Arquidiócesis se prepara para la II Asamblea de Pastoral 2018

Nota de Prensa

Movimientos apostólicos participan en el Proyecto de Renovación Pastoral
Arquidiócesis se prepara para la II Asamblea de Pastoral 2018
(Arquidiócesis de Barquisimeto –24/07/2018)

La Arquidiócesis de Barquisimeto celebrará este 27 y 28 de julio la II Asamblea de Pastoral Arquidiocesana 2018, con el lema “Con María construyendo la Iglesia día a día”.

El objetivo es construir, junto a María Divina Pastora, la Iglesia dinámica y misionera que nos lleve al encuentro vivo con Jesucristo, camino de conversión, comunión y solidaridad.

Esta asamblea favorecerá la participación de todas las pastorales y movimientos de la Arquidiócesis para recopilar propuestas que permitirán entrar a la siguiente fase del Proyecto Arquidiocesano de Renovación Pastoral, un instrumento que busca orientar la acción pastoral de la Iglesia local y, a la vez, impulsar un caminar donde podamos trabajar unidos hacia una misma meta.

“Ya contamos con un diagnóstico pastoral, denominado modelo de la realidad, el cual nos lleva a la reflexión acerca del quehacer actual y sus desafíos para construir la Iglesia que soñamos”, explica el padre Juan Bautista Briceño, vicario de Pastoral.

Informa que en este encuentro se darán a conocer los avances de este Proyecto y se realizarán mesas de trabajo para recoger nuevos aportes, propiciando la mayor participación posible de todos los sectores.

La asamblea se desarrollará en las instalaciones del Centro Pastoral Monseñor Críspulo Benítez, sede de la Curia Arquidiocesana. Inicia con una vigilia el viernes 27 a las 7:00 pm y continúa el sábado 28, de 8:00 am a 2:00 pm.

El evento también permitirá difundir las actividades, misión y objetivos de las pastorales y movimientos apostólicos participantes.

 

Atentamente,


Pbro. Jesús Alberto Ramírez
Asesor de la Pastoral de Medios de la Arquidiócesis de Barquisimeto
+58 414-5505648 y +58 416-3558071

Mensaje del santo padre francisco para la 52 jornada mundial de las comunicaciones sociales

Mensaje del santo padre francisco para la 52 jornada mundial de las comunicaciones sociales

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 52 JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

 

«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32).
Fake news y periodismo de paz

 

Queridos hermanos y hermanas:

En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el bien, la belleza. Es capaz de contar su propia experiencia y describir el mundo, y de construir así la memoria y la comprensión de los acontecimientos.

Pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar, como muestran desde el principio los episodios bíblicos de Caín y Abel, y de la Torre de Babel (cf. Gn 4,1-16; 11,1-9). La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien.

Hoy, en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmersos dentro de un sistema digital, asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas «fake news». Dicho fenómeno nos llama a la reflexión; por eso he dedicado este mensaje al tema de la verdad, como ya hicieron en diversas ocasiones mis predecesores a partir de Pablo VI (cf. Mensaje de 1972: «Los instrumentos de comunicación social al servicio de la verdad»). Quisiera ofrecer de este modo una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la comunicación de la verdad.

  1. ¿Qué hay de falso en las «noticias  falsas»?

«Fake news» es un término discutido y también objeto de debate. Generalmente alude a la desinformación difundida online o en los medios de comunicación tradicionales. Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.

La eficacia de las fake news se debe, en primer lugar, a su naturaleza mimética, es decir, a su capacidad de aparecer como plausibles. En segundo lugar, estas noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración. Su difusión puede contar con el uso manipulador de las redes sociales y de las lógicas que garantizan su funcionamiento. De este modo, los contenidos, a pesar de carecer de fundamento, obtienen una visibilidad tal que incluso los desmentidos oficiales difícilmente consiguen contener los daños que producen.

La dificultad para desenmascarar y erradicar las fake news se debe asimismo al hecho de que las personas a menudo interactúan dentro de ambientes digitales homogéneos e impermeables a perspectivas y opiniones divergentes. El resultado de esta lógica de la desinformación es que, en lugar de realizar una sana comparación con otras fuentes de información, lo que podría poner en discusión positivamente los prejuicios y abrir un diálogo constructivo, se corre el riesgo de convertirse en actores involuntarios de la difusión de opiniones sectarias e infundadas. El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en último análisis, la falsedad.

