Monseñor Basabe inicia servicio como Administrador Apostólico

Monseñor Basabe inicia servicio como Administrador Apostólico

HOMILÍA CON OCASIÓN DEL INICIO DE LA MISIÓN ENCOMENDADA COMO ADMINISTRADOR APOSTÓLICO DE LA ARQUIDIOCESIS DE BARQUISIMETO

SANTUARIO DE LA DIVINA PASTORA 20 DE OCTUBRE DE 2018

Permítanme queridos hermanos. Saludar al Vicario General de la Arquidiócesis de Barquisimeto padre Owaldo Araque, al Vicario General de la Diócesis de San Feipe p. Angel Romero. A los miembros del Colegio de Consultores, a los vicarios episcopales y a los arciprestes de las distintas zonas pastorales en las que está organizada la Arquidiócesis de Barquisimeto. A los sacerdotes del clero barquisimetano. A los señores diáconos permanentes y a sus familias, así como también a los diáconos transitorios cuya pronta ordenación sacerdotal será motivo de gran alegría para esta Iglesia Arquidiocesana. A todos desde ya les extiendo mi abrazo paternal y fraterno y les invito a que con alegría y en clima de profunda fe y cercanía mutua, trabajemos juntos en la construcción del Reino en esta tierra bendecida por Dios. Saludo también a los sacerdotes y diáconos de otras Iglesias locales presentes Les saludo a ustedes hermanas y hermanos miembros de las comunidades religiosas y sociedades de vida apostólica que presentes en la Arquidiócesis de Barquisimeto ofrecen a todo este pueblo el testimonio de su amor, santidad y apostolado. Saludo también a los formadores del Seminario Divina Pastora y Juan Pablo II, así como también a los seminaristas y jóvenes que este año han iniciado el curso propedéutico. Saludo a todos los agentes de pastoral y miembros de los movimientos de apostolado seglar así como a todos ustedes hermanos y hermanas en la fe, que han venido esta mañana desde sus hogares y comunidades parroquiales a acompañarnos en el poner en las manos de la Divina Pastora de las Almas, Madre del Buen Pastor y madre de los larenses, este servicio que el Santo Padre me ha confiado al nombrarme Administrador Apostólico de esta Iglesia Arquidiocesana. Mi pensamiento va también al encuentro de Mons. Antonio López Castillo, Arzobispo de esta Iglesia. Ante esta amada Madre que con su tierna mirada nos cobija, ponemos su vida y pedimos por su total y pronta recuperación.   LA PALABRA PROCLAMADA La liturgia de la Palabra que hemos escuchado, nos presenta en primer lugar el inicio de la Carta que el apóstol San Pablo dirige a los Efesios. Se trata de una carta que según la mayoría de los exegetas, muy probablemente fue escrita en el transcurso de su primera cautividad en Roma en torno al año 63 d.C. Más que ser una carta dirigida a la comunidad cristiana de Éfeso, es un escrito que tiene por reales destinatarios, a todos los miembros de las comunidades cristianas de su tiempo y particularmente a las procedentes del mundo pagano, de entre las cuales es icónica la comunidad de Éfeso. Con ella, Pablo busca fortalecer la fe de los creyentes –también la nuestra en el hoy de nuestra vida- invitándoles a tener presentes como elementos fundamentales de la misma:

  1. La supremacía universal de Cristo salvador, resucitado con la fuerza del Padre y sentado a su derecha, en quien todas las cosas, las del cielo y de la tierra se recapitulan y bajo cuyos pies todas se encuentran;
  2. Que Cristo resucitado, ha sido constituido también por el Padre Eterno, cabeza de la Iglesia que es su cuerpo y del cual en virtud de su misterio pascual hemos sido llamados a formar

