Resumen Homilía Domingo 11 de Junio

Resumen Homilía Domingo 11 de Junio

PORQUE DIOS NO MANDO A SU HIJO PARA JUZGARNOS

 

El evangelio de este domingo, día de la Santísima Trinidad, nos hace un declaración de amor única e irremplazable: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no muera ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida”. Desde antiguo Dios ha ido acercándose de mil maneras a la humanidad, y después de enviar a  tantos como dice el evangelio: les envió a su hijo, diciéndose: A mi hijo lo respetarán. Quiso entonces Dios mostrar su amor y revelar su verdadero rostro y por amor se agacho, el misterio trinitario desde siempre guardado se reveló en Jesús, quien se hizo reflejo de la ternura incomparable de Dios. Un padre, o una madre, mide casi 1.80, el hijo quizás medio metro. Desde tan alto el padre apenas puede tomar de la mano, proteger. Pero para ver el rostro cara a cara… se baja, se pone en cuclillas y se hace tan pequeño como su pequeño. Así es más fácil mirarse, reconocerse y entenderse. Algo así pudo pensar el Padre cuando decidió enviar a su Hijo. Y así revestido de humanidad, tocando barro, el Padre podrá ser reconocido y abrazado por sus hijos con mucha más facilidad. Al menos no habrá problemas de altura ni de distancia. De esta forma la Palabra de amor, existente junto a Dios antes del principio, puso su tienda a la altura de las tiendas de los hombres. El Padre acampó en medio de sus hijos. Así comenzó una etapa nueva en la que el amor paternal de Dios y su ternura maternal nos fueron revelados, tanto Jesús como el Espíritu Santo consolador, que ha venido a quedarse para siempre en nuestra interioridad. El Dios de la misericordia el Dios cercano, el Dios del amor que aunque tiene cien ovejas busca la perdida… Un espera a sus dos hijos… El Padre sigue siendo siempre fiel a si mismo y tiene, hoy también, cien ovejas y dos hijos; y lo más importante de todo es que Dios sigue siendo el Padre que espera y abraza y el pastor que se echa al campo aunque ya es de noche. Y en cualquier caso el final inevitable como Buena Noticia: la alegría de la vuelta con la oveja al hombro y la fiesta con el hijo recobrado. El Padre nos abrió la casa, nos cubrió de dones, nos adornó con las mejores gracias e hizo de nuestra vida su morada por el santo Espíritu. Y ese amor hoy lo celebramos. El Dios que nos habita, que nos espera: “años y años esperándote llevo. Una vez y otra vez en esta espera granó la espiga y floreció el almendro. Y una vez y otra vez por si venías me asomé por las tardes al sendero. Y sin embargo seguiré esperando. Y todavía mientras que te espero, cuidaré que haya estrellas en tus noches y luz en tus auroras y flores en tu huerto”.(Patxi Loidi). La espera de Dios desde dentro, mientras nosotros vivimos por fuera, esa casa del Padre que no es un lugar sino que es nuestro corazón y donde anhela decirnos siempre: Hijo te esperaba.

 

 

SUMARIO

El Señor pasó ante él, proclamando: Dios es compasivo y misericordioso, lento a la ira, rico en clemencia y leal.

 

REFLEXION:

¿Quién es Dios para mi?, ¿Cuando me acerco a Dios, más allá de la teoría, siento que Dios me espera para abrazarme, amarme,  cuidarme, sanarme o creo que Dios me va a castigar a juzgar?.

Resumen Homilía Domingo 28 de Mayo

Resumen Homilía Domingo 28 de Mayo

RECIBIRÁN MI FUERZA Y SERÁN MIS TESTIGOS.