  1. ¿Cómo podemos reconocerlas?

Ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades. No es tarea fácil, porque la desinformación se basa frecuentemente en discursos heterogéneos, intencionadamente evasivos y sutilmente engañosos, y se sirve a veces de mecanismos refinados. Por eso son loables las iniciativas educativas que permiten aprender a leer y valorar el contexto comunicativo, y enseñan a no ser divulgadores inconscientes de la desinformación, sino activos en su desvelamiento. Son asimismo encomiables las iniciativas institucionales y jurídicas encaminadas a concretar normas que se opongan a este fenómeno, así como las que han puesto en marcha las compañías tecnológicas y de medios de comunicación, dirigidas a definir nuevos criterios para la verificación de las identidades personales que se esconden detrás de  millones de perfiles digitales.

Pero la prevención y la identificación de los mecanismos de la desinformación requieren también un discernimiento atento y profundo. En efecto, se ha de desenmascarar la que se podría definir como la «lógica de la serpiente», capaz de camuflarse en todas partes y morder. Se trata de la estrategia utilizada por la «serpiente astuta» de la que habla el Libro del Génesis, la cual, en los albores de la humanidad, fue la artífice de la primera fake news (cf. Gn 3,1-15), que llevó a las trágicas consecuencias del pecado, y que se concretizaron luego en el primer fratricidio (cf. Gn 4) y en otras innumerables formas de mal contra Dios, el prójimo, la sociedad y la creación.

La estrategia de este hábil «padre de la mentira» (Jn 8,44) es la mímesis, una insidiosa y peligrosa seducción que se abre camino en el corazón del hombre con argumentaciones falsas y atrayentes. En la narración del pecado original, el tentador, efectivamente, se acerca a la mujer fingiendo ser su amigo e interesarse por su bien, y comienza su discurso con una afirmación verdadera, pero sólo en parte:«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,1). En realidad, lo que Dios había dicho a Adán no era que no comieran de ningún árbol, sino tan solo de un árbol: «Del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás» (Gn 2,17). La mujer, respondiendo, se lo explica a la serpiente, pero se deja atraer por su provocación:«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”» (Gn 3,2). Esta respuesta tiene un sabor legalista y pesimista: habiendo dado credibilidad al falsario y dejándose seducir por su versión de los hechos, la mujer se deja engañar. Por eso, enseguida presta atención cuando le asegura: «No, no moriréis» (v. 4). Luego, la deconstrucción del tentador asume una apariencia creíble: «Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (v. 5). Finalmente, se llega a desacreditar la recomendación paternal de Dios, que estaba dirigida al bien, para seguir la seductora incitación del enemigo: «La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable» (v. 6).  Este episodio bíblico revela por tanto un hecho esencial para nuestro razonamiento: ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos.

De lo que se trata, de hecho, es de nuestra codicia. Las fake news se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano.

Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón. He aquí porqué educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien «cayendo» en cada tentación.

  1. «La verdad os hará libres» (Jn8,32)

La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona. Dostoyevski escribió algo interesante en este  sentido: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno a sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás. Luego, como ya no estima a nadie, deja también de amar, y para distraer el tedio que produce la falta de cariño y ocuparse en algo, se entrega a las pasiones y a los placeres más bajos; y por culpa de sus vicios, se hace como una bestia. Y todo esto deriva del continuo mentir a los demás y a sí mismo» (Los hermanos Karamazov, II,2).

Entonces, ¿cómo defendernos? El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas. La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad», como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa, aletheia (de a-lethès, «no escondido»). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza, como da a entender la raíz ‘aman, de la cual procede también el Amén litúrgico. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32).

Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.

  1. 4. La paz es la verdadera noticia

El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias. Este, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.

Por lo tanto, deseo dirigir un llamamiento a promover un periodismo de paz, sin entender con esta expresión un periodismo «buenista» que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos. Me refiero, por el contrario, a un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escalada del clamor y de la violencia verbal.

Por eso, inspirándonos en una oración franciscana, podríamos dirigirnos a la Verdad en persona de la siguiente manera:

Señor, haznos instrumentos de tu paz.
Haznos reconocer el mal que se insinúa en una comunicación que no crea comunión.
Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios.
Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas.
Tú eres fiel y digno de confianza; haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:
donde hay ruido, haz que practiquemos la escucha;
donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;
donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;
donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;
donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;
donde hay superficialidad, haz que planteemos interrogantes verdaderos;
donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;
donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;
donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.