Así, partiendo de la segunda afirmación, el gran apóstol de los gentiles, nos invita a ver la Iglesia, no como un producto contingente de la historia, sino como un proyecto y una realidad que hunde sus raíces en la mente del Creador y en el corazón del Redentor del mundo. De ese proyecto y de esa realidad, el hombre, de quien Dios, como dice el salmista: “siempre se acuerda”, es invitado a tomar parte mediante la vida en el Espíritu. La pertenencia a la Iglesia Cuya cabeza es Cristo, nos exige por tanto – y ahora de acuerdo con el Evangelista Lucas que escuchamos también en el contexto de esta liturgia-, reconocer abiertamente a Jesucristo y su supremacía en medio de los hombres entre quienes estamos llamados a ser sus testigos y a quienes debemos proponer sus caminos. En esto último, debemos jugarnos la vida presente, sabiendo que también en ello nos jugamos la eternidad, pues a quien reconozca abiertamente a Jesús ante los hombres en esta vida, él le reconocerá abiertamente en la eternidad ante los ángeles de Dios y, a quien le niegue es esta vida, él le negará en la eternidad. En el proponer a Cristo, en el hablar en su nombre, en el asumir sus actitudes y en el cumplimiento de las misiones que nos confíe a lo largo de la vida -como nos lo advierte el mismo Señor en el Evangelio-, contamos con la asistencia del Espíritu Santo, quien nos irá manifestando cuanto el Señor quiere realicemos y quien nos fortalecerá siempre en el cumplimiento de los mandatos divinos en toda circunstancia. Contamos también con   la compañía maternal de María, madre de la Iglesia, quien siempre nos hará presentes las palabras dirigidas a los servidores de las bodas de Caná de Galilea y perennemente nos invitará a hacer cuanto su amado Hijo nos diga. También, por medio del Evangelio que escuchamos, nos advierte el Señor, que el ser discípulos, no siempre será una tarea fácil. El caminar a su lado y el proponer sus verdades, en muchos casos nos hará blanco de incomprensiones, de persecuciones, de amenazas y rechazos, y, seguramente, hasta habrá quien pretenda quitarnos la vida pensando que así no solamente nos calla sino que incluso hace el bien a la humanidad. Esto último, lo vivió en carne propia el Apóstol San Pablo y lo han vivido millones de cristianos a lo largo de los siglos. Eso lo teníamos muy presentes el domingo pasado, cuando con gozo en el espíritu fuimos testigos de la exaltación a los altares de la santidad de San Oscar Arnulfo Romero, obispo mártir de la verdad de Jesucristo en nuestra América Latina. Su canonización nos anima y fortalece y nos enseña que no es la maldad la que triunfa, sino que es el amor el que siempre triunfará y hará que la verdad de Dios brille esplendorosamente. También a nosotros nos toca vivir y sentir en carne propia en el hoy de nuestra vida y particularmente en el difícil hoy de nuestro país, el acoso y el desprecio de quienes pretenden que callemos la verdad y de que seamos mensajeros de la esperanza en Jesucristo en un mejor porvenir para nuestro amado pueblo de Venezuela. Sin embargo, en estas circunstancias, Jesús nos anima, nos sostiene y fortalece, y nos invita a tener en cuenta que quien nos rechace, por predicar en su nombre y por decir la verdad, no nos rechaza a nosotros sino que le rechaza a él que es quien nos precede y envía, que es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Teniendo muy presentes estas verdades propuestas por el apóstol Pablo y, las promesas y