 

RECIBIRAN LA FUERZA DEL ESPIRITU

 

Celebramos que Jesús asciende al cielo y nos envía con la fuerza de su espíritu, a ser y hacer discípulos, a ser buena noticia, a enseñar a otros lo que de Él hemos aprendido.  Como El, nosotros hemos nacido para el cielo, nuestro fin último no está en el mundo, en el saber, en el poder, en el placer, ni en el tener, sino en lo eterno, en lo que no acaba, lo que no pasa nunca. Ese cielo se conquista, se alcanza, ya desde aquí. No mirando hacia el cielo sino ocupándonos de la tierra, de la realidad del mundo teniendo claro nuestro fin. Dice en la Palabra: Galileos, ¿qué hacen plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado y llevado al cielo, volverá como lo han visto marcharse. Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo y serán mis testigos hasta el confín de la tierra. La vida en la tierra se ha de vivir con los pies en el suelo y el corazón en el cielo. Es en el suelo, en la vida diaria, donde se nos envía a conquistar el cielo, a ser testigos con la fuerza del Espíritu, de todo lo aprendido, de todo lo vivido. Hubiese sido inútil la entrega de Jesús y su resurrección, si los discípulos se hubiesen quedado mirando el cielo. Ellos comprendieron que un día el maestro volvería a buscarles, y que el cielo dependía de haber hecho lo que tenían que hacer y de vivir a plenitud lo que podríamos llamar el “onceavo mandamiento”, el mandamiento misionero: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos, bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enséñenles a guardar lo que han aprendido. ¿Qué significa bautizar de esta manera y además enseñarles?, es hacerles hijos de Dios, es capacitarles para la santidad de vida como la de Cristo, es hacerles templo del Espíritu y hacerles Iglesia. Partiendo del sacramento enseñar a creer, a amar, y a vivir. Eso se hace en la cotidianidad, eso se enseña en la vida misma,  “Por atracción y no por proselitismo”,  lo que atrae y enseña con más fuerza es la propia vida. Los discípulos lo comprendieron y se hicieron testigos con la vida de todo cuanto creían y se hicieron poseedores desde ya del cielo prometido. Por eso la misión que nos ha encomendado Jesús no es opcional, es un mandato, enviados a ser testigos con la Palabra y la Vida, y desde la misma vida conquistar el cielo para sí mismo y para muchos. Dice la Palabra: Los que enseñaron brillarán como el esplendor del firmamento; los que guiaron a muchos por el buen camino, resplandecerán como las estrellas por toda la eternidad. Es una llamada a descubrir que mi eternidad dependerá de mi respuesta a este mandato de ser en el mundo testigo del amor, de la verdad, del evangelio, de la vida de Jesús y su enseñanza. De haber hecho lo que tenía que hacer, amar como tenía que amar, vivir como tenía que vivir, y enseñar todo lo que Él me ha enseñado.

 

SUMARIO:

Y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el final de los tiempos. (Mateo, 28,20)

 

PARA LA REFLEXION

Como los discípulos ¿estoy plantado mirando al cielo viviendo una fe estática o estoy viviendo el anuncio con la Palabra y la Vida de lo que Jesús nos ha enseñado con su vida y su Palabra?

Resumen Homilía Domingo 30 de Abril

Resumen Homilía Domingo 30 de Abril

QUÉDATE CON NOSOTROS PORQUE OSCURECE

SUMARIO:

La presencia del Resucitado entre nosotros, alienta nuestra esperanza y nos devuelve la fe. El evangelio de hoy es una muestra clara de que Dios no nos abandona, que va caminando con nosotros, que quiere escuchar lo que murmura el corazón y que se hace el encontradizo para hacernos comprender y reconciliarnos con la historia personal y común, explicarnos el por qué y sobre todo el para qué de cada situación. El camino de Emaús es el camino de la vida, es el andar diario entre frustración, desesperanza, miedos que nos hacen huir, es el paso a paso de una vida que cree encontrar lo que busca pero que al sentir perderlo se entristece, se nubla, se aísla. Como aquellos dos, muchas veces transitamos los caminos de este mundo bajo la pesadumbre de la desesperanza.  El Resucitado sale a nuestro encuentro para levantarnos con su vitalidad y devolvernos lo perdido.  Y lo hace enseñándonos a mirar con perspectiva esas mismas circunstancias que nuestro pesimismo nos hacen calificar  negativamente, como situaciones sin salida.

