y Jesús extendió su mano me toco y dijo: quiero queda limpio”. Señor por mi y por el resto de tus hijos te pido que me limpies, y cuando levanté la mirada me quedé viendo un Cristo Crucificado de barro, color ocre, no pulido y encontré que Cristo en su entrega me había tocado y que se había contagiado para liberarme y me decía: te quiero, estás limpio.  Ese momento me transformó, sentir la fuerza de la Palabra, la voz de Dios, el abrazo de Cristo, eso marcó mi historia. No sabía qué hacer, temía contar lo que había vivido pero necesitaba hacerlo y entonces conté todo a quien acompañaba el retiro, le mostré la lepra de mi corazón y ella me dijo: “Dios es capaz de curarte,  pues lo más profundo de ti, que es tu ser Hijo de Dios, eso no lo ha alcanzado ninguna lepra, eso está intacto, Él puede sanarte”, y me dijo lo de Jesús: “ve preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés”. Yo entendí que necesitaba la absolución sacramental y me confesé, encontré tanto amor y me sentí nuevo. Comprendí  que Dios no solo busca perdonar sino transformar, Toda historia la hace nueva. Y cumple el salmo: “Feliz el que es absuelto de su culpa. Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa» y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. Alégrense y gocen con el Señor; aclámenlo los de corazón nuevo.

 

REFLEXIÓN: ¿Reconoces síntomas que reflejan la necesidad de sanación por parte de Dios en tu vida?, ¿Desde cuándo no te acercas a la confesión para recibir el perdón y quedar sano?

 

SUMARIO: Y suplicándole de rodillas le dijo: «Señor si quieres, puedes limpiarme»

Resumen Homilía Domingo 04 de Febrero

ÉL CURÓ A MUCHOS ENFERMOS Y EXPULSÓ LOS DEMONIOS

 

Hay situaciones en las que el corazón y la vida grita lo del libro de Job. “Mi herencia son meses vacios, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas en mi cama. Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza”, eso en todos los tiempos. El evangelio está minado de momentos de restauración, de levantar a la persona, de sanarla, Galilea se ha convertido en la ciudad de la sanación, del milagro, del perdón y la liberación. Jesús ha escuchado del Padre: Quiero que sanes a tus hermanos, quiero que cures la raíz del mal, que seas el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Quiero que lo hagas con tu vida, tu palabra, tus manos, tus gestos, todo tu ser.

Jesús a su paso tiene una misión, que ha de llegar a todos: transformar vidas, reconstruir historias, sanar las heridas, sanar física, espiritual y psicológicamente. Jesús No es un milagrero, no es un curandero, es un reconstructor de  vidas desde dentro y si para ello es necesario curar la enfermedad física lo hace, pero sobretodo busca sanar el corazón, sanar la conciencia. Es por esto que une el perdón y la sanación, su misericordia es sanación y salvación. Hay heridas que no sangran, hay dolores más fuertes que los físicos, hay sufrimientos que matan, hay situaciones en el transcurso de la vida que dejan huellas que no las cura la ciencia, o mejor dicho solo la ciencia. Normalmente las heridas son por falta de amor del que hiere y del herido. Jesús descubre en el camino que necesita sanar los cuerpos pero también el afecto de los que se acercan, que necesita liberarles y no ser un peso que ahoga y oprime.  Jesús con la Suegra de Pedro y con todos los que se acercaban es el buen samaritano con el hombre caído, golpeado, herido, abandonado, con el se compromete. Jesús cuando explica esta parábola estaba hablando de su vida.  Cuántos caídos, heridos, sordos, ciegos, endemoniados, paralíticos, tullidos, presos interiormente, esclavos, viciosos y Jesús no pasa de largo, y los sana y los salva, y los perdona, y los ama. No lo curo con ungüento ni con hierbas sino con la Palabra de Dios que todo lo cura, con su amor, con su perdón.

Jesús comprende y vive el encargo de mirar con los ojos del Padre y amar con su corazón lleno de amor incondicional y desde ahí sanar, sin instalarse en un solo lugar sino yendo a todos los pueblos.  Está convencido que no hay manera de curarse ni de curar si no es desde esa mirada y ese corazón de Dios volcado sobre la miseria humana. Ese mismo encargo se nos da hoy, dejarnos sanar y sanar, dejarnos levantar y levantar. Pablo lo expresa con una urgencia apremiante: ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!. Comprende que muchas felicidades dependen de que él asuma o no esa misión encomendada.

 

REFLEXION ¿En qué sirve para ti esta misión sanadora de Jesús? ¿Qué sientes que Dios quiere sanar en tu vida?.  ¿De qué manera puedes vivir tú esta misión de Misericordia y sanación?

 

SUMARIO El Señor reconstruye. Sana los corazones destrozados, venda sus heridas.