Amén.

 

Francisco

 

Estamos ubicados en:

Avenida Libertador Centro Pastoral "Mons. Críspulo Benítez"

Barquisimeto - Estado Lara - Teléfonos:  0251-251.67.24 - 0251-267.89.75

 

 

Resumen Homilía Domingo 06 de Mayo

AMENSE COMO YO LOS HE AMADO

Quizás nos preguntamos cómo amar, cómo hacer el bien, cómo demostrar el amor. En la vida podemos aprender oficios, profesiones, alcanzar títulos, pero, Si no tengo amor, si no se amar, de nada me sirve. Hoy no se nos dice qué es el amor, sino cómo quien amar: “Como el padre me amó, así los amo yo. Esto les mando: Que se amen unos a otros como yo los he amado”. ¿Cómo nos ha amado?, Como el Padre le amó a Él, como el padre ama. El modelo por excelencia en el amor es el Padre Dios y esa manera de amar se ha mostrado en Jesús. El amor consiste en que Él nos amó primero. ¿Y cómo nos amó?, ¿Qué rasgos tiene su amor?:  Es un Dios pendiente de sus hijos, que escucha, que acompaña en nuestros desiertos como sombra, como luz, como agua, como pan, es un Dios solidario y fiel, cercano, misericordioso, que se ocupa de los más pequeños, un Dios tierno, paciente, lento a la cólera rico en piedad y leal, un padre providente, que corrige a los que ama, pero no quiere la muerte del pecador sino su conversión, es el Dios del perdón y las oportunidades. Así lo revelo Jesús, que no vino a condenar, sino a salvar, que no vino por los sanos sino por los enfermos, que nos habló de un Padre que ha estado, está y estará para siempre.

REFLEXIÓN:

¿Qué características del amor de Dios has sentido?, ¿Cómo puedes reflejar ese amor en tu vida?

SUMARIO:

El Señor ha demostrado su amor y su lealtad

 

 

Resumen Homilía Domingo 08 de Abril

ESTABAN ENCERRADOS POR MIEDO Y DIJO: LA PAZ

 

Hay actitudes que caracterizan la comunidad de Jesús después de la resurrección. La Paz que Él les da, la fe en Él y la caridad y perdón con todos. Jesús se aparece en medio de ellos y más que un saludo por costumbre o cultura, les dice La Paz con ustedes, conoce que su corazón aún está en guerra, que hay una tormenta de miedos y pensamientos que perturban su tranquilidad. Sabe muy bien que Él ha resucitado pero que ellos siguen viviendo bajo el peligro y la amenaza de los judíos que no le creyeron. Efectivamente están encerrados en una casa por miedo, así lo narra el evangelio, cerrados en sí mismos, por miedo a la muerte, la persecución, miedo a revivir tanto dolor y drama de las últimas horas. Los últimos días fueron duros, y ellos no quieren revivirlos, de tanta frustración y fracaso se han metido en su caparazón. “Jesús se acercó se puso en medio y les dijo: «Paz a ustedes.» Y, les enseñó las manos y el costado. Ellos se llenaron de alegría al verlo. Jesús repitió: Paz a ustedes”. Si Él que fue el afectado directo viene lleno de paz, y muestra sus heridas sanadas y resucitadas, no hay nada que temer. Hay que dejarse llenar de paz y alegría, porque no hay heridas que el amor no pueda curar. Jesús tenía motivos para regresar en guerra, pero vuelve en paz, para odiar, matar y destruir, pero viene hablando de perdón. Las circunstancias no le hacen perder el objetivo, el dolor no le hace perder el horizonte y el para que de su vida. Ha sido enviado por el Padre para amar y Él es fiel a esa misión y les recuerda que ellos tienen la misma. “Como el Padre me ha enviado, así los envío yo. Y exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos.». No es un Dios de venganza sino de perdón, de caridad. Dice San Juan, todo el que ama ha nacido de Dios. Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él. La resurrección se manifiesta en un nuevo nacimiento de la fe y la caridad en los creyentes, así lo expresa el libro de los hechos. “En el grupo de los creyentes tenían un solo sentir: lo tenían todo en común y nadie llamaba propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían traían y distribuían según lo que necesitaba cada uno”. Es hora de hacer vida nuestra estas actitudes, la paz, la fe, la caridad y el perdón. Dejar hacer presente a Jesús en nuestro encierro para que nos mueva a vivir eso que tanto nos cuesta en las dificultades que pasamos, seguir creyendo, estar en paz, amar, compartir, y perdonar a quienes nos hacen daño. Solo Él puede hacerlo en nosotros.