advertencias del Señor, vengo a estar en medio de ustedes a lo largo del tiempo que dure la misión que el Santo Padre Francisco me encomienda al frente de la Administración Apostólica de esta importante porción de la Iglesia venezolana como lo es la Iglesia barquisimetana. La misión de enseñar que como Administrador Apostólico me corresponde en adelante, me llevará a empeñarme en el proponerles a Cristo como principio y fundamento de sus vidas y a invitarles a seguirle para que sus vidas tengan en él plenitud de sentido. Vengo pues en medio de ustedes, a hablar de Jesucristo Salvador y Redentor del mundo, a vivir la cercanía con Jesucristo empeñándome en ser cercano a cada uno de ustedes. Vengo a proponerles la alegría que es Cristo viviendo alegre en medio de   ustedes y con ustedes. Vengo a promover la esperanza que es Jesucristo, empeñándome en hacerles sentir que en el hoy de nuestra difícil vida, Cristo camina a nuestro lado y nos anima a no resignarnos a vivir este presente marcado por la carencia y la necesidad sino a ser constructores de un mejor futuro para Venezuela. Vengo a sembrar el bien como lo hizo Jesucristo pero; también a combatir y denunciar la maldad como lo hizo Jesucristo. Vengo pues en medio de ustedes, con los sentimientos y actitudes del buen pastor que es Jesucristo, vengo a impregnarme y a hacer mío el olor de este rebaño larense porque solo así podré ser para ustedes pastor y guía. Vengo, durante este tiempo, a hacer mías sus alegrías, sus gozos y sus esperanzas, pero también, a hacer mías sus tristezas, sus angustias y sus clamores de justicia. Si algo tengo presente también en la misión de enseñar que me corresponde en medio de ustedes, es el ejercicio del ministerio profético que como bautizado, como sacerdote y obispo me corresponde. Vengo pues en medio de ustedes, como centinela, a cuidar y a promover la fe de este pueblo, pero también a levantar mi voz en su favor, a ser voz de los que no tienen voz, a hacer míos sus clamores y sus reclamos y a que a través de mi voz sean escuchados por quienes han sido constituidos en autoridad. A denunciar cualquier violación o negación de los derechos fundamentales que como seres humanos les correspondan aunque eso me gane la aversión y el rechazo de quienes en ello se empeñen. Vengo también como ministro de la gracia divina, a poner a su disposición los medios que el Señor nos ha entregado para nuestra santificación. Como obispo que soy, me toca ser en medio de ustedes, ministro de los sacramentos, maestro de oración y modelo de vida creyente. Desde ya les invito a que oremos juntos y a que aprovechándonos de la gracia del Señor caminemos en y hacia la plenitud de la santidad. Vengo también a regir esta Iglesia con los sentimientos de Jesucristo que no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida por todos. Asumo su gobierno durante este tiempo, con humildad y sencillez, consciente de mis limitaciones pero también confiado en que el Señor me concederá el espíritu de sabiduría necesario para poder afrontar los retos pastorales y humanos que el hoy y el día a día de esta Iglesia me demanden. Para ustedes -queridos sacerdotes del clero barquisimetano-, tengan la certeza de que seré un amigo, un hermano, pero sobre todas las cosas, un padre cercano, dispuesto a escucharles y a compartir sus anhelos, sus alegrías, sus deseos nobles, sus esperanzas, preocupaciones y tristezas. Con amor de padre, les guiaré y, cuando así lo exijan las