Recorrer nuestros caminos en compañía del Resucitado, cambia nuestra mirada entristecida respecto al pasado y nos ayuda a orientarla hacia el futuro, comprometiéndonos decididamente en su construcción.

La eucaristía es el gran signo de la Resurrección.  Es el lugar y el momento privilegiado para reconocer la presencia de Jesús Resucitado: “Cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.  Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron”.  Cristo se convierte para nosotros en alimento de la Verdad.  Compartiendo su presencia en la Palabra, en el Pan y en el Espíritu, nos libera de nuestros miedos y cobardías y nos dispone a ser “pan partido para la vida del mundo”, de manera que, fortalecidos por este alimento de vida, sembremos  esperanza a nuestro paso.

Caminar con Jesús en esperanza supone vivir como rescatados, como libres.  “Porque hemos sido rescatados de la necedad, no con algo caduco, oro o  plata, sino con una sangre preciosa, del Cordero…  Hemos sido reengendrados de un germen no corruptible, sino incorruptible, por medio de la Palabra de Dios viva y permanente” y así hemos de vivir, con el corazón ardiente y rebosante de alegría, de confianza, de paz, porque el que ha muerto y resucitado, el que se ha hecho fiador y fianza por nuestro rescate camina con nosotros. Cuando la oscuridad del desánimo y la tristeza hagan desfallecer nuestra esperanza, pidámosle a Jesús Resucitado: ¡Quédate con nosotros! Quédate con nosotros, porque se hace oscuro, porque sin ti nos desorientamos y perdemos. Quédate Jesús en nuestra vida y resucítanos contigo, porque sin Ti, nuestra existencia en gris y vacía de sentido, porque sin ti el corazón se enfría, el cansancio hastía y entonces, la esperanza muere.

REFLEXIÓN

Pide esto: Quédate Señor con nosotros para que comprendamos cada situación y a la luz de tu palabra y al ritmo de tu voz y no nos guie la tristeza sino el ardor de tu presencia

Resumen Homilía Domingo 16 de Abril

Resumen Homilía Domingo 16 de Abril

TENDRÁN DIFICULTADES, PERO ÁNIMO, YO HE VENCIDO

 

Con un estallido de luz en la oscuridad y solemne pregón, se rompió el silencio en la vigilia pascual, es el inició de un tiempo de gozo, que nos hace estallar de alegría y lanzar al aire, el grito del mensaje de resurrección: ¡Cristo vive!. “Resucitó mi Amor y mi Esperanza”, “El amor es más fuerte que la muerte”, “Él ha vencido el mundo”. En el horizonte de la resurrección brota la alegría de un Dios que no quiere que ninguna esclavitud tenga poder sobre nosotros. La fe en la Resurrección brota de la experiencia de verle, de captarlo vivo, presente, cercano. Aunque la fe es vivida con frecuencia en la oscuridad. La fe puede ser puesta a prueba. El mundo en que vivimos parece con frecuencia muy lejos de lo que la fe nos asegura; las ex­periencias del mal y del sufrimiento, de las injusticias y de la muerte parecen contradecir la Buena Nueva, y pueden es­tremecer la fe”, sin embargo, Él ha vencido. Escribía el sacer­dote J.L. Martín Descal­zo: “¿Cómo podemos pensar en Cristo sin que el co­razón nos es­talle?. La fe tiene que ser un te­rremoto, no una siesta; un volcán, no una rutina; una he­rida, no una costra; una pa­sión, no un puro asen­timiento”. Hemos de pedir que podamos experimentar ese gozo, in­cluso en medio de las persecuciones, y dificultades, y tener la certeza de que Él está pasando haciendo el bien y que aunque en el mundo tenemos tri­bulación, Él nos dice: ¡ánimo! yo he vencido al mundo”.

Solo Él puede hacer pos­ible que vivamos en medio de las dificultades, con la paz que da la fe en su Pa­labra. ¡Cuántas veces creo más en las dificul­tades y en los que las provo­can que en Jesús y en su fuerza! Y él no se cansa de sa­lir al encuentro como a los pri­meros discípu­los dándonos muchas pruebas de que vive.