 

SUMARIO: Es el Señor quien lo ha hecho,  ha sido un milagro patente.

 

REFLEXIÓN:

¿En qué encierro te sientes aún después de vivir la resurrección de Jesús?, ¿Qué miedos, guerra, egoísmos, odios aun sientes en tu corazón?, ¿Qué heridas tienes por sanar?

 

Resumen Homilía Domingo 01 de Abril

¡RESUCITÓ DE VERAS MI AMOR Y MI ESPERANZA!

 

Dice la secuencia de Pascua: Lucharon vida y muerte en singular batalla, y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta. Eso es lo que celebramos, que con la luz de Cristo y el solemne pregón, se rompió el silencio en la vigilia pascual, e inició un tiempo de gozo, que nos hace estallar de alegría, aún en medio de las evidencias que gritan lo contrario: pues Cristo vive, y “Resucitó de veras mi Amor y mi Esperanza”. En el horizonte de la resurrección brota la alegría de Dios que no quiere que ninguna esclavitud tenga poder sobre nosotros. La fe en la Resurrección brota de la experiencia de verle vivo, presente, cercano. El mundo en que vivimos parece con frecuencia muy lejos de lo que la fe nos asegura; las experiencias del mal y del sufrimiento, de las injusticias y de la muerte parecen contradecir la Buena Nueva, y pueden estremecer la fe”, sin embargo, Él ha vencido. Escribía el sacerdote J.L. Martín Descalzo: “¿Cómo podemos pensar en Cristo sin que el corazón nos estalle?. La fe tiene que ser un terremoto, no una siesta; un volcán, no una rutina; una herida, no una costra; una pasión, no un puro asentimiento”. Hemos de pedir que podamos experimentar ese gozo, incluso en medio de las persecuciones, y dificultades, del hambre, del peligro, de los poderes sobrenaturales de las tinieblas, como decía S. Pablo, y tener la certeza de que Él está pasando haciendo el bien y que aunque en el mundo tenemos tribulación, Él nos dice: ¡ánimo! yo he vencido al mundo”.

Solo Él puede hacer posible que vivamos en medio de las dificultades, con la paz que da la fe en su Palabra. ¡Cuántas veces creemos más en las dificultades y en los que las provocan que en Jesús y en su fuerza! Y él no se cansa de salir al encuentro como a los primeros discípulos dándonos muchos signos de que vive.

Hoy se hace presente sobre todo en esos momentos de adversidad en los que en lugar de dejarnos vencer por la impotencia, hemos de apoyarnos en la fuerza de su amor y como oraba Don H. Cámara: “Si un día Señor, Tú mismo permites que el odio me salpique, y me prepare trampas, y falsee mis intenciones, y las desfigure; que la mirada de tu Hijo vaya repartiendo serenidad y amor a través de mis ojos… por mucho que mi paso vacile, haz que mi mirada, tranquila e iluminada, sea un testimonio viviente de que te llevo conmigo, de que estoy en paz… que mi mirada les recuerde a todos que no hay nadie que cuente con la fuerza suficiente para arrancarme de Ti”.

Señor, has vencido todo mal y toda muerte; tu vida y amor son más fuertes que toda realidad por evidentes y fuertes que parezcan, que podamos creer que tu vences también el sin sentido para vivir, el mal, las cargas, las muertes. Auméntanos la  fe para seamos testigos de que con tu Resurrección has vencido y sigues venciendo aunque no parezca.

 

SUMARIO:

El pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal.

 

PARA LA REFLEXIÓN:

¿Sientes que en tus dificultades, muertes, pecados y debilidades,  El Señor vence y Resucita y con Él la esperanza, o vives como quien se da por vencido y ya nada espera?

Evangelio Domingo 11 de Marzo

Evangelio Domingo 11 de Marzo

Evangelio

Juan (3,14-21): En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna…., el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.» Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor.

 

Santo Padre

¿Quieres que Dios perdone tus pecados?

El Papa Francisco recordó, que Dios siempre perdona los pecados cuando se acude al sacramento de la penitencia, sin embargo, señaló esta condición para que ese perdón sea efectivo: “Para ser perdonado debes perdonar a los demás”.