circunstancias, también con amor de padre les corregiré y llamaré la atención. Una vez más  les  pido,  como  ya  lo  hacía  en  la  reunión  de  clero  del  pasado  09  de octubre,   asumamos todos con espíritu de corresponsabilidad, la misión que nos corresponde llevar adelante como guías y pastores del pueblo de Dios en este tiempo en el que él nos ha llamado a ejercer tan noble ministerio. También para ustedes hermanas y hermanos consagrados quiero ser un padre, un amigo y compañero. No duden en acudir a mí en cualquier circunstancia que consideren pueda serles de ayuda y apoyo. Les animo a que con alegría y plena disposición sigan aportándonos el testimonio de su santidad y apostolado. Que el Espíritu Santo les sostenga en el concretar en la historia lo que Dios quiso hacer en favor de la humanidad cuando inspiró a sus fundadores los carismas específicos en cuya vivencia hoy se empeña cada uno de ustedes. A ustedes, queridos agentes de pastoral, queridos miembros de los distintos movimientos de apostolado seglar, y pueblo de Dios en general, les hago saber desde ya que cuentan conmigo y que también para ustedes estaré siempre a disposición en este tiempo en el que estoy llamado a ser su pastor y guía. Trabajemos juntos siendo dóciles a las mociones del Espíritu Santo en la construcción del Reino de Jesús en este tiempo presente y para que así como nosotros hemos recibido el legado de quienes nos precedieron en la fe, también nosotros lo entreguemos integro a las futuras generaciones. Desde ya, les pido a todos el tenerme presente en sus oraciones. La misión de enseñar, santificar y gobernar dos iglesias locales que me ha sido confiada, no es una tarea fácil, sin embargo, tengo la certeza de la ayuda del Señor en el desarrollo de la misma y espero la oración de los pueblos yaracuyano y larense a fin que el mismo Señor me sostenga y acompañe a lo largo de este caminar. Ahora queridos hermanos, como colofón de estas palabras, permítanme dirigirme a la Divina Pastora de las almas, patrona de los larenses, para poner en sus manos y ante sus pies los frutos de esta misión que el Santo Padre me confía en medio de ustedes. A ti acudo hoy, madre amada del Divino Pastor, implorando tu protección y compañía en el desarrollo de este mandato apostólico. Sé mi guía y compañera, ayúdame en el ser dócil a cuanto tu amado Hijo me sugiera. Consígueme de Él, el espíritu de prudencia, de justicia, de templanza y don de mí mismo, que me permita guiar a este tu pueblo con magnanimidad, humildad, sencillez y entrega generosa. Como lo hice el 14 de enero pasado. Te pido, Madre amantísima, a tus pies, que mires a Venezuela con amor de madre y de pastora misericordiosa. Que vengas en nuestro auxilio en esta hora cada vez más difícil que atravesamos y con tu callado nos   guíes por las sendas que nos conduzcan a la plenitud del encuentro con tu hijo Jesucristo, a la paz y al sosiego. Por último, una vez más te pido desde lo más profundo de mi ser, que el próximo 14 de enero, vayas a Barquisimeto, sobre los hombros de un pueblo libre de opresión y de angustia, de un pueblo dispuesto a construir un país mejor en que el amor y los principios que tu Hijo amado nos enseñó sean los que nos permitan construir una sociedad más justa y humana en la que a Jesús se le reconozca en el rostro de cada hombre y en el que se le rinda honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Arquidiócesis se prepara para la II Asamblea de Pastoral 2018