Hoy se hace presen­te sobre todo en esos momentos de adversidad en los que en lugar de dejarnos vencer por la impotencia, hemos de apoyarnos en la fuerza de su amor y como oraba Don H. Cámara: “Si un día Tú mismo permites que el odio me salpique, y me prepare tram­pas, y fal­see mis intenciones, y las desfi­gure; que la mi­rada de tu Hijo vaya re­partiendo serenidad y amor a través de mis ojos… por mucho que mi paso vacile, haz que mi mirada, tranquila e ilu­mi­nada, sea un tes­timonio viviente de que te llevo con­migo, de que estoy en paz… que mi mira­da les recuerde a todos que no hay nadie que cuente con la fuerza suficiente para arran­carme de Ti”.

Señor, has vencido todo mal y toda muerte; tu vida y tu amor son más fuertes que toda otra realidad por evidentes y fuertes que parezcan, que pueda yo creer que puedes vencer tam­bién mi pequeño mundo, mi mal, mis muertes y las de otros. ¡Aumenta mi fe para que así, sea testigo de que con tu Resurrección has vencido y sigues venciendo!

 

SUMARIO:

El pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal, porque Dios estaba con Él.

 

PARA LA REFLEXIÓN:

¿Sientes que en tus dificultades, muertes, pecados y debilidades, vives con la fe en el que ha vencido toda muerte, o vives como quien se da por vencido y ya nada espera?

Resumen Homilía Domingo 09 de Abril

Resumen Homilía Domingo 09 de Abril

BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR

Vengan, subamos juntos al monte de los Olivos y salgamos al encuentro de Cristo, que vuelve hoy desde Betania, y que se encamina por su propia voluntad hacia aquella venerable y bienaventurada pasión, para llevar a término el misterio de nuestra salvación.

Viene, en efecto, voluntariamente hacia Jerusalén, el mismo que, por amor a nosotros, bajó del cielo para exaltarnos con él, como dice la Escritura, por encima de todo principado, potestad, virtud y dominación, y de todo ser que exista, a nosotros que yacíamos postrados.

Él viene, pero no como quien toma posesión de su gloria, con fasto y ostentación. No gritará -dice la Escritura-, no clamará, no voceará por las calles, sino que será manso y humilde, con apariencia insignificante, aunque le ha sido preparada una entrada suntuosa.

Corramos, pues, con el que se dirige con presteza a la pasión, e imitemos a los que salían a su encuentro. No para alfombrarle el camino con ramos de olivo, tapices, mantos y ramas de palmera, sino para poner bajo sus pies nuestras propias personas, con un espíritu humillado al máximo, con una mente y un propósito sinceros, para que podamos así recibir a la Palabra que viene a nosotros y dar cabida a Dios, a quien nadie puede contener.

Alegrémonos, por tanto, de que se nos haya mostrado con tanta mansedumbre aquel que es manso y que sube sobre el ocaso de nuestra pequeñez, a tal extremo, que vino y convivió con nosotros, para elevarnos hasta sí mismo, haciéndose de nuestra familia.

Dice el salmo: Subió a lo más alto de los cielos, hacia oriente (hacia su propia gloria y divinidad, interpreto yo), con las primicias de nuestra naturaleza, hasta la cual se había abajado Impregnándose de ella; sin embargo, no por ello abandona su inclinación hacia el género humano, sino que seguirá cuidando de él para irlo elevando de gloria en gloria, desde lo ínfimo de la tierra, hasta hacerlo partícipe de su propia sublimidad.

Así, pues, en vez de unas túnicas o unos ramos inanimados, en vez de unas ramas de arbustos, que pronto pierden su verdor y que por poco tiempo recrean la mirada, pongámonos nosotros mismos bajo sus pies, revestidos de su gracia, mejor aún, de toda su persona, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo; extendámonos tendidos a sus pies, a manera de túnicas.

Nosotros, que antes éramos como escarlata por la inmundicia de nuestros pecados, pero que después nos hemos vuelto blancos como la nieve con el baño saludable del bautismo, ofrezcamos al vencedor de la muerte no ya ramas de palmera, sino el botín de su victoria, que somos nosotros mismos.