…“Acusarse a sí mismos es parte de la sabiduría cristiana; no acusar a los demás, no… A uno mismo. Yo he pecado. Y cuando nosotros nos acercamos al sacramento de la penitencia debemos tener esto en mente: Dios es grande y nos ha dado muchas cosas, pero lamentablemente he pecado, he ofendido al Señor y pido la salvación”.

…Confesar los pecados “agrada al Señor, porque el Señor recibe el corazón contrito, …‘no hay confusión para los que en ti confían’, el corazón contrito que dice la verdad al Señor: ‘He hecho esto, Señor. He pecado contra ti’. El Señor les tapa la boca, como el padre al hijo pródigo, no lo deja hablar. Su amor lo cubre. Lo perdona todo”.

“Esto no es fácil –subrayó–, porque el rencor anida en nuestro corazón, y siempre queda esa amargura. En muchas ocasiones llevamos en nosotros un elenco de cosas que me han hecho: ‘Y este me ha hecho aquello, me ha hecho aquello y me ha hecho esto…’”.

Por ello, en conclusión, advirtió contra la esclavitud del odio: “Estas son las dos cosas que nos ayudarán a comprender el camino del perdón: ‘Tú eres grande Señor, pero por desgracia, he pecado’, y ‘sí, te perdono setenta veces siete, a condición de que tú perdones a los demás’”.

 

Notas Pastorales – Cuarto Domingo de Cuaresma /B

 

La verdad hace vivir

El que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.  Jn. 3, 14-21

En el Antiguo Testamento. En el lenguaje griego, la verdad, dice similitud con la realidad.

La noción bíblica de verdad se fundamenta en una experiencia de encuentro con Dios.

Por ello dice relación a lo estable, permanente, seguro, en lo que el ser humano, se pueda apoyar con certeza.

En el plano religioso la garantía de la verdad es la felicidad en la verdad, de Dios. A ese nivel entonces, verdad es sinónimo de felicidad.

En efecto Yahvé, siempre ha intervenido a favor de su pueblo, porque Él es un Dios fiel,  que guarda su alianza a su amor hasta mil generaciones, para aquellos que lo aman (Deuteronomio 7,8).

Por eso David, dice a Yahvé: “Tus palabras son verdad” (2Samuel 7, 28), pues las promesas de Dios son seguras.

La verdad es una vez más, la Palabra de Dios. Por ello caminar en la verdad, consiste en observar fielmente la Ley del Señor.

También la verdad se convierte en sinónimo de sabiduría: “Hazte con la verdad, y no la vendas” (Proverbios 23,23).

En el Nuevo Testamento. San Pablo utiliza el término verdad, como sinónimo de sinceridad (2Corintios 7,14).

También usa esta palabra como “la fidelidad de Dios a sus promesas” (Romanos 3, 7, 8,15).

Pablo además, difunde el término verdad en sentido moral, como equivalente a rectitud o justicia, “porque el fruto de la luz, consiste en la bondad, en la justicia, y en la verdad” (Efesios 5,9).

Así pues, el juicio de Dios, estará señalado por la justicia o sea la verdad (Romanos 2,2).

San Pablo nos habla de “la verdad del Evangelio”, en Gálatas 2, 5; cuando dice: “Para que la verdad del Evangelio persevere entre ustedes”.

De esta suerte los seres humanos, deben convertirse, arrepentirse de su maldad, para llegar al conocimiento y posesión de la verdad (2 Tesalonicense 2, 13).

Los creyentes son los que aceptan esa verdad, los que aceptan a Cristo, la gran verdad.

Luego que se ha aceptado esa verdad, hay que afianzarse día tras día en ella. Así se construye el hombre nuevo.

La verdad es la buena doctrina, opuesta a la mentira y a la falsedad (1 Timoteo 1, 4) “y no presten atención a las fábulas”.

Existen doctores de la mentira, que han vuelto la espalda a la verdad (Tito 1, 14). Cuando los pueblos pretenden ser manipulados, hacia tendencias sectarias, eso es mentira.

Cuando la educación y la salud, son usadas para clientelismo politiquero, eso es enseñar a ser falsos. Cuando se busca el interés de los partidos y no el bien del pueblo, eso es construir mentira política.