Nota de Prensa

Movimientos apostólicos participan en el Proyecto de Renovación Pastoral
Arquidiócesis se prepara para la II Asamblea de Pastoral 2018
(Arquidiócesis de Barquisimeto –24/07/2018)

La Arquidiócesis de Barquisimeto celebrará este 27 y 28 de julio la II Asamblea de Pastoral Arquidiocesana 2018, con el lema “Con María construyendo la Iglesia día a día”.

El objetivo es construir, junto a María Divina Pastora, la Iglesia dinámica y misionera que nos lleve al encuentro vivo con Jesucristo, camino de conversión, comunión y solidaridad.

Esta asamblea favorecerá la participación de todas las pastorales y movimientos de la Arquidiócesis para recopilar propuestas que permitirán entrar a la siguiente fase del Proyecto Arquidiocesano de Renovación Pastoral, un instrumento que busca orientar la acción pastoral de la Iglesia local y, a la vez, impulsar un caminar donde podamos trabajar unidos hacia una misma meta.

“Ya contamos con un diagnóstico pastoral, denominado modelo de la realidad, el cual nos lleva a la reflexión acerca del quehacer actual y sus desafíos para construir la Iglesia que soñamos”, explica el padre Juan Bautista Briceño, vicario de Pastoral.

Informa que en este encuentro se darán a conocer los avances de este Proyecto y se realizarán mesas de trabajo para recoger nuevos aportes, propiciando la mayor participación posible de todos los sectores.

La asamblea se desarrollará en las instalaciones del Centro Pastoral Monseñor Críspulo Benítez, sede de la Curia Arquidiocesana. Inicia con una vigilia el viernes 27 a las 7:00 pm y continúa el sábado 28, de 8:00 am a 2:00 pm.

El evento también permitirá difundir las actividades, misión y objetivos de las pastorales y movimientos apostólicos participantes.

 

Atentamente,


Pbro. Jesús Alberto Ramírez
Asesor de la Pastoral de Medios de la Arquidiócesis de Barquisimeto
+58 414-5505648 y +58 416-3558071

Mensaje del santo padre francisco para la 52 jornada mundial de las comunicaciones sociales

Mensaje del santo padre francisco para la 52 jornada mundial de las comunicaciones sociales

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 52 JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

 

«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32).
Fake news y periodismo de paz

 

Queridos hermanos y hermanas:

En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el bien, la belleza. Es capaz de contar su propia experiencia y describir el mundo, y de construir así la memoria y la comprensión de los acontecimientos.

Pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar, como muestran desde el principio los episodios bíblicos de Caín y Abel, y de la Torre de Babel (cf. Gn 4,1-16; 11,1-9). La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien.

Hoy, en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmersos dentro de un sistema digital, asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas «fake news». Dicho fenómeno nos llama a la reflexión; por eso he dedicado este mensaje al tema de la verdad, como ya hicieron en diversas ocasiones mis predecesores a partir de Pablo VI (cf. Mensaje de 1972: «Los instrumentos de comunicación social al servicio de la verdad»). Quisiera ofrecer de este modo una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la comunicación de la verdad.

  1. ¿Qué hay de falso en las «noticias  falsas»?

«Fake news» es un término discutido y también objeto de debate. Generalmente alude a la desinformación difundida online o en los medios de comunicación tradicionales. Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.

La eficacia de las fake news se debe, en primer lugar, a su naturaleza mimética, es decir, a su capacidad de aparecer como plausibles. En segundo lugar, estas noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración. Su difusión puede contar con el uso manipulador de las redes sociales y de las lógicas que garantizan su funcionamiento. De este modo, los contenidos, a pesar de carecer de fundamento, obtienen una visibilidad tal que incluso los desmentidos oficiales difícilmente consiguen contener los daños que producen.

La dificultad para desenmascarar y erradicar las fake news se debe asimismo al hecho de que las personas a menudo interactúan dentro de ambientes digitales homogéneos e impermeables a perspectivas y opiniones divergentes. El resultado de esta lógica de la desinformación es que, en lugar de realizar una sana comparación con otras fuentes de información, lo que podría poner en discusión positivamente los prejuicios y abrir un diálogo constructivo, se corre el riesgo de convertirse en actores involuntarios de la difusión de opiniones sectarias e infundadas. El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en último análisis, la falsedad.

  1. ¿Cómo podemos reconocerlas?

Ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades. No es tarea fácil, porque la desinformación se basa frecuentemente en discursos heterogéneos, intencionadamente evasivos y sutilmente engañosos, y se sirve a veces de mecanismos refinados. Por eso son loables las iniciativas educativas que permiten aprender a leer y valorar el contexto comunicativo, y enseñan a no ser divulgadores inconscientes de la desinformación, sino activos en su desvelamiento. Son asimismo encomiables las iniciativas institucionales y jurídicas encaminadas a concretar normas que se opongan a este fenómeno, así como las que han puesto en marcha las compañías tecnológicas y de medios de comunicación, dirigidas a definir nuevos criterios para la verificación de las identidades personales que se esconden detrás de  millones de perfiles digitales.