Aclamémoslo también nosotros, como hacían los niños, agitando los ramos espirituales del alma y diciéndole un día y otro: Bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel
De las Disertaciones de san Andrés de Creta, obispo

PARA LA REFLEXIÓN:

¿Me conformo con batir palmas al Señor, o pongo mi vida a sus pies como alfombra agradable?, ¿El ramo bendito es para mi un amuleto o es un instrumento de alabanza y adoración al Rey de Reyes?

Resumen Homilía Domingo 02 de Abril

Resumen Homilía Domingo 02 de Abril

POSIBLES TITULOS

 

Y SE TRANSFIGURÓ DELANTE DE ELLOS

 

TU SERÁS UNA BENDICIÓN PARA MUCHOS.

 

LEVÁNTENSE, NO TENGAN MIEDO.

 

Jesús tiene una pedagogía teórica práctica al ejercer su ser maestro, Él desde la realidad prepara a sus discípulos para todo lo que vivirán en adelante, les permite vivir la dificultad, la dureza de la vida, la prueba, para enseñarles cómo afrontarlas, lo mismo que les enseña a vivir los momentos de fascinación y gloria aprovechándolos pero sin olvidar la realidad personal y aterrizando la experiencia a su situación. Es lo que sucede en la transfiguración. A la vez les permite contemplar tan maravillosa escena, sin dejar de decirles que sufrirá, padecerá, que el mismo que ven entre nubes y resplandor le verán entre dolores y crucificado, pero que no hay nada que temer.  Jesús al permitirles esa experiencia les prepara para que, cuando no le vean transfigurado sino desfigurado, puedan seguir creyendo. Además para que tengan la certeza que la muerte no tiene la última palabra, pues habla con Elías y Moisés ya difuntos, y que aunque pase por la muerte, el vivirá y le verán transfigurado de nuevo.

Ante tal experiencia Pedro prefiere quedarse en la nube, en el sentir, en el asombro: “Señor, aquí se está muy bien, hagamos tres chozas y nos quedamos”. Pero Jesús no permite que Pedro avance en la tentación de quedarse allí donde se está bien, donde controla, donde está en su zona de confort, evadiendo la realidad que se avecina. Antes bien les dice Levántense, no teman. Las palabras de Dios a Abrán resuenan en el silencio ante la propuesta de Pedro: “Sal de tu tierra, yo hare de ti una bendición para muchos”. No solo cuando estás a gusto, sino incluso en la muerte y dificultad. Ser bendición para quien se sienten en maldición, y los que no saben cómo afrontar el dolor o asumir la dureza de la vida, para los que en la prueba se hundirán en las aguas torrenciales, y los que serán zarandeados por satanás y habrá que sostenerles la fe.  El Padre da la clave para asumir toda realidad: “Escúchenlo a Él”, y marca la novedad ante el pasado que representa el pueblo de Dios y el futuro que representa la Iglesia. Le dice a la Ley y los profetas que escuchen al hijo y le dice a la nueva Iglesia que hagan lo mismo. Jesús el rostro novedoso y resplandeciente del Padre es la voz que llena de sentido al antiguo y al nuevo testamento, pues sin él, pierde sentido lo escrito, lo vivido y todo lo por vivir.  Quiere devolver el sentido al sufrir y al gozar y al tocarlos y decirles levántense no tengan miedo, hace resonar su voz por todas las generaciones: Levántate de donde estas, en tu cruz, en tu realidad, levántate, deja que yo transfigure tu vida y tu cruz y la convierta en resurrección. No tengas miedo al pasado ni al futuro, escucha a Jesús y sabrás levantarte sin miedo y estar en pie.

 

PARA LA REFLEXIÓN:

¿Afrontas las realidades de la vida, escuchando a Jesús y asumiendo las situaciones, o evades la realidad espiritualizándola para no vivir la prueba o la cruz?

 

SUMARIO

Vive a la escucha de la Palabra y transfigura actitudes hasta ser Bendición para muchos.