Cuando lo que interesa es el hacer sin importar el bien común se solidifica la falsedad. La verdad debe estar en el mundo de la política, de los partidos, de la empresa, de las finanzas, de los sindicatos, de la educación, de los medios de comunicación, y así se reconstruyen los pueblos.

El objeto de esa verdad, para nosotros, es Jesucristo, y la Iglesia debe continuar esa senda.

Jesús es la verdad

Mientras Satanás, es el padre de la mentira, Jesucristo es la verdad misma (Juan 8, 44-45).

Jesucristo es la verdad, porque siendo el Verbo Encarnado nos revela al Padre (Juan 1, 18), y nos enseña a vivir desde los valores.

Por ello, el Espíritu, tendrá como misión, conducir a los discípulos “a la verdad plena” (1 Juan 16, 13). Es decir, Él se encargará de traerles a la memoria, todo lo que Cristo había dicho, haciéndoles captar su verdadero sentido (1 Juan 14, 26).

De ahí que el cristianismo debe “ser de la verdad”.

La mentira, la falsedad, la hipocresía, la calumnia nos mata y aniquila por dentro y por  fuera.

La verdad por el contrario siempre, nos hará libres.

Mons. Antonio José López Castillo

Arzobispo de Barquisimeto

 

Resumen Homilía Domingo 11 de Marzo

TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO QUE ENTREGÓ A SU HIJO

 

Hoy se nos invita a conocer el amor con el que “Dios Rico en Misericordia”, ama nuestra vida. Asombra ver que Dios nos conoce, que lo sabe todo y nos dice: Te quiero, como eres y como estás, no como me gustaría que estuvieras, sino como estás, me encantaría que estés mejor, pero, te quiero como estás. Porque no he venido a juzgar al mundo, sino a que el mundo se salve, Porque están salvados por gracia. Y no se debe a ustedes, sino que es un don de Dios; y no se debe a las obras, o porque lo merezcas, pues para que nadie pueda presumir, se debe al tanto amor que te tiene mi Padre y por el cual me envió.

Mucha gente se acerca a Dios y va predicando que hay que convertirse porque se acabará el mundo y Dios nos castigará en el infierno, que te irás a la condenación, es gente que se acerca a Dios solo por miedo al infierno o al castigo, sin embargo Dios nos invita a acercarnos a Él no por miedo sino por amor, porque me ama y porque yo le puedo amar, lo otro dura poco, pero si vuelvo por amor esta la garantía de que su amor  nunca pasará. Necesitamos descubrir como es la misericordia con la que Dios nos ama. Hay traducciones de la Palabra Misericordia en hebreo o griego que son similar a “entraña materna”.  Que grande que el corazón de Dios, tenga un amor suave, delicado, comprensivo, e incondicional como de una madre autentica. La palabra latina podríamos decir que está compuesta por dos palabras que traducen Corazón en la miseria, corazón, amor, aplicado sobre la miseria.  Y eso es lo que hace Dios con nuestra vida, derrama todo su amor, toda su gracia, sobre las miserias, sobre los males, sobre la vida; te cubre de amor, te abraza sabiendo lo que eres, porque Dios no se detiene en ver la miseria del hombre sino al hombre miserable que es su hijo. Un Dios que perdona, no quiere decir que no ha pasado nada, quiere decir que el amor cubre tus deficiencias y que por encima del pecado importas tú.

Hace tiempo mirando un crucifijo capté que se ha quedado para siempre con los brazos extendidos, Él quiere que desde lejos podamos verle con los brazos esperando para abrazarnos, como el abrazo que el padre le dio al hijo pródigo a su regreso. Dios que dice acércate que quiero abrazarte, por rescatarte he quedado así, y cuando regreses nos podremos abrazar. En el crucificado se cumple el evangelio, Así como Moisés elevó la serpiente en el desierto, por mandato de Dios, y todo el que la viera quedaba curado, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida. No le dejes esperando, no le dejes un día más con el deseo grande de abrazarte y cubrirte de besos como el Padre del hijo pródigo. Por nuestro Dios, rico en misericordia, que por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo.

 

SUMARIO:  Dios, rico en misericordia, por su gran amor, nos ha hecho revivir

 

REFLEXION: ¿Cómo cantar cánticos del Señor fuera de su casa? ¿Cómo alegrarnos si estamos tan lejos de Él? ¿Cómo dejarle esperando, si con los brazos abiertos nos aguarda para recibirnos?