Pero la prevención y la identificación de los mecanismos de la desinformación requieren también un discernimiento atento y profundo. En efecto, se ha de desenmascarar la que se podría definir como la «lógica de la serpiente», capaz de camuflarse en todas partes y morder. Se trata de la estrategia utilizada por la «serpiente astuta» de la que habla el Libro del Génesis, la cual, en los albores de la humanidad, fue la artífice de la primera fake news (cf. Gn 3,1-15), que llevó a las trágicas consecuencias del pecado, y que se concretizaron luego en el primer fratricidio (cf. Gn 4) y en otras innumerables formas de mal contra Dios, el prójimo, la sociedad y la creación.

La estrategia de este hábil «padre de la mentira» (Jn 8,44) es la mímesis, una insidiosa y peligrosa seducción que se abre camino en el corazón del hombre con argumentaciones falsas y atrayentes. En la narración del pecado original, el tentador, efectivamente, se acerca a la mujer fingiendo ser su amigo e interesarse por su bien, y comienza su discurso con una afirmación verdadera, pero sólo en parte:«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,1). En realidad, lo que Dios había dicho a Adán no era que no comieran de ningún árbol, sino tan solo de un árbol: «Del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás» (Gn 2,17). La mujer, respondiendo, se lo explica a la serpiente, pero se deja atraer por su provocación:«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”» (Gn 3,2). Esta respuesta tiene un sabor legalista y pesimista: habiendo dado credibilidad al falsario y dejándose seducir por su versión de los hechos, la mujer se deja engañar. Por eso, enseguida presta atención cuando le asegura: «No, no moriréis» (v. 4). Luego, la deconstrucción del tentador asume una apariencia creíble: «Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (v. 5). Finalmente, se llega a desacreditar la recomendación paternal de Dios, que estaba dirigida al bien, para seguir la seductora incitación del enemigo: «La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable» (v. 6).  Este episodio bíblico revela por tanto un hecho esencial para nuestro razonamiento: ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos.

De lo que se trata, de hecho, es de nuestra codicia. Las fake news se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano.

Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón. He aquí porqué educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien «cayendo» en cada tentación.

  1. «La verdad os hará libres» (Jn8,32)

La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona. Dostoyevski escribió algo interesante en este  sentido: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno a sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás. Luego, como ya no estima a nadie, deja también de amar, y para distraer el tedio que produce la falta de cariño y ocuparse en algo, se entrega a las pasiones y a los placeres más bajos; y por culpa de sus vicios, se hace como una bestia. Y todo esto deriva del continuo mentir a los demás y a sí mismo» (Los hermanos Karamazov, II,2).

Entonces, ¿cómo defendernos? El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas. La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad», como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa, aletheia (de a-lethès, «no escondido»). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza, como da a entender la raíz ‘aman, de la cual procede también el Amén litúrgico. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32).

Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.

  1. 4. La paz es la verdadera noticia

El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias. Este, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.

Por lo tanto, deseo dirigir un llamamiento a promover un periodismo de paz, sin entender con esta expresión un periodismo «buenista» que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos. Me refiero, por el contrario, a un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escalada del clamor y de la violencia verbal.

Por eso, inspirándonos en una oración franciscana, podríamos dirigirnos a la Verdad en persona de la siguiente manera:

Señor, haznos instrumentos de tu paz.
Haznos reconocer el mal que se insinúa en una comunicación que no crea comunión.
Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios.
Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas.
Tú eres fiel y digno de confianza; haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:
donde hay ruido, haz que practiquemos la escucha;
donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;
donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;
donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;
donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;
donde hay superficialidad, haz que planteemos interrogantes verdaderos;
donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;
donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;
donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.

Amén.