Resumen Homilía Domingo 28 de Enero

¡SI NO ME ESCUCHAS A MI, ESCUCHA A MIS PROFETAS!

 

Conozco gente que cada día reza en el Padre nuestro “Hágase tu voluntad”, sin embargo, cuando Dios les dice o muestra su voluntad actúan como Israel diciendo: “No quiero volver a escuchar la voz de Dios”. Es contradictorio porque con la boca decimos quiero y con la vida nos negamos a escucharla y cuando la escuchamos nos negamos a realizarla. La primera lectura enseña que para hacer la voluntad de Dios es necesario escucharle a Él o dejarnos acompañar por “un profeta” de Dios. Nos dice: Suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande. Es en definitiva el ministerio del acompañante espiritual, que antes se llamaba director espiritual y que renovando el término, pues no es sano “dirigir” suplantando la capacidad de discernir, elegir y decidir de la persona, sino se trata de acompañar. Ir al lado, siendo testigo del proceso, advirtiendo, animando, sosteniendo, caminando junto al hermano. ¡Cuánta necesidad hay de profetas que acompañen al pueblo en el discernimiento de la voluntad de Dios!. ¡Cuánta de personas dispuestas a buscar la voluntad de Dios y de dejarse acompañar por un hermano idóneo para eso!. Acompañar que es similar a la labor de una partera. Que está cerca a la mujer en un momento de vulnerabilidad, hay una relación de confianza, de respeto mutuo, la partera ayuda a que se conozca, la partera ve claramente aquello que la parturienta no alcanza todavía ver, se encarga de esperar y trabajar desde fuera. Observa y desde su experiencia ve y actúa, pero nunca parirá en lugar de la mujer que tiene en frente.  Es esa la labor del profeta del que hablamos hoy y que se nos propone a nosotros ser. Ayudar a descubrir la verdad y a que la persona afronte con honradez y valentía su realidad y así superar temores y obstáculos para seguir mejor a Jesús de Nazaret. También iluminar y ayudar a discernir, para descubrir el deseo profundo de cada uno, el  de Dios y lograr esa comunión de voluntades.

También dice el Señor que “El profeta que tenga la arrogancia de decir en su nombre lo que él no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá”.». ¡Qué delicada esta labor!, ¡Qué delicado buscar la ayuda en la persona idónea y preparada!, ¡Qué importante no adueñarnos del don de “consejeros” pues podemos hacer mucho mal al otro y a nosotros mismos!. Recurramos al “profeta  acompañante” para comprender y discernir la propia vocación y estado de vida como lo dice la segunda lectura: El estado del soltero y del casado y la manera de servir a Dios y a los hermanos. Lo mismo que para actuar, como Jesús lo hacía, al encontrarse con poseídos por espíritus inmundos y así liberar a quien está oprimido por el mal desde la autoridad que da ser oídos y voz de Dios para los hermanos.

 

REFLEXIÓN: ¿Buscas escuchar a Dios en su Palabra y conocer su voluntad?, ¿Vives la voluntad de Dios cuando la conoces?, ¿Escuchas a Dios en la persona del “profeta acompañante espiritual?

 

SUMARIO:  Enseña con autoridad y a hasta los espíritus inmundos manda y le obedecen

Resumen Homilia Domingo 21 de Enero

INMEDIATAMENTE DEJARON LAS REDES Y LO SIGUIERON

 

San Ignacio de Loyola desde su experiencia presenta a toda persona cuatro disyuntivas: enfermedad o salud; riqueza o pobreza; honor o deshonor; vida corta o vida larga. El Santo se sitúa ante Dios y opina que hemos de buscar una total indiferencia entre dichas realidades y sus opuestas, nos invita a situarnos conformes entre ambas orillas con la posición que Dios adopte para nosotros. Naturalmente a todos nos agradan la salud, las riquezas, los honores, la prosperidad de la vida colmada de toda clase de dones. Y nos parecen repugnantes las enfermedades, la pobreza, las desgracias, las calumnias. Incluso decimos: cuánto bien se puede hacer con la salud, con el dinero se puede comprar hasta el Cielo, con los honores se puede hacer más por el Reino de Dios, y con una vida larga y próspera se pueden multiplicar las obras. Sin embargo nos dice Ignacio que nosotros no busquemos, deseemos ni ambicionemos estos supuestos bienes, ni siquiera estemos en estado de alerta y de defensa contra los otros supuestos males, recomienda mantenerse en estado de indiferencia, que es equilibrio de facultades, dominio de la voluntad, confianza y abandono en Dios. La indiferencia equivale al santo abandono en las manos de Dios que es bueno, confiar en Él que todo lo dispone para nuestro bien, habla san Ignacio de esta indiferencia como el secreto de la felicidad y la mejor manera de amar a Dios. Podríamos nosotros hablar de vivir en libertad de todo, de todos y de nosotros mismos. La Palabra nos habla de esto: “Los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque este mundo se termina”. Ser conscientes de lo pasajero que es todo, y no aferrarnos a nada ni a nadie, sino dejar que Dios haga en nosotros una transformación radical, de materialistas en más espirituales, de ambiciosos en humildes, de violentos en mansos. Esta libertad realmente es un don de Dios y por supuesto una elección nuestra. Brota de una invitación divina y de una respuesta de cada uno. Dice el evangelio que Jesús anunciaba: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: conviértanse y crean en el Evangelio.» y que pasando junto al lago, vio a Simón y a Andrés, pescadores que estaban echando la red. Y les dijo: «Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres.» Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Lo mismo hizo Santiago y Juan, dejaron a su padre, la barca y se marcharon con él. Pidamos ser libres para seguir a Jesús, para elegir el cielo, sin amarrarnos a nada, sin ataduras, disfrutando de lo que tenemos como si no existiera, o renunciando a todo si fuera necesario por tener la verdadera felicidad.