 

Francisco

 

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Resumen Homilía Domingo 06 de Mayo

AMENSE COMO YO LOS HE AMADO

Quizás nos preguntamos cómo amar, cómo hacer el bien, cómo demostrar el amor. En la vida podemos aprender oficios, profesiones, alcanzar títulos, pero, Si no tengo amor, si no se amar, de nada me sirve. Hoy no se nos dice qué es el amor, sino cómo quien amar: “Como el padre me amó, así los amo yo. Esto les mando: Que se amen unos a otros como yo los he amado”. ¿Cómo nos ha amado?, Como el Padre le amó a Él, como el padre ama. El modelo por excelencia en el amor es el Padre Dios y esa manera de amar se ha mostrado en Jesús. El amor consiste en que Él nos amó primero. ¿Y cómo nos amó?, ¿Qué rasgos tiene su amor?:  Es un Dios pendiente de sus hijos, que escucha, que acompaña en nuestros desiertos como sombra, como luz, como agua, como pan, es un Dios solidario y fiel, cercano, misericordioso, que se ocupa de los más pequeños, un Dios tierno, paciente, lento a la cólera rico en piedad y leal, un padre providente, que corrige a los que ama, pero no quiere la muerte del pecador sino su conversión, es el Dios del perdón y las oportunidades. Así lo revelo Jesús, que no vino a condenar, sino a salvar, que no vino por los sanos sino por los enfermos, que nos habló de un Padre que ha estado, está y estará para siempre.

REFLEXIÓN:

¿Qué características del amor de Dios has sentido?, ¿Cómo puedes reflejar ese amor en tu vida?

SUMARIO:

El Señor ha demostrado su amor y su lealtad

 

 

Resumen Homilía Domingo 08 de Abril

ESTABAN ENCERRADOS POR MIEDO Y DIJO: LA PAZ

 

Hay actitudes que caracterizan la comunidad de Jesús después de la resurrección. La Paz que Él les da, la fe en Él y la caridad y perdón con todos. Jesús se aparece en medio de ellos y más que un saludo por costumbre o cultura, les dice La Paz con ustedes, conoce que su corazón aún está en guerra, que hay una tormenta de miedos y pensamientos que perturban su tranquilidad. Sabe muy bien que Él ha resucitado pero que ellos siguen viviendo bajo el peligro y la amenaza de los judíos que no le creyeron. Efectivamente están encerrados en una casa por miedo, así lo narra el evangelio, cerrados en sí mismos, por miedo a la muerte, la persecución, miedo a revivir tanto dolor y drama de las últimas horas. Los últimos días fueron duros, y ellos no quieren revivirlos, de tanta frustración y fracaso se han metido en su caparazón. “Jesús se acercó se puso en medio y les dijo: «Paz a ustedes.» Y, les enseñó las manos y el costado. Ellos se llenaron de alegría al verlo. Jesús repitió: Paz a ustedes”. Si Él que fue el afectado directo viene lleno de paz, y muestra sus heridas sanadas y resucitadas, no hay nada que temer. Hay que dejarse llenar de paz y alegría, porque no hay heridas que el amor no pueda curar. Jesús tenía motivos para regresar en guerra, pero vuelve en paz, para odiar, matar y destruir, pero viene hablando de perdón. Las circunstancias no le hacen perder el objetivo, el dolor no le hace perder el horizonte y el para que de su vida. Ha sido enviado por el Padre para amar y Él es fiel a esa misión y les recuerda que ellos tienen la misma. “Como el Padre me ha enviado, así los envío yo. Y exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos.». No es un Dios de venganza sino de perdón, de caridad. Dice San Juan, todo el que ama ha nacido de Dios. Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él. La resurrección se manifiesta en un nuevo nacimiento de la fe y la caridad en los creyentes, así lo expresa el libro de los hechos. “En el grupo de los creyentes tenían un solo sentir: lo tenían todo en común y nadie llamaba propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían traían y distribuían según lo que necesitaba cada uno”. Es hora de hacer vida nuestra estas actitudes, la paz, la fe, la caridad y el perdón. Dejar hacer presente a Jesús en nuestro encierro para que nos mueva a vivir eso que tanto nos cuesta en las dificultades que pasamos, seguir creyendo, estar en paz, amar, compartir, y perdonar a quienes nos hacen daño. Solo Él puede hacerlo en nosotros.

 

SUMARIO: Es el Señor quien lo ha hecho,  ha sido un milagro patente.

 

REFLEXIÓN:

¿En qué encierro te sientes aún después de vivir la resurrección de Jesús?, ¿Qué miedos, guerra, egoísmos, odios aun sientes en tu corazón?, ¿Qué heridas tienes por sanar?

 

Resumen Homilía Domingo 01 de Abril

¡RESUCITÓ DE VERAS MI AMOR Y MI ESPERANZA!

 

Dice la secuencia de Pascua: Lucharon vida y muerte en singular batalla, y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta. Eso es lo que celebramos, que con la luz de Cristo y el solemne pregón, se rompió el silencio en la vigilia pascual, e inició un tiempo de gozo, que nos hace estallar de alegría, aún en medio de las evidencias que gritan lo contrario: pues Cristo vive, y “Resucitó de veras mi Amor y mi Esperanza”. En el horizonte de la resurrección brota la alegría de Dios que no quiere que ninguna esclavitud tenga poder sobre nosotros. La fe en la Resurrección brota de la experiencia de verle vivo, presente, cercano. El mundo en que vivimos parece con frecuencia muy lejos de lo que la fe nos asegura; las experiencias del mal y del sufrimiento, de las injusticias y de la muerte parecen contradecir la Buena Nueva, y pueden estremecer la fe”, sin embargo, Él ha vencido. Escribía el sacerdote J.L. Martín Descalzo: “¿Cómo podemos pensar en Cristo sin que el corazón nos estalle?. La fe tiene que ser un terremoto, no una siesta; un volcán, no una rutina; una herida, no una costra; una pasión, no un puro asentimiento”. Hemos de pedir que podamos experimentar ese gozo, incluso en medio de las persecuciones, y dificultades, del hambre, del peligro, de los poderes sobrenaturales de las tinieblas, como decía S. Pablo, y tener la certeza de que Él está pasando haciendo el bien y que aunque en el mundo tenemos tribulación, Él nos dice: ¡ánimo! yo he vencido al mundo”.

Solo Él puede hacer posible que vivamos en medio de las dificultades, con la paz que da la fe en su Palabra. ¡Cuántas veces creemos más en las dificultades y en los que las provocan que en Jesús y en su fuerza! Y él no se cansa de salir al encuentro como a los primeros discípulos dándonos muchos signos de que vive.

Hoy se hace presente sobre todo en esos momentos de adversidad en los que en lugar de dejarnos vencer por la impotencia, hemos de apoyarnos en la fuerza de su amor y como oraba Don H. Cámara: “Si un día Señor, Tú mismo permites que el odio me salpique, y me prepare trampas, y falsee mis intenciones, y las desfigure; que la mirada de tu Hijo vaya repartiendo serenidad y amor a través de mis ojos… por mucho que mi paso vacile, haz que mi mirada, tranquila e iluminada, sea un testimonio viviente de que te llevo conmigo, de que estoy en paz… que mi mirada les recuerde a todos que no hay nadie que cuente con la fuerza suficiente para arrancarme de Ti”.

Señor, has vencido todo mal y toda muerte; tu vida y amor son más fuertes que toda realidad por evidentes y fuertes que parezcan, que podamos creer que tu vences también el sin sentido para vivir, el mal, las cargas, las muertes. Auméntanos la  fe para seamos testigos de que con tu Resurrección has vencido y sigues venciendo aunque no parezca.

 

SUMARIO:

El pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal.

 

PARA LA REFLEXIÓN:

¿Sientes que en tus dificultades, muertes, pecados y debilidades,  El Señor vence y Resucita y con Él la esperanza, o vives como quien se da por vencido y ya nada espera?