 

REFLEXIÓN:

¿Sientes que eres indiferente entre: enfermedad o salud; riqueza o pobreza; honor o deshonor; vida corta o vida larga? ¿Qué ataduras te impiden vivir la libertad que propone Jesús?

 

SUMARIO

«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: conviértanse y crean»

Resumen Homilía Domingo 07 de Enero

Resumen Homilía Domingo 07 de Enero

PASO HACIENDO EL BIEN Y CURANDO LOS OPRIMIDOS

 

Nos encontramos con el fin y el inicio de una etapa de la vida de Jesús. Todos hablan de Juan que predica la conversión y bautiza en el Jordán. Él anuncia que el Mesías está cerca, que el Reino se acerca y Jesús se acerca a esto que está siendo predicado y que está movilizando al pueblo.

Jesús se dirige a las aguas del Jordán, al inicio de su vida pública, se dirige a contestar tantas preguntas suyas y de tantos que ya no esperan, de tantos que ya no se preguntan. Baja al Jordán y en el Jordán observa el motivo de su humanización de cerca: La humanidad herida. La enorme fila de pecadores da confirmación a Jesús de su misión con más claridad. Allí ladrones, prostitutas, impuros, leprosos, infieles, asesinos, endemoniados, todos en la fila para confesar su pecado y recibir el agua que perdonaba y preparaba para recibir al que venía. Entraban al agua y en público decían su pecado, su sufrimiento. A un lado del Jordán estaban los fariseos haciendo Juicios, criticas y anclados en el pesado pasado. En el centro del rio Juan y cada pecador, acercándose al perdón y renovando la esperanza. Al otro lado la enorme fila de personas y entre ellos Jesús. El seguramente desde aquella colina que divisaba el Jordán, sintió compasión porque estaban como ovejas sin pastor. Jesús escuchó, vio, sintió aquel día el dolor de su pueblo de manera directa. Y seguramente recordó la lectura del Éxodo: “He visto la aflicción de mi pueblo, he visto como los oprimen, he escuchado su clamor. Por eso ve yo te envío”. Jesús entra en las aguas del Jordán y las purifica, se deja mojar con la misma agua que a los rechazados, excluidos y abandonados. Él ve que conviene por amor pasar por pecador, para acercarse por amor a ellos.  Y recibe allí con mucha más fuerza de parte del Padre una mirada compasiva, un corazón misericordioso. Juan anuncia un Bautismo de conversión, Jesús convierte, Juan predicaba que ya estaba cerca el Reino, Jesús es el Reino, Juan Bautiza, Jesús reconoce su misión: Cambiar vidas.  Ha llegado el momento de hacer resonar con fuerza la voz del Padre que dice: “Este es mi hijo amado”, también quiere decirlo de cada uno de nosotros y por nosotros quiere hacer llegar ese amor a todos.

Pedro en su carta hace referencia a aquello que “comenzó en Galilea, después del bautismo que predicó Juan”. Y dice: “Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él”. Esto es lo mismo que ha de decirse de todos los bautizados, todos ungidos con la fuerza del Espíritu. Es lo que se nos pide y confía, “Pasar haciendo el bien” en medio del mundo, curar, liberar, y hacer presente a nuestro Dios en todas las realidades de la vida, y anunciar que él, está con nosotros.

 

REFLEXION:

¿Vives de manera plena tu bautismo?, ¿Conoces tu misión de bautizado?, ¿Cómo Hijo de Dios, pasas haciendo el bien y haciendo presente a Dios en medio de tus realidades cotidianas?

 

SUMARIO: La voz del Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente.